Filipinas y las ambiciones españolas en el sudeste asiático
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| Imagen: Gestas de España (Facebook). |
Felipe II mantenía una política oficial de cautela en Asia, privilegiando las alianzas comerciales y la evangelización pacífica sobre la conquista militar abierta. De hecho, el monarca llegó a instar a sus gobernadores coloniales a mantener buenas relaciones con los reinos vecinos siempre que fuera posible. No obstante, en el terreno, varios gobernadores españoles actuaron por iniciativa propia para extender los dominios hispanos. Un ejemplo temprano fue la campaña de 1578 contra Borneo: Francisco de Sande, entonces gobernador de Filipinas, ocupó brevemente la capital de Brunéi por la fuerza. Aquella victoria resultó efímera (los españoles se retiraron y el sultán retomó el poder poco después).
Hacia finales del siglo XVI, tras la unión dinástica de España y Portugal (1580-1640), se facilitó que proyectos de expansión hispana en Indochina se plantearan con mayor seriedad, al ya no existir una rivalidad directa con Portugal en Asia. Diversos planes se discutieron en esos años: algunos proponían atacar el poderoso reino de Siam (Tailandia) para desde allí avanzar sobre Camboya, Cochinchina (sur de Vietnam) e incluso abrir ruta hacia China. El obispo Domingo de Salazar, por ejemplo, llegó a sugerir en la década de 1580 que la conquista de Siam podía servir de “punta de lanza” para cristianizar buena parte de Asia continental. Aunque muchas de estas ideas nunca pasaron del papel, revelan el clima de ambición que se vivía en Filipinas. La llegada de tropas castellanas hasta Camboya en 1596, por exótica que pareciera, fue fruto de una serie de circunstancias y planes gestados en Manila tanto por motivos religiosos como estratégicos. Como apuntan los historiadores modernos, la Jornada de Camboya no fue un episodio aislado, sino que se inserta dentro de un conjunto de proyectos expansionistas que los españoles concebían para afianzarse en el continente asiático a finales del siglo XVI.
El reino de Camboya y su llamada de auxilio (1593-1594)
Mientras en Manila se valoraban esas ansias de expansión, el escenario en el sudeste asiático continental ofreció una oportunidad inesperada. El reino de Camboya (también conocido como imperio jemer) llevaba décadas en crisis por la presión de su vecino occidental, el poderoso reino de Siam (Ayutthaya). Desde principios del siglo XVI Camboya libraba duras guerras contra Siam y había perdido territorios y población; la antigua capital Angkor fue abandonada tiempo atrás y el centro del reino se había desplazado hacia la nueva capital Longvek (cerca de la actual Phnom Penh). Hacia 1580, el rey Preah Satha I (conocido en las fuentes españolas como Aprán Lángara o simplemente Satha) gobernaba Camboya, enfrentándose tanto a la amenaza recurrente siamesa como a incursiones de piratas malayos e incluso la llegada de comerciantes occidentales. Satha, consciente de la escasa capacidad militar de su reino frente a Siam, buscó apoyo externo. Primero acudió a los portugueses de Malaca en los años 1580, pidiendo ayuda contra los siameses; esta gestión resultó infructuosa o muy limitada.Fue finalmente en 1593 cuando Camboya lanzó un llamado desesperado a Manila. Ese año, el rey de Siam Naresuan lanzó una ofensiva final contra Camboya, aprovechando que también combatía a los birmanos en otro frente. Anticipando el ataque, el rey Satha I buscó aliarse con los únicos europeos con presencia cercana: los españoles establecidos en Filipinas. Envió embajadores a Manila con regalos (incluso dos elefantes) y cartas solicitando ayuda militar al gobernador español a cambio de amistad y vasallaje al rey Felipe II. Curiosamente, entre los enviados camboyanos se encontraba un aventurero español que ya servía como soldado al rey jemer: Blas Ruiz de Hernán González, oriundo de Ciudad Real, quien junto a un portugués llamado Diogo Veloso (o Diego Belloso, según las crónicas españolas) había entrado al servicio de Camboya poco antes. Estos hombres, junto a un tercer español, Gregorio Vargas Machuca, actuaban como asesores militares y posiblemente guardaespaldas de Satha I. La presencia de estos aventureros occidentales en la corte jemer refleja cómo Camboya “puso sus ojos” en los ibéricos en busca de apoyo.
