Fuente: Zumalacárregui. Galdós, escritor de Historia. (Juan Pablo Fusi).
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1. La deuda, el desastre y el caudillo: apuntes sobre Galdós y Zumalacárregui
1.1. El detonante de las 6.000 pesetas: La literatura como salvación y soberanía
Aunque el genio literario suele revestirse de romanticismo, la génesis de la tercera serie galdosiana tuvo un origen marcadamente pragmático: la conquista de la independencia financiera. Tras un arduo litigio judicial contra su antiguo editor, Miguel Cámara, Galdós logró recuperar los derechos de propiedad intelectual de sus obras anteriores. Sin embargo, la victoria llegó con una carga: una fortísima indemnización de 6.000 pesetas de la época.
Para saldar esta deuda y escapar de lo que él llamaba "la parte del león" —esa porción abusiva de beneficios que el editor detraía al autor—, Galdós regresó a la narrativa histórica. Esta necesidad económica fue el catalizador que le permitió fundar su propia editorial y retomar el estudio sistemático de la construcción del Estado nacional español.
1.2. "Ficción Verosímil": El arte de sincronizar
| Galdós. (Wikipedia) |
La maestría técnica de Galdós alcanza su cenit en un desenlace estremecedor: el autor hace morir a su protagonista ficticio (Fago) exactamente el mismo día (24 de junio de 1835) y en el mismo lugar (Zegama) que al personaje histórico.
Lejos de la idealización romántica que autores como Valle-Inclán proyectarían más tarde sobre el carlismo, el Zumalacárregui de Galdós es un hombre frío, metódico y de un pragmatismo implacable. El historiador que habita en Galdós no rehúye la atrocidad: documenta con detalle el endurecimiento de la guerra, incluyendo el fusilamiento de centenares de prisioneros.
Especialmente crudo es el episodio de Villafranca, donde el general ordenó quemar la torre de la iglesia con una treintena de milicianos liberales refugiados en su interior, castigando además durísimamente a sus familias, quienes fueron golpeadas y vejadas públicamente. Galdós describe al caudillo como una "página bella y triste de la historia española": bella por el genio táctico capaz de crear un ejército de la nada con apenas un puñado de voluntarios, pero triste por la ferocidad de una lucha que ignoraba la clemencia. Zumalacárregui no moriría en el campo de gloria, sino por la septicemia derivada de un pésimo tratamiento médico tras ser herido en la pierna durante el sitio de Bilbao.
1.3. 1898: Escribir sobre el pasado mientras el imperio se desvanece
| Zumalacárregui. (Wikipedia). |
Para el autor, recordar la Primera Guerra Carlista en pleno 1898 era un acto de regeneracionismo. Buscaba formar una conciencia nacional capaz de comprender que las fracturas internas del pasado eran las responsables de la impotencia del presente. Escribía sobre un colapso antiguo para intentar evitar el olvido de un colapso inminente.
El análisis histórico de Galdós no olvida la estadística del horror: las guerras carlistas se cobraron la vida de 150.000 personas en una nación que apenas contaba con 12 millones de habitantes. Esta sangría humana y económica supuso una pesada hipoteca para la construcción del Estado liberal y la monarquía constitucional en España.
Años más tarde, en su episodio final Cánovas, Galdós pondría en boca de su trasunto literario, Segismundo García Fajardo, una sentencia lapidaria sobre este medio siglo de conflictos: «Tan vivo es mi odio a ese medio siglo de lucha fratricida sin gloria y sin fruto que nada encuentro en él que pueda contentarme».
1.5. Conclusión: La inefable voluntad del individuo
Galdós nos enseña que la historia, lejos de ser una sucesión inevitable de hechos, suele pivotar sobre decisiones individuales incomprensibles. El destino de España pudo ser otro aquel 2 de noviembre de 1833, cuando Zumalacárregui abandonó Pamplona completamente solo y embozado en una capa para no ser reconocido, uniéndose a una pequeña partida que lo proclamaría comandante.
