martes, 11 de agosto de 2026
Para los amantes de la historia
domingo, 9 de agosto de 2026
Patton, el Pater y la «oración del tiempo»
«Padre todopoderoso y misericordiosísimo:
Te suplicamos humildemente que, por tu infinita bondad, pongas fin a estas lluvias desmedidas a las que hemos tenido que hacer frente. Concédenos un tiempo favorable para la batalla.
Escúchanos benignamente, a nosotros, soldados que te invocamos, para que, armados con tu poder, podamos avanzar de victoria en victoria, aplastar la opresión y la maldad de nuestros enemigos y establecer tu justicia entre los hombres y las naciones.
Amén.»
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Patton llevaba meses obsesionado con el mal tiempo. Una lluvia persistente, barro, niebla y frío acompañaba desde septiembre al Tercer Ejército estadounidense por los campos de Lorena y del Sarre, anegando caminos y convirtiendo cada movimiento de vehículos en una batalla contra el terreno. Los carros de combate se hundían, las ruedas patinaban y, en algunas pendientes, había que arrastrar los blindados con cabrestantes.
La concepción de la guerra de Patton, un experto carrista, descansaba sobre la velocidad. Maniobrar, penetrar, desbordar, perseguir. No dejar al enemigo tiempo para rehacerse. Pero el general que había atravesado Francia a una velocidad que asombró a aliados y enemigos se encontraba ahora luchando contra un adversario al que no podía rodear, bombardear ni destruir: el invierno europeo.
Patton lo que no podía hacer era ordenar que dejara de llover. ¿O quizá sí?.
El pater coronel James Hugh O’Neill
| Capellán James Hugh O'Neill, 3.er Subjefe de Capellanes del Ejército de los Estados Unidos |
—Habla el general Patton. ¿Tiene una buena oración para el tiempo? Tenemos que hacer algo con estas lluvias si queremos ganar esta guerra.
Sobre una ficha de apenas el tamaño de una tarjeta que cabía en la cartera o en el bolsillo de una guerrera— redactó una oración breve, solemne y directa. Era la plegaria de un ejército en campaña, redactada para hombres que se disponían a cruzar la Línea Sigfrido y penetrar en Alemania.
O’Neill tuvo una intuición que transformaría aquel texto en algo más que una petición meteorológica. Se acercaba la Navidad. Si Patton pretendía distribuir la oración entre sus soldados, la otra cara de la tarjeta podía contener un mensaje personal del general.
Así añadió unas líneas dirigidas «a cada oficial y soldado del Tercer Ejército», en las que Patton les deseaba feliz Navidad, expresaba su confianza en su valor y anunciaba que continuarían marchando hasta completar la victoria.
Doscientas cincuenta mil oraciones
El general leyó la oración. No corrigió una palabra. Tampoco hizo una reflexión teológica. Se limitó a devolverle la ficha y a emitir una orden que dejó desconcertado al capellán: —Imprima doscientas cincuenta mil copias y asegúrese de que cada hombre del Tercer Ejército recibe una.
Patton no quería una oración para su
escritorio. Ni siquiera quería una oración únicamente para los
capellanes. Quería convertirla en una acción colectiva.
O’Neill le mostró el saludo navideño que había escrito en el reverso. Patton lo aprobó y, a petición del sacerdote, añadió su firma. Aquella pequeña tarjeta tendría, por una cara, una súplica a Dios; por la otra, un mensaje del comandante del ejército.
Patton pidió a O’Neill que se sentara. Entonces le hizo una pregunta inesperada:
—Capellán, ¿Cuánto se está rezando en el Tercer Ejército?
—¿Se refiere el general a los capellanes o a los soldados?
—A todos.
O’Neill tuvo que reconocer que probablemente no se rezaba demasiado.
—Creo firmemente en la oración —dijo—. Los hombres consiguen lo que desean de tres formas: planificando, trabajando y rezando.
Para el general, cualquier operación militar comenzaba con el pensamiento: estudiar el terreno, calcular los tiempos, prever las reacciones del enemigo. Después llegaba el trabajo: preparar a las tropas, abastecerlas y conducirlas. Pero entre el plan y la ejecución existía siempre un margen desconocido. Un espacio donde podían aparecer el azar, la fortuna, el miedo, el error o el valor inesperado.
Algunos llamaban suerte a ese margen. Patton lo llamaba Dios. «Ahí —sostenía— es donde interviene la oración».
La orden de rezar
El general no concebía la religión como una alternativa al planeamiento militar. No esperaba que una oración sustituyera a la logística, al adiestramiento o a la potencia de fuego. Su fórmula era acumulativa: pensar, trabajar y rezar. La oración debía completar el circuito.
Patton ordenó entonces a O’Neill que
redactara una carta de instrucción dedicada exclusivamente a la
oración. No debía llegar únicamente a los sacerdotes y pastores:
el objetivo era conseguir que rezase todo el ejército.
En aquel momento servían en el Tercer Ejército unos 486 capellanes pertenecientes a 32 confesiones. O’Neill escribió la denominada «Carta de Instrucción número 5». Patton la leyó al día siguiente y la aprobó sin efectuar cambios.
Se imprimieron 3.200 ejemplares. Aunque el documento llevaba fecha del 14 de diciembre, comenzó a distribuirse los días 11 y 12. Llegó a los capellanes y a los mandos de las unidades hasta el nivel de regimiento antes del inicio de la ofensiva alemana del 16 de diciembre.
La carta exhortaba a rezar en todas partes: conduciendo, combatiendo, a solas, en grupo, de día y de noche. Pedía el fin de las lluvias, buen tiempo para la batalla, la derrota del enemigo, la victoria del ejército y, finalmente, la paz.
Aquello era mucho más que una ocurrencia pintoresca. Patton estaba actuando sobre la moral de sus hombres. Les estaba diciendo que la espera no significaba pasividad; que incluso aquello que escapaba a su control podía ser afrontado colectivamente.
La oración convertía la incertidumbre en propósito.