En Manila, el entonces gobernador Gómez Pérez Dasmariñas (un veterano soldado gallego) recibió la embajada camboyana en 1593. Si bien la oferta de Satha —someterse como vasallo a Felipe II a cambio de auxilio contra Siam— era tentadora en términos de expansión territorial, Gómez Pérez actuó con prudencia. Rehusó firmar una alianza formal con Camboya y se limitó a ofrecerse como mediador entre Camboya y Siam. Según varias fuentes, Dasmariñas estaba más preocupado por su inminente expedición contra los holandeses en las Molucas (Ternate) y temía enemistarse con los poderosos reyes de Siam iniciando una guerra abierta. Esta decisión de no apoyar de inmediato a Camboya fue criticada posteriormente; décadas más tarde el cronista Hernando de los Ríos Coronel juzgaría que no aprovechar aquella oportunidad de alianza fue un grave error estratégico, pues una Camboya aliada habría sido muy provechosa para España en la región.
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Aun así, Gómez Pérez Dasmariñas no ignoró del todo la petición. Según crónicas, envió discretamente al portugués Diogo Veloso a Camboya para evaluar la situación e incluso asistir al rey Satha. Veloso zarpó antes de que la guerra estallara. En julio de 1593 las fuerzas siamesas invadieron con más de 100.000 hombres. Longvek, la capital camboyana, cayó en julio de 1594 tras feroces combates, marcando la victoria de Siam. El rey Satha I huyó hacia Laos (según algunas versiones logró escapar, según otras fue capturado y ejecutado; la suerte final de Satha es confusa). En su lugar, los siameses impusieron como nuevo monarca a Ram Mahapabitr (también mencionado como Preah Ram en cronologías locales), un príncipe camboyano vasallo de Siam que servía de títere para ocupar el trono vacío.
Durante la caída de Longvek, Veloso, Blas Ruiz y otros occidentales fueron hechos prisioneros por las fuerzas de Siam, que veían en ellos a potenciales instigadores de futuras rebeliones. Junto a Veloso y Ruiz cayeron presos sus compañeros Vargas Machuca, Pantaleón Carnero y Antonio Machado, todos atrapados por los invasores tailandeses. Sin embargo, estos aventureros demostraron ingenio y audacia para salvar sus vidas y volver a la lucha.
Preparativos de la Jornada de Camboya (1595-1596)
El panorama en Manila a finales de 1594 había cambiado notablemente. Gómez Pérez Dasmariñas murió en octubre de 1593 (asesinado durante su expedición a Ternate), dejando el mando a su joven hijo Luis Pérez Dasmariñas. Luis, de apenas 25-26 años, asumió como gobernador interino de Filipinas con el mismo espíritu militar que su padre. De hecho, Luis Pérez Dasmariñas era aún más proclive a la acción: estaba decidido a retomar los planes de expansión pendientes. Entre sus objetivos figuraba no solo Camboya, sino también los “reinos comarcanos” de Champá (Champa, en la costa del actual Vietnam) y Siam. Siguiendo esa visión ambiciosa, Luis acogió con entusiasmo las noticias traídas por Veloso y Blas Ruiz. El regreso de estos hombres con detalles de la guerra en Camboya y la promesa de que el rey Satha (o su heredero) seguía dispuesto a colaborar con España, avivó en Luis Pérez Dasmariñas el deseo de intervenir decididamente.| Imagen: Gestas de España (Facebook). |
| Luis Pérez Dasmariñas |
La tripulación de la expedición era heterogénea, reflejo del crisol de gente en Manila. Se alistaron unos 120 soldados españoles, incluyendo tanto peninsulares (castellanos) como criollos de América. A ellos se sumaron numerosos auxiliares filipinos nativos, así como mercenarios japoneses convertidos al cristianismo (los célebres samuráis cristianos que a veces servían en las fuerzas españolas de Filipinas). También se unió a la expedición el provincial de la orden dominica en Filipinas, fray Alonso Ximénez, acompañado de algunos misioneros. Su presencia indicaba la intención evangelizadora que subyacía al proyecto: se esperaba poder introducir el cristianismo en Camboya una vez asegurada la paz. Por último, como pieza clave iban a bordo Blas Ruiz y Diogo Veloso, conocedores del terreno y verdaderos artífices de la empresa. Vale la pena señalar que las finanzas de la expedición fueron en parte cubiertas por Luis Pérez Dasmariñas de su bolsillo, usando la herencia de su padre –lo que muestra hasta qué punto este gobernador joven estaba empeñado en Camboya.