Al cerrar esta página bella y triste, nos queda una reflexión profunda: ¿Es nuestra nación el resultado de procesos geográficos inevitables, o somos simplemente las víctimas —o herederos— de un puñado de voluntades individuales incomprensibles? Galdós, el gran observador de nuestra alma colectiva, nos sugiere que, en el delicado equilibrio entre el genio de un hombre y el desastre de un pueblo, se escribe la verdadera historia de España.
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2. Los Orígenes de las Guerras Carlistas (1833): Una Guía de Aprendizaje
2.1. Introducción: El "Detonante" de una España Dividida
Para el estudiante de Historia Contemporánea, 1833 no es solo la fecha de una muerte real; es el año en que España inicia una trayectoria de construcción nacional insuficiente y, en muchos aspectos, fallida. Para comprender este "punto de no retorno", debemos adoptar la perspectiva de 1898, el año en que Benito Pérez Galdós escribió Zumalacárregui. Galdós retomó sus Episodios Nacionales en medio del "Desastre del 98", convencido de que la crisis finisecular de España era la consecuencia directa de no haber resuelto las tensiones nacidas en 1833. Las Guerras Carlistas no fueron un simple pleito entre reyes, sino una contienda que invadió el cuerpo social e hizo imposible una evolución ordenada del país.
"Detesto la guerra civil dinástica... ese medio siglo de lucha fratricida sin gloria y sin fruto que nada encuentro en el que pueda contentarme (...) una contienda que invadió el cuerpo social nacional e hizo imposible la evolución ordenada del país". (Benito Pérez Galdós, Cánovas, 1912).
2.2. El Pleito Sucesorio: ¿Quién tiene derecho al trono?
| Carlos María Isidro de Borbón (Wikipedia) |
Personaje | Base de su legitimidad | Apoyo político principal |
Isabel II (La "Reina niña") | Pragmática Sanción (1830): Abolición del veto femenino. Al morir el rey en 1833, ella tiene solo 3 años. | Liberalismo: Buscan un Estado constitucional, reformas administrativas y la secularización de las instituciones. |
Carlos María Isidro (El "Pretendiente") | Tradición Sálica: Rechazo a la sucesión de una niña; defensa de las leyes del Antiguo Régimen. | Absolutismo / Tradicionalismo: Sectores opuestos a la modernidad liberal y defensores del poder absoluto real. |
2.3. Radiografía del Carlismo: Más que una cuestión de reyes
El carlismo fue un movimiento contrarrevolucionario y ultramontano que surgió como respuesta defensiva ante la amenaza de secularización del modelo liberal. Lejos de ser un fenómeno puramente campesino, el carlismo fue un movimiento social transversal que movilizó a diversos sectores que se sentían desplazados por el nuevo orden.
- Legitimidad dinástica: Encarnada en Carlos V. Para sus seguidores, el monarca era el garante de la continuidad histórica frente a la ruptura constitucional.
- Religión católica (Ultramontanismo): La Iglesia era el cimiento del orden social. El bando insurgente incluía a gran parte del clero que veía en el liberalismo un enemigo de la fe.
- Monarquía tradicional: Un rechazo frontal al parlamentarismo. Sus apoyos incluían no solo a campesinos, sino a la pequeña nobleza, artesanos y clases medias de núcleos semi-urbanos que temían perder su estatus bajo el individualismo liberal.
La geografía de la guerra reveló una fractura sociológica profunda. El carlismo dominó el entorno rural y las poblaciones "semi-urbanas" (Tolosa, Estella, Durango), mientras que las capitales se mantuvieron como bastiones del Estado liberal.
Existen tres razones estratégicas por las cuales ciudades como Bilbao, San Sebastián o Vitoria permanecieron fieles a Isabel II:
- Concentración del "andamiaje" estatal: Las capitales albergaban los juzgados, la beneficencia y las instituciones administrativas que constituían el esqueleto del nuevo Estado nacional.
- Predominio de las clases medias urbanas: Sectores comerciales y profesionales que identificaban el liberalismo con el progreso económico y la seguridad jurídica.