Ocho días después
La famosa petición no fue formulada durante el cerco de Bastogne, como suele afirmarse. Ni siquiera se produjo después de iniciarse la batalla de las Ardenas. La llamada tuvo lugar el 8 de diciembre y la ofensiva alemana comenzó ocho días más tarde, en la madrugada del 16.
Las fuerzas de alemanas salieron de los bosques de las Ardenas protegidas precisamente por aquello que Patton deseaba eliminar: lluvia, niebla, nubes bajas y una visibilidad tan escasa que impedía intervenir a la aviación aliada. El mal tiempo no era una incomodidad secundaria. Formaba parte de la oportunidad operacional alemana.
Las unidades estadounidenses desplegadas en aquella zona fueron sorprendidas. El frente se abrió y las columnas acorazadas alemanas avanzaron hacia el oeste. Bastogne, nudo esencial de carreteras, quedó cercada.
Al sur de la penetración alemana se encontraba el Tercer Ejército. Patton tuvo que realizar una de las maniobras más difíciles de su carrera: detener su ofensiva hacia el este, reorganizar sus cuerpos de ejército y girar gran parte de su fuerza noventa grados hacia el norte.
El 21 de diciembre escribió a su esposa que el destino había acudido a buscarle cuando la situación se había vuelto crítica. «Quizá Dios me haya conservado para este esfuerzo», añadió.Aquella misma jornada anotó que Eisenhower y Bradley estaban nerviosos porque temían que atacase demasiado pronto y con fuerzas insuficientes. Patton, en cambio, sostenía que esperar suponía perder la sorpresa.
El ataque del Tercer Ejército comenzó el 22 de diciembre. Sus divisiones avanzaron por carreteras heladas, bajo una resistencia alemana feroz y con enormes dificultades de abastecimiento.
Cuando se abrió el cielo
Los estudios meteorológicos y las historias oficiales muestran que el tiempo continuó siendo desastroso entre los días 19 y 21 y todavía impidió algunas operaciones aéreas el 22. La mejoría decisiva llegó el 23 de diciembre, cuando una zona de altas presiones avanzó sobre las Ardenas. El cielo se abrió y la aviación aliada pudo intervenir masivamente, atacar las columnas alemanas y lanzar suministros sobre Bastogne.
La noche anterior había asistido con su ayudante, Charles Codman, a una ceremonia de comunión a la luz de las velas en Luxemburgo. Se habían sentado en el antiguo palco del káiser Guillermo II. La imagen resulta casi excesivamente novelesca: el general estadounidense que se disponía a invadir Alemania celebrando la Navidad desde el lugar reservado en otro tiempo al emperador alemán.
Al día siguiente, 26 de diciembre, los carros de la 4.ª División Acorazada consiguieron enlazar con los defensores de Bastogne. El cerco se había roto, aunque los combates continuarían todavía con enorme dureza.
Conclusiones
Patton no se limitó a pedir que cambiase el tiempo. Convirtió una plegaria en un instrumento de cohesión. Frente a una amenaza que escapaba a su autoridad, ofreció a sus hombres una acción compartida.
| Patton |
No podían controlar el resultado, pero podían prepararse para aprovecharlo.
La oración no movió las divisiones hacia Bastogne. Lo hicieron los conductores, los mecánicos, los ingenieros, los sanitarios, los soldados de infantería y las tripulaciones de los carros. Pero aquella pequeña tarjeta les decía que todo ese esfuerzo formaba parte de algo mayor que el barro, el frío y el miedo.
Fuentes fundamentales
James H. O’Neill, «The True Story of the Patton Prayer», publicado originalmente en The Military Chaplain en 1948 y reproducido por la Military Chaplains Association. Es la principal fuente testimonial sobre la llamada, la redacción de la oración, la tarjeta y la «Carta de Instrucción número 5».
Martin Blumenson, ed., The Patton Papers, 1940-1945. Recoge los diarios y la correspondencia de Patton, incluidos sus escritos de diciembre de 1944, el texto de la tarjeta y sus referencias al tiempo y a la providencia.
Harold R. Winton, «Airpower in the Battle of the Bulge: A Case for Effects-Based Operations?», Journal of Military and Strategic Studies. Estudio académico sobre la intervención aérea y la secuencia meteorológica de las Ardenas.
Hugh M. Cole, The Ardennes: Battle of the Bulge, historia oficial del Ejército de los Estados Unidos.
Bastogne: The First Eight Days y documentación histórica del U.S. Army Center of Military History sobre la ruptura del cerco el 26 de diciembre de 1944.
George S. Patton, War As I Knew It, anotado por Paul D. Harkins, Boston, Houghton Mifflin, 1947. En el corpus aquí verificable, funciona como la primera fijación impresa conocida del episodio, aunque la nota concreta de Harkins ha quedado contrastada críticamente a través de la réplica de O’Neill.
Nancy C. Jones, In Need of a Hero? The Creation and Use of the Legend of Patton, tesis académica, University of Louisville, 2020. Útil para situar la oración dentro de la memoria pública y la construcción del «Patton legend».
Library of Congress, «About this Collection | George S. Patton Papers: Diaries…». Fuente archivística de apoyo para la procedencia del fondo.
domingo, 26 de julio de 2026
Masonería y Constitución de Cádiz
Las fuentes consultadas demuestran un cierto esfuerzo para demostrar que las Cortes tuvieron una orientación institucional doctrinalmente incompatible con la masonería:
- Real Cédula de 1812: El 19 de enero de 1812, con la autorización de las propias Cortes de Cádiz, el Consejo de Regencia emitió una Real Cédula que confirmaba la prohibición de la francmasonería en los dominios de Indias y Filipinas, ordenando proceder contra los masones y privarlos de empleos y bienes.
- La propia Constitución de 1812, en su artículo 12, establecía la religión católica como única y verdadera, prohibiendo el ejercicio de cualquier otra. Las fuentes señalan que este precepto prueba una intolerancia religiosa que representa supuestamente la antítesis de los principios masónicos de libertad de conciencia y tolerancia.