Tras meses de preparativos, la flota zarpó de Manila en enero de 1596. Comenzaba así la Jornada de Camboya propiamente dicha. Tres barcos con bandera castellana surcaron el Mar de China rumbo al oeste, cargando no solo pertrechos de guerra sino también grandes expectativas. Para los españoles, aquello significaba llevar su dominio a la “tierra firme” asiática por primera vez; para Veloso, Blas Ruiz y los camboyanos exiliados, era la oportunidad de restaurar a su rey y vengar la afrenta siamesa.
Desarrollo de la Jornada de Camboya (1596-1597)
La travesía desde Filipinas hasta Camboya podía tomar varias semanas y estaba sujeta a los vaivenes del clima tropical. Desafortunadamente, una tormenta dispersó la pequeña flotilla poco después de salir de Manila. El galeón comandado por Gallinato se desvió de la ruta, quedando rezagado, mientras los otros dos barcos (los juncos dirigidos por Veloso y Blas Ruiz) continuaron navegando juntos. Gallinato acabó arrastrado hacia el sur, viéndose obligado a refugiarse temporalmente en las cercanías de Singapur para reparar daños. Esta separación tendría consecuencias críticas en el desarrollo de los acontecimientos, pues Veloso y Ruiz llegarían a Camboya sin su comandante y tomarían decisiones por su cuenta.Sin embargo, la desconfianza pronto comenzó a crecer. La presencia de soldados extranjeros armados inquietó a muchos en Camboya. En particular, cierta colonia de mercaderes chinos en Phnom Penh percibió a los españoles como una amenaza. Según las crónicas, estalló un incidente violento cuando un contingente de hasta 2.000 chinos armados intentó atacar o expulsar a los recién llegados, obligando a Veloso y Ruiz a repeler la agresión por la fuerza. Este enfrentamiento dejó claro que la situación era tensa: los españoles habían llegado pretendiendo ayudar, pero para algunos locales ya parecían intrusos peligrosos. Preocupado por la imagen que proyectaban, fray Alonso Ximénez (el dominico acompañante) aconsejó a Veloso y Ruiz buscar una audiencia con el rey para explicarle sus verdaderas intenciones y disculparse por el altercado.
Atendiendo al consejo, un grupo de españoles y aliados filipinos viajó río arriba hasta la localidad de Srei Santhor, donde residía la corte de Ram Mahapabitr. No obstante, lejos de ser recibidos con honores, los enviados fueron tratados con suma frialdad. Básicamente quedaron bajo vigilancia armada, casi como rehenes, sin que el rey títere accediera a escucharlos formalmente. Temiendo por su seguridad, Veloso y Blas Ruiz (que encabezaban la misión) decidieron planear una retirada sigilosa. En la noche, aprovecharon la laxitud de los guardias para escapar discretamente de sus alojamientos en Srei Santhor.