- Aislamiento del Carlismo: A pesar de los ataques constantes y el genio militar de sus líderes, el carlismo nunca logró conquistar una gran capital, lo que les impidió obtener reconocimiento internacional y recursos financieros clave.
2.4. Tomás de Zumalacárregui: El Genio Militar del Norte
| Zumalacárregui. Wikipedia |
- Disciplina y crueldad: No dudó en fusilar a sus propios soldados para imponer disciplina ni a centenares de prisioneros. Un hito de esta brutalidad fue el incendio de la torre de la iglesia de Villafranca, donde mandó quemar a una treintena de milicianos refugiados para luego fusilar a los supervivientes.
- Talento táctico: Logró victorias audaces en Alegría, Arquijas y Artaza, utilizando el conocimiento del terreno para batir a ejércitos muy superiores en número.
La guerra civil (1833-1840) dejó un saldo de 150.000 muertos en una población de apenas 12 millones. Esta sangría no solo devastó la demografía, sino que hipotecó decisivamente la construcción del Estado liberal, consumiendo recursos que deberían haberse destinado a la modernización y dejando una huella de inestabilidad permanente.
2.5. La Cuestión Foral: Desmitificación para el Estudiante
Uno de los mitos más persistentes es que el carlismo se levantó en 1833 para defender los "fueros". La evidencia histórica desmiente esta causalidad inicial.
Mito | Realidad Histórica |
Los carlistas se sublevaron en 1833 para defender los fueros vascos y navarros. | La palabra "fueros" no aparece en las proclamas o bandos iniciales de Zumalacárregui. El alzamiento fue estrictamente absolutista y religioso. |
La abolición de los fueros fue la causa de la guerra. | Fue al revés: Las guerras carlistas causaron la abolición o modificación de los fueros. La bandera foral solo fue agitada por la propaganda carlista a partir de 1834-1835 como herramienta política. |
Los fueros son una cuestión del pasado. | El conflicto foral derivado de estas guerras llevó a las leyes de 1839 y 1876, cuyas consecuencias y vigencia aún resuenan en las disposiciones de la Constitución de 1978. |
2.6. Conclusión: El Legado de una Guerra no cerrada
Aunque el Convenio de Vergara (1839) puso fin a la primera fase militar, las heridas del carlismo marcaron el ADN de la España contemporánea. La victoria liberal consolidó el sistema parlamentario, pero a un coste institucional altísimo:
- Protagonismo del estamento militar: La incapacidad del Estado para ganar la guerra rápidamente otorgó al ejército un papel político excesivo. Los generales (como Espartero) se convirtieron en los verdaderos árbitros del poder civil.
- El "Mito de Zumalacárregui": Tras su muerte en 1835, el general fue transformado de un militar real y cruel en un icono romántico. Autores como Chaho (1836) lo elevaron a la categoría de caudillo de la independencia, sentando las bases de futuros mitos identitarios y del protonacionalismo.
- Una nación hipotecada: Como sentenció Galdós, fue una lucha "sin gloria y sin fruto". La guerra agotó las arcas públicas y generó una desconfianza social que impediría que España entrara en el siglo XX como una nación plenamente integrada y estable.
3. El Impacto de Zumalacárregui en la Construcción de la España Contemporánea
3.1. El Despertar de 1898: Contexto y Motivación de la Exégesis Galdosiana
El retorno de Benito Pérez Galdós a la narrativa de los Episodios Nacionales en 1898 no constituye un mero recurso literario, sino una respuesta intelectual ante el colapso de la teleología del progreso liberal. El "Desastre del 98" actuó como el catalizador de lo que Azorín definiría como la "Crisis de la Conciencia Nacional", una postración que obligó a Galdós a escrutar el siglo XIX para desentrañar las causas del fracaso del Estado. Aunque el autor decidió retomar la serie en 1897, la redacción de Zumalacárregui se demoró debido a la preparación de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, iniciándose finalmente en abril de 1898, en plena destrucción de la escuadra española en Cuba y Filipinas.