Hay que separar la masonería regular y la "paramasonería" política, sociedades patrióticas o paramasónicas (como la Logia Lautaro o los Caballeros Racionales). Estas organizaciones, muy activas entre los diputados hispanoamericanos en Cádiz, adoptaron la terminología, el secreto y la estructura de grados de la masonería con el fin de protegerse del espionaje. Sin embargo, el relato se esfuerza mucho en convencer que carecían de regularidad masónica y de fines filosóficos o filantrópicos, siendo agrupaciones estrictamente políticas e instrumentales. ¿No tenían influencia ni relación?.
Sin embargo, las fuentes no afirman que hubiera un vacío absoluto de masones, y por supuesto que documentan muchísimas sospechas de su influencia. De hecho, al revisar detenidamente los documentos, encontramos que sí hubo presencia masónica y que las acusaciones de control logial fueron abrumadoras en su época.Qué había realmente en la Isla de León y en Cádiz.
Las Cortes Generales y Extraordinarias se abrieron en la Isla de León el 24 de septiembre de 1810 y se trasladaron a la ciudad de Cádiz en febrero de 1811, donde continuaron los debates constitucionales en el Oratorio de San Felipe Neri.
Además de los contactos iniciales con la masonería francesa como Brest, llega a España la masonería bonapartista con la ocupación napoleónica y a circuitos afrancesados españoles. Enríquez del Árbol recuerda incluso una primera logia en Cádiz en 1807, la Double Alliance, antes de la experiencia constitucional propiamente dicha y en un contexto de alianza con Francia que se rompe con la guerra.
También hay presencia de sociedades secretas políticas como los Caballeros Racionales y la Lautaro, muy activas entre algunos criollos hispanoamericanos, pero no equivalentes a logias masónicas regulares.
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De Brest a Cádiz: masones militares antes de la Guerra de la Independencia
https://sergio-camero.blogspot.com/2026/06/de-brest-cadiz-masones-militares-antes.html
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Sí existió presencia masónica (aunque minoritaria), pero no está contrastado que las logias dirigieran la Constitución, pero si hay pruebas de la existencia de masones en la ciudad y de su cada vez mayor importancia personal. Las fuentes aportan datos que matizan esa presencia: El historiador José María García León reconoce explícitamente que la masonería tuvo "cierta presencia en Cádiz desde finales del siglo XVIII". El autor Adolfo de Castro documenta que a partir de 1812 la masonería fue adquiriendo cada vez más importancia en Cádiz y señala un detalle crucial: aunque la ciudad contaba entonces con pocos afiliados, «eran de gran valía».
No hay prueba de una red de logias instalada en la Isla de León que dirigiera el arranque de las Cortes. Lo que sí aparece en las fuentes secundarias solventes es que hasta 1813 no hay noticia clara de una logia gaditana, según el testimonio transmitido por Alcalá Galiano y recogido por Ferrer Benimeli; y tampoco hay pruebas que esa masonería en Cádiz influyera en las primeras Cortes. ¿Pero había masones entre ellos? ¿Las primeras logias fueron en 1813, justo después, no influyeron antes?.
| Isla de León 1813 |
Lo que si está sobradamente probado, es que fue durante el posterior Trienio Liberal (1820-1823) cuando las logias masónicas actuaron como verdaderos centros de poder.
Qué dicen las fuentes sobre la influencia en la Constitución.
En enero de 1812, es decir, cuando el proceso constituyente estaba en su tramo decisivo, el Consejo de Regencia, autorizado interinamente por las Cortes reunidas en Cádiz, expidió una Real Cédula que confirmaba la prohibición de la francmasonería en los dominios de Indias e islas Filipinas. El texto calificaba la difusión de la secta francmasónica como «uno de los más graves males que afligían a la Iglesia y a los Estados» y ordenaba proceder contra los masones con arresto, incautación de papeles, pérdida de empleos y títulos, remisión a España de los naturales del reino y destierro —con posible confiscación de bienes— de los extranjeros.
| Antonio Alcalá Galiano |
Pero hay matices, el primer liberalismo español no era lisa y llanamente «ortodoxo» en el sentido integrista. Algunos liberales eran católicos reformistas y otros librepensadores masonizados, ambos sí coincidían en querer limitar instituciones del Antiguo Régimen eclesiástico. De hecho, tras la aprobación de la Constitución, las Cortes suprimieron la Inquisición en febrero de 1813, y varios diputados liberales chocaron con el Santo Oficio porque lo consideraban incompatible con el nuevo orden constitucional.
Durante esos primeros años, la masonería más activa, organizada y con poder en España era la masonería bonapartista, instalada en Madrid y protegida por el rey intruso José Bonaparte, a la que se sumaron muchos afrancesados españoles.
Aunque influidos y con relaciones, los diputados liberales de Cádiz no estaban dirigidos por las logias francesas, ya que en el Cádiz sitiado defender la masonería podía ser considerado casi una "semiprueba de adhesión a la causa francesa".Qué papel jugaron las sociedades secretas.
No se aconseja identificar sociedades secretas políticas, sociedades patrióticas y logias masónicas como si fueran lo mismo, pero la falta supuesta de relación orgánica, no impide la percepción de relación y similitudes evidentes.
Ferrer Benimeli, en trabajos de síntesis historiográfica, explica que el confusionismo entre masonería y sociedades secretas está «en la raíz» de muchos juicios erróneos. Para el caso gaditano esto afecta sobre todo a los Caballeros Racionales y a la posterior Lautaro.
Los Caballeros Racionales de Cádiz, según la línea interpretativa hoy más influyente, no eran una logia masónica regular, sino una sociedad política vinculada a la Gran Reunión Americana de Miranda y orientada a la emancipación hispanoamericana.Ferrer Benimeli insiste en que estas entidades «no tenían nada de masonería», aunque a veces adoptaran el nombre de logias o tomaran de la masonería ciertos ritos, formas o vocabulario. El propio García León, desde la Universidad de Cádiz, coincide en lo esencial: esas sociedades podían seguir parte de los «ideales y formas de actuación» de la masonería, pero no dependían de ella.
Este punto afecta directamente a algunos nombres que suelen invocarse para dar color masónico al Cádiz de 1812. Que ciertos diputados americanos o criollos pasaran por círculos secretos de sociabilidad política no demuestra que la Constitución española de 1812 fuese producto de la masonería. A lo sumo demuestra otra cosa: que Cádiz, como puerto atlántico y capital política de guerra, fue un punto de cruce entre constitucionalismo español, agendas americanas, sociabilidades clandestinas y propaganda antimasónica.Cómo nació y perduró el mito
Conclusiones
La historiografía no excluye que determinados diputados o círculos pudieran tener simpatías, trayectorias ambiguas o contactos con sociabilidades secretas; lo que niega es que las logias funcionaran como órgano conductor del proceso constituyente.
También hay que tener en cuenta que la masonería más fuerte, estructurada y expansiva en la España de ese momento era la masonería bonapartista (francesa y de españoles afrancesados). En el Cádiz sitiado por los franceses, pertenecer a una logia se consideraba una "semiprueba de adhesión a la causa francesa" y, por tanto, algo antipatriótico. Además, el texto constitucional terminó prohibiendo cualquier religión que no fuera la católica, algo doctrinalmente opuesto a los principios masónicos.
En conclusión:
No es que las fuentes carezcan de sospechas; están repletas de ellas. Hubo masones "de gran valía", hubo sociedades secretas conspirando y hubo una prensa convencida de que las logias redactaban los decretos. Lo que la historiografía actual hace es separar el ruido mediático y la presencia de individuos aislados de lo que sería un control institucional o "mano masónica" en la redacción de la Carta Magna.
Fuentes académicas y primarias empleadas
La base principal para esta conclusión procede de José Antonio Ferrer Benimeli, especialmente sus trabajos sobre las Cortes de Cádiz, la antimasonería, las prohibiciones legales y la distinción entre masonería y sociedades secretas políticas; de Ramón Solís como referencia clásica sobre el Cádiz de las Cortes; y de aportaciones más recientes de Eduardo Enríquez del Árbol, José María García León, Diego Hinojal Aguado y de la historiografía sobre religión y primer liberalismo de Emilio La Parra y Cristóbal Robles Muñoz. Como fuentes primarias y oficiales, resultan esenciales el texto de la Constitución de 1812 conservado por el Congreso de los Diputados, la documentación parlamentaria sobre las sesiones de la Isla de León y Cádiz, y la Real Cédula de 19 de enero de 1812 transmitida por el Archivo Nacional de Colombia y utilizada por la historiografía especializada.
José Antonio Ferrer Benimeli, «Las Cortes de Cádiz, América y la masonería», en Cortes y Constitución de Cádiz: 200 años, dir. José Antonio Escudero, Madrid, Espasa, 2011, vol. II, pp. 69-97.
José Antonio Ferrer Benimeli, «El mito de la masonería en Cortes de Cádiz», UNED, texto de síntesis universitaria basado en trabajos previos del autor.
José Antonio Ferrer Benimeli, «Prohibiciones masónicas papales, reales y la Constitución de Cádiz», en Masonería y libertad de conciencia. Tomo III. Legislación y jurisprudencia, UNAM, 2018.
José Antonio Ferrer Benimeli, «Las logias Lautaro, los Caballeros Racionales y el movimiento independiente americano», UNAM, 2018.
Ramón Solís, El Cádiz de las Cortes, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1958.
Eduardo Enríquez del Árbol, «La capitular Sincera Unión de Cádiz, ¿una logia fundada en la Regencia de Espartero?», Trocadero, 26, 2014, pp. 135-168.
José María García León, «La masonería y los diputados hispanoamericanos en las Cortes de Cádiz», Gaditana-logía, 1:2, 2022, pp. 39-56.
Cristóbal Robles Muñoz, «Reformas y religión en las Cortes de Cádiz», Anuario de Historia de la Iglesia, 19, 2010.
Fernando Suárez Bilbao, «La Iglesia en las Cortes de Cádiz», Revista de la Inquisición, 14, 2010, pp. 253-284.
Diego Hinojal Aguado, «El exilio liberal y masónico durante el reinado de Fernando VII», REHMLAC+, 15:2, 2023.
https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/11/5147/5.pdf
https://www.congreso.es/constitucion/ficheros/historicas/cons_1812.pdf
Hace 200 años. Diario de las Cortes de Cádiz
https://www.congreso.es/cem/hace-200?utm_source=chatgpt.com
https://rodin.uca.es/bitstream/handle/10498/17075/135_168.pdf?isAllowed=y&sequence=1
uned.es
rodin.uca.es
dialnet.unirioja.es
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/157818.pdf
boe.es
https://www.boe.es/biblioteca_juridica/anuarios_derecho/abrir_pdf.php?id=ANU-I-2010-10025300284
Redalyc.“Aproximación a la historiografía de la masonería latinoamericana”
https://www.redalyc.org/pdf/3695/369537601001.pdf
archivos.juridicas.unam.mx
https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/11/5147/4.pdf
dialnet.unirioja.es
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9054822.pdf
Las Cortes de Cádiz, América y la masonería - Dialnet
https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3901928&utm_source=chatgpt.com
prohibiciones masónicas papales, reales
https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/11/5147/5.pdf?utm_source=chatgpt.com
reformas y religión en las cortes de cádiz (1810-1813)*
https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3207486.pdf?utm_source=chatgpt.com
sábado, 6 de junio de 2026
De Brest a Cádiz: masones militares antes de la Guerra de la Independencia
La historia de la masonería militar española entre Brest y Cádiz, antes de la Guerra de la Independencia no es una historia de certezas absolutas, sino de indicios sólidos, conexiones personales y redes que ayudan a comprender mejor el nacimiento del liberalismo militar español y sus conexiones con la masonería.
| Cádiz en el XVIII. estoespasionporcadiz.blogspot.com |
En Cádiz, esa historia adquiere un interés especial. La ciudad era mucho más que un puerto: era una puerta atlántica, un espacio de comercio, de tránsito militar y de presencia extranjera. Su bahía reunía todos los ingredientes para que las formas modernas de sociabilidad encontraran terreno fértil. Pero el episodio decisivo no nació exactamente en Cádiz, sino al norte de Francia, en Brest.