Este giro historiográfico galdosiano respondió a tres imperativos fundamentales:
- Económicos: La necesidad perentoria de sufragar una indemnización de seis mil pesetas a su antiguo editor, Miguel de la Cámara, tras un pleito legal para recuperar sus derechos de autor y fundar su propio sello editorial.
- Literarios: La convicción de que la historia decimonónica era el sustrato necesario de toda su novelística, siendo las "Novelas Contemporáneas" como Fortunata y Jacinta inseparables del análisis del tejido político nacional.
- Ideológicos: El propósito de formar una "conciencia nacional" mediante el conocimiento de la historia inmediata, identificando en la figura del caudillo carlista el origen de la fractura social española.
Galdós comprendió que el destino de la nación se encontraba ligado a la necesidad de entender este "fracaso nacional" a través de la figura central de Zumalacárregui, cuya insurgencia condicionó la viabilidad del proyecto liberal.
3.2. El Genio Organizativo: Del Embrión de Estella al Ejército Regular
La insurrección carlista de 1833, tras el fallecimiento de Fernando VII, se manifestó inicialmente como un conglomerado de partidas mal organizadas y carentes de estructura. Fue la intervención de Tomás de Zumalacárregui —quien servía como Coronel en Pamplona antes de unirse a la causa— la que operó la transformación técnica de estas milicias en un "principio de ejército". Este proceso de institucionalización militar permitió al carlismo fijar las bases de un Estado embrionario en tierras de Estella, desafiando la hegemonía de un ejército regular de 200.000 hombres con apenas 30.000 efectivos.
La arquitectura militar de Zumalacárregui se cimentó sobre tres ejes estratégicos:
- Control del Baluarte Geográfico: El establecimiento del valle de las Améscoas como una base logística y defensiva inexpugnable, aprovechando la orografía navarra para neutralizar la superioridad numérica enemiga.
- Superación de la Precariedad Material: Ante la carencia de fondos y artillería, se priorizaron acciones de gran calado simbólico, como la recuperación del cañón abandonado en Ondarroa. Galdós traslada este hecho real a la trama novelesca mediante la misión encargada al cura José Fago, cuyas intuiciones estratégicas fascinaban al General.
- Consolidación Territorial: La liberación de amplias zonas de Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra, que dotó al movimiento de una profundidad operativa inaudita para una insurgencia de base rural y artesanal.
Esta sólida estructura militar fue la plataforma necesaria para que la inteligencia táctica de Zumalacárregui desarticulara sistemáticamente las ofensivas gubernamentales en el campo de batalla.
3.3. Inteligencia Táctica y Ofensivas Militares (1834-1835)
La superioridad material del bando cristino se reveló estéril ante la competencia e inteligencia táctica del caudillo carlista. Zumalacárregui diseñó una dirección de mando caracterizada por un equilibrio milimétrico entre la movilidad, la astucia, la energía y la prudencia, logrando desquiciar a los mandos liberales más experimentados.
Los hitos de esta superioridad operativa se concentraron en la "ofensiva de primavera" de 1835:
- Victorias en Alegría, Arquijas y Artaza: Estos enfrentamientos operaron como llaves estratégicas de las Améscoas, consolidando el dominio carlista sobre el interior y el sur de las provincias vascongadas.
- El descalabro del General Valdés: En abril de 1835, Zumalacárregui aniquiló la capacidad operativa de un ejército expedicionario de 35.000 hombres que pretendía penetrar en el baluarte insurgente.
- Neutralización de Espoz y Mina: Entre finales de 1834 y principios de 1835, el general carlista logró derrotar repetidamente al veterano héroe de la Guerra de la Independencia, entonces jefe del ejército liberal del norte.
Este éxito militar arrollador, que proyectaba una marcha definitiva sobre Madrid, se vio truncado por la decisión política impuesta por el Cuartel Real Carlista de sitiar Bilbao, alterando irreversiblemente la trayectoria de la contienda.