Una escuadra española en Brest
Entre 1799 y 1802, la escuadra española del Océano permaneció en el puerto francés de Brest en el marco de la alianza franco-española frente a Gran Bretaña. La presencia española llegó a superar los doce mil hombres.
Brest no era un lugar cualquiera. Era una ciudad naval, militar y masónica. Allí existían logias francesas activas, entre ellas L’Heureuse Rencontre y Les Élus de Sully, que recibieron a oficiales españoles interesados en aquella forma de sociabilidad. Ese contacto inicial desembocó en un hecho de enorme relevancia: la creación de una logia formada por españoles, La Reunión Española, documentada entre 1801 y 1802.
Para más información podéis leer mi entrada:
sábado, 9 de mayo de 2026
James Bruce, John Hanning Speke, David Livingstone... no.... Pedro Páez Jaramillo, el jesuita español primer europeo documentado que llegó a las fuentes del Nilo Azul... pero el relato anglosajón es demasiado fuerte
| Imagen wikimedia |
Una vida novelesca
| Imagen generada con IA |
Su período en Etiopía
| Massawa en el s. XIX |
El episodio decisivo llegó en abril de 1618. Ese día, acompañando al séquito del emperador Susenyos, Páez visitó el pequeño manantial de Gish Abay, en la cuenca del lago Tana, del que nace el gran afluente que después se convertirá en el Nilo Azul. Páez fue el primer europeo que dejó una descripción completa y fiable del lugar.
Conclusión
La historia real de Pedro Páez no necesita adornos. Fue un jesuita español que sobrevivió a años de cautiverio en Yemen, regresó a Oriente, alcanzó Etiopía en 1603, se convirtió en un testigo excepcional de aquel reino cristiano africano y dejó en 1618 la primera descripción europea fiable de las fuentes del Nilo Azul.Fuentes
- Víctor M. Fernández, «“What the great Alexander and the famous Julius Caesar wanted so much to see”. A commemoration of the fourth centenary of the Blue Nile Sources discovery by the Spanish Jesuit Pedro Páez Xaramillo (April 21th, 1618)», Culture & History Digital Journal (CSIC), 2019. Fue la fuente principal para la fecha del 21 de abril de 1618, para el matiz clave de que Páez fue el primer europeo que describió de forma completa las fuentes del Nilo Azul.
- Pedro Páez, Pedro Paez’s History of Ethiopia, 1622, edición crítica y traducción inglesa de Isabel Boavida, Hervé Pennec y Manuel João Ramos, Hakluyt Society, 2011.
- Montserrat Mañé Rodríguez, «El padre Pedro Páez. El primer viajero europeo conocido que cruzó el sur de Arabia», Arbor (CSIC), 2005.
- Hervé Pennec, An Ethiopian Mille-feuille: Unearthing the history of the Jesuit mission to Ethiopia (21st–16th centuries), CEI-Iscte, 2022.
- Andreu Martínez d’Alòs-Moner, «In the Company of Iyäsus: the Jesuit Mission in Ethiopia, 1557–1632», Aethiopica (resumen de tesis doctoral), 2009/2012.
- Oxford Research Encyclopedia of African History (Oxford University Press).
- Hiob Ludolf, Grammatica linguae amharicae, 1698, en registro bibliográfico de Google Books.
- Manuel João Ramos, «Pedro Paez 1564–1622», capítulo/entrada biográfica en repositorio académico de Iscte.
- Boavida, Pennec y Ramos, The Indigenous and the Foreign: The Jesuit Presence in 17th Century Ethiopia, SOAS / repositorio Iscte. Contexto material, artístico y arquitectónico de la presencia jesuítica en Etiopía. (Repositório Iscte).
domingo, 12 de abril de 2026
Zumalacárregui de Benito Pérez Galdós
Fuente: Zumalacárregui. Galdós, escritor de Historia. (Juan Pablo Fusi).
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1. La deuda, el desastre y el caudillo: apuntes sobre Galdós y Zumalacárregui
1.1. El detonante de las 6.000 pesetas: La literatura como salvación y soberanía
Aunque el genio literario suele revestirse de romanticismo, la génesis de la tercera serie galdosiana tuvo un origen marcadamente pragmático: la conquista de la independencia financiera. Tras un arduo litigio judicial contra su antiguo editor, Miguel Cámara, Galdós logró recuperar los derechos de propiedad intelectual de sus obras anteriores. Sin embargo, la victoria llegó con una carga: una fortísima indemnización de 6.000 pesetas de la época.
Para saldar esta deuda y escapar de lo que él llamaba "la parte del león" —esa porción abusiva de beneficios que el editor detraía al autor—, Galdós regresó a la narrativa histórica. Esta necesidad económica fue el catalizador que le permitió fundar su propia editorial y retomar el estudio sistemático de la construcción del Estado nacional español.
1.2. "Ficción Verosímil": El arte de sincronizar
| Galdós. (Wikipedia) |
La maestría técnica de Galdós alcanza su cenit en un desenlace estremecedor: el autor hace morir a su protagonista ficticio (Fago) exactamente el mismo día (24 de junio de 1835) y en el mismo lugar (Zegama) que al personaje histórico.
Lejos de la idealización romántica que autores como Valle-Inclán proyectarían más tarde sobre el carlismo, el Zumalacárregui de Galdós es un hombre frío, metódico y de un pragmatismo implacable. El historiador que habita en Galdós no rehúye la atrocidad: documenta con detalle el endurecimiento de la guerra, incluyendo el fusilamiento de centenares de prisioneros.
Especialmente crudo es el episodio de Villafranca, donde el general ordenó quemar la torre de la iglesia con una treintena de milicianos liberales refugiados en su interior, castigando además durísimamente a sus familias, quienes fueron golpeadas y vejadas públicamente. Galdós describe al caudillo como una "página bella y triste de la historia española": bella por el genio táctico capaz de crear un ejército de la nada con apenas un puñado de voluntarios, pero triste por la ferocidad de una lucha que ignoraba la clemencia. Zumalacárregui no moriría en el campo de gloria, sino por la septicemia derivada de un pésimo tratamiento médico tras ser herido en la pierna durante el sitio de Bilbao.
1.3. 1898: Escribir sobre el pasado mientras el imperio se desvanece
| Zumalacárregui. (Wikipedia). |
Para el autor, recordar la Primera Guerra Carlista en pleno 1898 era un acto de regeneracionismo. Buscaba formar una conciencia nacional capaz de comprender que las fracturas internas del pasado eran las responsables de la impotencia del presente. Escribía sobre un colapso antiguo para intentar evitar el olvido de un colapso inminente.
El análisis histórico de Galdós no olvida la estadística del horror: las guerras carlistas se cobraron la vida de 150.000 personas en una nación que apenas contaba con 12 millones de habitantes. Esta sangría humana y económica supuso una pesada hipoteca para la construcción del Estado liberal y la monarquía constitucional en España.
Años más tarde, en su episodio final Cánovas, Galdós pondría en boca de su trasunto literario, Segismundo García Fajardo, una sentencia lapidaria sobre este medio siglo de conflictos: «Tan vivo es mi odio a ese medio siglo de lucha fratricida sin gloria y sin fruto que nada encuentro en él que pueda contentarme».
1.5. Conclusión: La inefable voluntad del individuo
Galdós nos enseña que la historia, lejos de ser una sucesión inevitable de hechos, suele pivotar sobre decisiones individuales incomprensibles. El destino de España pudo ser otro aquel 2 de noviembre de 1833, cuando Zumalacárregui abandonó Pamplona completamente solo y embozado en una capa para no ser reconocido, uniéndose a una pequeña partida que lo proclamaría comandante.
Al cerrar esta página bella y triste, nos queda una reflexión profunda: ¿Es nuestra nación el resultado de procesos geográficos inevitables, o somos simplemente las víctimas —o herederos— de un puñado de voluntades individuales incomprensibles? Galdós, el gran observador de nuestra alma colectiva, nos sugiere que, en el delicado equilibrio entre el genio de un hombre y el desastre de un pueblo, se escribe la verdadera historia de España.
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2. Los Orígenes de las Guerras Carlistas (1833): Una Guía de Aprendizaje
2.1. Introducción: El "Detonante" de una España Dividida
Para el estudiante de Historia Contemporánea, 1833 no es solo la fecha de una muerte real; es el año en que España inicia una trayectoria de construcción nacional insuficiente y, en muchos aspectos, fallida. Para comprender este "punto de no retorno", debemos adoptar la perspectiva de 1898, el año en que Benito Pérez Galdós escribió Zumalacárregui. Galdós retomó sus Episodios Nacionales en medio del "Desastre del 98", convencido de que la crisis finisecular de España era la consecuencia directa de no haber resuelto las tensiones nacidas en 1833. Las Guerras Carlistas no fueron un simple pleito entre reyes, sino una contienda que invadió el cuerpo social e hizo imposible una evolución ordenada del país.
"Detesto la guerra civil dinástica... ese medio siglo de lucha fratricida sin gloria y sin fruto que nada encuentro en el que pueda contentarme (...) una contienda que invadió el cuerpo social nacional e hizo imposible la evolución ordenada del país". (Benito Pérez Galdós, Cánovas, 1912).
2.2. El Pleito Sucesorio: ¿Quién tiene derecho al trono?
| Carlos María Isidro de Borbón (Wikipedia) |
Personaje | Base de su legitimidad | Apoyo político principal |
Isabel II (La "Reina niña") | Pragmática Sanción (1830): Abolición del veto femenino. Al morir el rey en 1833, ella tiene solo 3 años. | Liberalismo: Buscan un Estado constitucional, reformas administrativas y la secularización de las instituciones. |
Carlos María Isidro (El "Pretendiente") | Tradición Sálica: Rechazo a la sucesión de una niña; defensa de las leyes del Antiguo Régimen. | Absolutismo / Tradicionalismo: Sectores opuestos a la modernidad liberal y defensores del poder absoluto real. |
2.3. Radiografía del Carlismo: Más que una cuestión de reyes
El carlismo fue un movimiento contrarrevolucionario y ultramontano que surgió como respuesta defensiva ante la amenaza de secularización del modelo liberal. Lejos de ser un fenómeno puramente campesino, el carlismo fue un movimiento social transversal que movilizó a diversos sectores que se sentían desplazados por el nuevo orden.
- Legitimidad dinástica: Encarnada en Carlos V. Para sus seguidores, el monarca era el garante de la continuidad histórica frente a la ruptura constitucional.
- Religión católica (Ultramontanismo): La Iglesia era el cimiento del orden social. El bando insurgente incluía a gran parte del clero que veía en el liberalismo un enemigo de la fe.
- Monarquía tradicional: Un rechazo frontal al parlamentarismo. Sus apoyos incluían no solo a campesinos, sino a la pequeña nobleza, artesanos y clases medias de núcleos semi-urbanos que temían perder su estatus bajo el individualismo liberal.
La geografía de la guerra reveló una fractura sociológica profunda. El carlismo dominó el entorno rural y las poblaciones "semi-urbanas" (Tolosa, Estella, Durango), mientras que las capitales se mantuvieron como bastiones del Estado liberal.
Existen tres razones estratégicas por las cuales ciudades como Bilbao, San Sebastián o Vitoria permanecieron fieles a Isabel II:
- Concentración del "andamiaje" estatal: Las capitales albergaban los juzgados, la beneficencia y las instituciones administrativas que constituían el esqueleto del nuevo Estado nacional.
- Predominio de las clases medias urbanas: Sectores comerciales y profesionales que identificaban el liberalismo con el progreso económico y la seguridad jurídica.