3.4. El Personaje frente al Mito: Pragmatismo, Crueldad y "Ficción Verosímil"
Galdós construye en su episodio una "ficción verosímil" que desmitifica la figura de Zumalacárregui, alejándola de la posterior idealización romántica de autores como Valle-Inclán o Benjamín Jarnés. El historiador y novelista retrata a un hombre que, en 1833, abandonó Pamplona "completamente solo embozado en una capa para no ser reconocido", subrayando la naturaleza individual y técnica de su compromiso.
- Realidad Histórica y Praxis Bélica: Lejos de ser un héroe romántico, Zumalacárregui fue un militar frío, metódico y pragmático. Fue responsable del endurecimiento de la guerra, ejecutando a centenares de prisioneros y protagonizando episodios de crueldad extrema, como el incendio de la torre de la iglesia de Villafranca con treinta milicianos en su interior y el posterior fusilamiento de los supervivientes.
- La "Página Bella y Triste": Galdós describe al General con una sobria dignidad: de alta estatura, mirada penetrante y austero en su conducta. El autor utiliza el horror de Villafranca para orquestar el primer encuentro entre el ficticio José Fago y el General histórico, fusionando la biografía con la narrativa.
- Desmitificación Socio-Política: Se refuta la tesis del carlismo como un movimiento proto-nacionalista vasco (falsedad propagada por autores como Chaho en 1836). El conflicto fue una "guerra española" de naturaleza contrarrevolucionaria, con una base social que incluía no solo al campesinado, sino a clases medias y artesanales de núcleos semi-urbanos. La cuestión foral no fue el detonante, pues los "Fueros" no aparecieron en la propaganda carlista hasta 1834-1835.
3.5. El Sitio de Bilbao y la Septicemia: El Colapso de la Realidad Histórica
El asedio de Bilbao en junio de 1835 representó una imposición estratégica del entorno de Don Carlos, contraria a la visión de Zumalacárregui de un golpe rápido sobre la capital. El 10 de junio, durante el sitio, una bala que rebotó hirió al general en la pierna derecha. Su traslado a Zegama y el posterior tratamiento médico, calificado como "pésimo", derivaron en una septicemia fatal que acabó con su vida el 24 de junio de 1835.
Galdós utiliza la figura de José Fago para otorgar un cierre simbólico a este desastre. El cura aragonés, cuyos delirios estratégicos y obsesión con Saloma Ulíbarri representan la inestabilidad psíquica de una España en guerra, muere inopinadamente el mismo día y en el mismo lugar que el General. La desaparición del caudillo carlista no solo supuso el fin de la iniciativa militar de la insurgencia, sino que inauguró un largo estancamiento que desangraría al país hasta el Convenio de Vergara.
3.6. Conclusión: El conflicto frenó la construcción del Estado y de la monarquía constitucional.
En la madurez de 1898, Galdós concluye que la Primera Guerra Carlista fue una patología que "invadió el cuerpo social nacional", impidiendo la evolución ordenada de la nación. El autor expresa un odio profundo hacia ese medio siglo de lucha fratricida "sin gloria y sin fruto".
La magnitud del desastre se refleja en datos técnicos desoladores:
- Coste Humano: 150.000 muertos en una población de apenas 12 millones de habitantes.
- Hipoteca Institucional: El conflicto frenó la construcción del Estado y de la monarquía constitucional.
- Debilitamiento del Estado: La prolongación innecesaria de la guerra alimentó el caos financiero, el desorden administrativo y la crisis política de la regencia de María Cristina, condicionando el desarrollo de España durante el resto del siglo.
Bajo la mirada de Galdós, Zumalacárregui fue el genio militar que pudo haber alterado el destino de España, pero que terminó simbolizando la hipoteca de una nación que se desangró en su proceso de formación. Su legado historiográfico, por tanto, oscila entre el reconocimiento a su talento organizativo y la denuncia de una contienda que, en palabras del autor, dejó al país en una postración cuya sombra aún se proyectaba sobre el amargo ocaso de 1898.
Fuentes
- Galdós y Zumalacárregui: El Despertar de la Tercera Serie.
- Transcripción del vídeo "Zumalacárregui. Galdós, escritor de Historia.", subido por el canal de YouTube de la "Real Academia de la Historia".

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