- Aislamiento del Carlismo: A pesar de los ataques constantes y el genio militar de sus líderes, el carlismo nunca logró conquistar una gran capital, lo que les impidió obtener reconocimiento internacional y recursos financieros clave.
2.4. Tomás de Zumalacárregui: El Genio Militar del Norte
| Zumalacárregui. Wikipedia |
- Disciplina y crueldad: No dudó en fusilar a sus propios soldados para imponer disciplina ni a centenares de prisioneros. Un hito de esta brutalidad fue el incendio de la torre de la iglesia de Villafranca, donde mandó quemar a una treintena de milicianos refugiados para luego fusilar a los supervivientes.
- Talento táctico: Logró victorias audaces en Alegría, Arquijas y Artaza, utilizando el conocimiento del terreno para batir a ejércitos muy superiores en número.
La guerra civil (1833-1840) dejó un saldo de 150.000 muertos en una población de apenas 12 millones. Esta sangría no solo devastó la demografía, sino que hipotecó decisivamente la construcción del Estado liberal, consumiendo recursos que deberían haberse destinado a la modernización y dejando una huella de inestabilidad permanente.
2.5. La Cuestión Foral: Desmitificación para el Estudiante
Uno de los mitos más persistentes es que el carlismo se levantó en 1833 para defender los "fueros". La evidencia histórica desmiente esta causalidad inicial.
Mito | Realidad Histórica |
Los carlistas se sublevaron en 1833 para defender los fueros vascos y navarros. | La palabra "fueros" no aparece en las proclamas o bandos iniciales de Zumalacárregui. El alzamiento fue estrictamente absolutista y religioso. |
La abolición de los fueros fue la causa de la guerra. | Fue al revés: Las guerras carlistas causaron la abolición o modificación de los fueros. La bandera foral solo fue agitada por la propaganda carlista a partir de 1834-1835 como herramienta política. |
Los fueros son una cuestión del pasado. | El conflicto foral derivado de estas guerras llevó a las leyes de 1839 y 1876, cuyas consecuencias y vigencia aún resuenan en las disposiciones de la Constitución de 1978. |
2.6. Conclusión: El Legado de una Guerra no cerrada
Aunque el Convenio de Vergara (1839) puso fin a la primera fase militar, las heridas del carlismo marcaron el ADN de la España contemporánea. La victoria liberal consolidó el sistema parlamentario, pero a un coste institucional altísimo:
- Protagonismo del estamento militar: La incapacidad del Estado para ganar la guerra rápidamente otorgó al ejército un papel político excesivo. Los generales (como Espartero) se convirtieron en los verdaderos árbitros del poder civil.
- El "Mito de Zumalacárregui": Tras su muerte en 1835, el general fue transformado de un militar real y cruel en un icono romántico. Autores como Chaho (1836) lo elevaron a la categoría de caudillo de la independencia, sentando las bases de futuros mitos identitarios y del protonacionalismo.
- Una nación hipotecada: Como sentenció Galdós, fue una lucha "sin gloria y sin fruto". La guerra agotó las arcas públicas y generó una desconfianza social que impediría que España entrara en el siglo XX como una nación plenamente integrada y estable.
3. El Impacto de Zumalacárregui en la Construcción de la España Contemporánea
3.1. El Despertar de 1898: Contexto y Motivación de la Exégesis Galdosiana
El retorno de Benito Pérez Galdós a la narrativa de los Episodios Nacionales en 1898 no constituye un mero recurso literario, sino una respuesta intelectual ante el colapso de la teleología del progreso liberal. El "Desastre del 98" actuó como el catalizador de lo que Azorín definiría como la "Crisis de la Conciencia Nacional", una postración que obligó a Galdós a escrutar el siglo XIX para desentrañar las causas del fracaso del Estado. Aunque el autor decidió retomar la serie en 1897, la redacción de Zumalacárregui se demoró debido a la preparación de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, iniciándose finalmente en abril de 1898, en plena destrucción de la escuadra española en Cuba y Filipinas.
Este giro historiográfico galdosiano respondió a tres imperativos fundamentales:
- Económicos: La necesidad perentoria de sufragar una indemnización de seis mil pesetas a su antiguo editor, Miguel de la Cámara, tras un pleito legal para recuperar sus derechos de autor y fundar su propio sello editorial.
- Literarios: La convicción de que la historia decimonónica era el sustrato necesario de toda su novelística, siendo las "Novelas Contemporáneas" como Fortunata y Jacinta inseparables del análisis del tejido político nacional.
- Ideológicos: El propósito de formar una "conciencia nacional" mediante el conocimiento de la historia inmediata, identificando en la figura del caudillo carlista el origen de la fractura social española.
Galdós comprendió que el destino de la nación se encontraba ligado a la necesidad de entender este "fracaso nacional" a través de la figura central de Zumalacárregui, cuya insurgencia condicionó la viabilidad del proyecto liberal.
3.2. El Genio Organizativo: Del Embrión de Estella al Ejército Regular
La insurrección carlista de 1833, tras el fallecimiento de Fernando VII, se manifestó inicialmente como un conglomerado de partidas mal organizadas y carentes de estructura. Fue la intervención de Tomás de Zumalacárregui —quien servía como Coronel en Pamplona antes de unirse a la causa— la que operó la transformación técnica de estas milicias en un "principio de ejército". Este proceso de institucionalización militar permitió al carlismo fijar las bases de un Estado embrionario en tierras de Estella, desafiando la hegemonía de un ejército regular de 200.000 hombres con apenas 30.000 efectivos.
La arquitectura militar de Zumalacárregui se cimentó sobre tres ejes estratégicos:
- Control del Baluarte Geográfico: El establecimiento del valle de las Améscoas como una base logística y defensiva inexpugnable, aprovechando la orografía navarra para neutralizar la superioridad numérica enemiga.
- Superación de la Precariedad Material: Ante la carencia de fondos y artillería, se priorizaron acciones de gran calado simbólico, como la recuperación del cañón abandonado en Ondarroa. Galdós traslada este hecho real a la trama novelesca mediante la misión encargada al cura José Fago, cuyas intuiciones estratégicas fascinaban al General.
- Consolidación Territorial: La liberación de amplias zonas de Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra, que dotó al movimiento de una profundidad operativa inaudita para una insurgencia de base rural y artesanal.
Esta sólida estructura militar fue la plataforma necesaria para que la inteligencia táctica de Zumalacárregui desarticulara sistemáticamente las ofensivas gubernamentales en el campo de batalla.
3.3. Inteligencia Táctica y Ofensivas Militares (1834-1835)
La superioridad material del bando cristino se reveló estéril ante la competencia e inteligencia táctica del caudillo carlista. Zumalacárregui diseñó una dirección de mando caracterizada por un equilibrio milimétrico entre la movilidad, la astucia, la energía y la prudencia, logrando desquiciar a los mandos liberales más experimentados.
Los hitos de esta superioridad operativa se concentraron en la "ofensiva de primavera" de 1835:
- Victorias en Alegría, Arquijas y Artaza: Estos enfrentamientos operaron como llaves estratégicas de las Améscoas, consolidando el dominio carlista sobre el interior y el sur de las provincias vascongadas.
- El descalabro del General Valdés: En abril de 1835, Zumalacárregui aniquiló la capacidad operativa de un ejército expedicionario de 35.000 hombres que pretendía penetrar en el baluarte insurgente.
- Neutralización de Espoz y Mina: Entre finales de 1834 y principios de 1835, el general carlista logró derrotar repetidamente al veterano héroe de la Guerra de la Independencia, entonces jefe del ejército liberal del norte.
Este éxito militar arrollador, que proyectaba una marcha definitiva sobre Madrid, se vio truncado por la decisión política impuesta por el Cuartel Real Carlista de sitiar Bilbao, alterando irreversiblemente la trayectoria de la contienda.
3.4. El Personaje frente al Mito: Pragmatismo, Crueldad y "Ficción Verosímil"
Galdós construye en su episodio una "ficción verosímil" que desmitifica la figura de Zumalacárregui, alejándola de la posterior idealización romántica de autores como Valle-Inclán o Benjamín Jarnés. El historiador y novelista retrata a un hombre que, en 1833, abandonó Pamplona "completamente solo embozado en una capa para no ser reconocido", subrayando la naturaleza individual y técnica de su compromiso.
- Realidad Histórica y Praxis Bélica: Lejos de ser un héroe romántico, Zumalacárregui fue un militar frío, metódico y pragmático. Fue responsable del endurecimiento de la guerra, ejecutando a centenares de prisioneros y protagonizando episodios de crueldad extrema, como el incendio de la torre de la iglesia de Villafranca con treinta milicianos en su interior y el posterior fusilamiento de los supervivientes.
- La "Página Bella y Triste": Galdós describe al General con una sobria dignidad: de alta estatura, mirada penetrante y austero en su conducta. El autor utiliza el horror de Villafranca para orquestar el primer encuentro entre el ficticio José Fago y el General histórico, fusionando la biografía con la narrativa.
- Desmitificación Socio-Política: Se refuta la tesis del carlismo como un movimiento proto-nacionalista vasco (falsedad propagada por autores como Chaho en 1836). El conflicto fue una "guerra española" de naturaleza contrarrevolucionaria, con una base social que incluía no solo al campesinado, sino a clases medias y artesanales de núcleos semi-urbanos. La cuestión foral no fue el detonante, pues los "Fueros" no aparecieron en la propaganda carlista hasta 1834-1835.
3.5. El Sitio de Bilbao y la Septicemia: El Colapso de la Realidad Histórica
El asedio de Bilbao en junio de 1835 representó una imposición estratégica del entorno de Don Carlos, contraria a la visión de Zumalacárregui de un golpe rápido sobre la capital. El 10 de junio, durante el sitio, una bala que rebotó hirió al general en la pierna derecha. Su traslado a Zegama y el posterior tratamiento médico, calificado como "pésimo", derivaron en una septicemia fatal que acabó con su vida el 24 de junio de 1835.
Galdós utiliza la figura de José Fago para otorgar un cierre simbólico a este desastre. El cura aragonés, cuyos delirios estratégicos y obsesión con Saloma Ulíbarri representan la inestabilidad psíquica de una España en guerra, muere inopinadamente el mismo día y en el mismo lugar que el General. La desaparición del caudillo carlista no solo supuso el fin de la iniciativa militar de la insurgencia, sino que inauguró un largo estancamiento que desangraría al país hasta el Convenio de Vergara.
3.6. Conclusión: El conflicto frenó la construcción del Estado y de la monarquía constitucional.
En la madurez de 1898, Galdós concluye que la Primera Guerra Carlista fue una patología que "invadió el cuerpo social nacional", impidiendo la evolución ordenada de la nación. El autor expresa un odio profundo hacia ese medio siglo de lucha fratricida "sin gloria y sin fruto".
La magnitud del desastre se refleja en datos técnicos desoladores:
- Coste Humano: 150.000 muertos en una población de apenas 12 millones de habitantes.
- Hipoteca Institucional: El conflicto frenó la construcción del Estado y de la monarquía constitucional.
- Debilitamiento del Estado: La prolongación innecesaria de la guerra alimentó el caos financiero, el desorden administrativo y la crisis política de la regencia de María Cristina, condicionando el desarrollo de España durante el resto del siglo.
Bajo la mirada de Galdós, Zumalacárregui fue el genio militar que pudo haber alterado el destino de España, pero que terminó simbolizando la hipoteca de una nación que se desangró en su proceso de formación. Su legado historiográfico, por tanto, oscila entre el reconocimiento a su talento organizativo y la denuncia de una contienda que, en palabras del autor, dejó al país en una postración cuya sombra aún se proyectaba sobre el amargo ocaso de 1898.
Fuentes
- Galdós y Zumalacárregui: El Despertar de la Tercera Serie.
- Transcripción del vídeo "Zumalacárregui. Galdós, escritor de Historia.", subido por el canal de YouTube de la "Real Academia de la Historia".
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