Al huir de la corte, los españoles descubrieron algo inesperado: el palacio real apenas estaba custodiado. Esto les reveló una oportunidad audaz. Diogo Veloso propuso entonces dar un golpe de mano aprovechando la oscuridad: asaltar el palacio, capturar al rey usurpador Ram Mahapabitr y liberar Camboya de la dominación siamesa de un solo golpe. La sugerencia era extremadamente arriesgada dada la inferioridad numérica de sus fuerzas, pero Veloso y Ruiz eran hombres temerarios. Reunieron a sus soldados (seguramente un puñado de españoles, filipinos y japoneses, quizá varias decenas en total) y lanzaron un ataque sorpresa contra el recinto real en la madrugada.
El asalto fue rápido y violento. Tomando por sorpresa a la guardia, los hispano-camboyanos lograron irrumpir en el palacio real de Srei Santhor. En la refriega consiguieron herir de muerte al monarca Ram Mahapabitr, eliminando así al gobernante impuesto por Siam. No alcanzaron a capturarlo con vida –el plan era apresarlo– pero el resultado práctico fue similar: el rey títere quedó fuera de juego (murió poco después a causa de sus heridas) y el poder en Camboya entró en un vacío repentino. Tras cumplir su objetivo principal, Veloso, Blas Ruiz y sus hombres se retiraron rápidamente antes de ser rodeados, llevándose consigo algunas armas y tal vez símbolos reales. A pesar del caos causado, pudieron escapar ilesos y regresar a Phnom Penh, donde aguardaba el resto de su tropa.
Sin embargo, en ese momento crucial Gallinato tomó una decisión inesperada: no continuar la campaña de conquista. Argumentando que la empresa era demasiado peligrosa con las fuerzas disponibles y que los víveres empezaban a escasear, el comandante español ordenó retirada en lugar de avanzar sobre la anárquica Camboya. Gallinato temía que toda la población se alzase contra ellos si intentaban imponerse por la fuerza, dada la fragilidad de su situación estratégica. Esta postura fue muy criticada por Blas Ruiz y otros oficiales, que querían aprovechar la oportunidad única. Pero Gallinato, investido de autoridad suprema, se mantuvo firme. En vez de conquistar Camboya directamente, decidió que lo prudente era buscar aliados regionales antes de proceder. Así, la expedición española abandonó Phnom Penh y navegó hacia la costa nuevamente.
En su repliegue, Gallinato dirigió sus barcos hacia la cercana región de Cochinchina (sur de Vietnam), con la esperanza de recabar apoyo del rey local o de comunidades cristianas allí asentadas. Lamentablemente, esos intentos diplomáticos en Vietnam fracasaron: ninguna potencia regional estaba dispuesta a involucrarse en el caos camboyano de la mano de los españoles. Tras perder tiempo valioso y con la moral mermada, la expedición de Gallinato se disolvió a finales de 1596. Gallinato resolvió regresar a Filipinas con sus hombres, dado que el objetivo inicial (ayudar al rey legítimo) no podía cumplirse inmediatamente y la temporada de monzones dificultaba permanecer más tiempo.
Antes de partir definitivamente, Gallinato decidió cumplir la misión diplomática original: establecer contacto con el rey Satha I o su familia para explicar lo sucedido. Con ese fin, se dirigió a Laos, donde las últimas noticias situaban al monarca exiliado. Al llegar, encontró que el anciano Satha I había fallecido poco tiempo atrás, debilitado por la derrota y el exilio. Gallinato entonces buscó al joven Príncipe Prauncar (también llamado Barom Reachea II en las fuentes, hijo de Satha), quien residía en Laos protegido por la corte local. En una reunión que combinaría lo diplomático y lo militar, Gallinato animó al príncipe heredero a reclamar el trono de Camboya y le aseguró que contaría con ayuda española para ello. Se acordó que Veloso y Blas Ruiz permanecerían en la región para apoyar a Prauncar, mientras Gallinato regresaría a Manila a informar y buscar refuerzos. Así, a mediados de 1597 Juan Gallinato arribó de vuelta a Manila con los restos de la expedición inicial. Llevaba consigo relatos detallados de la “jornada” para presentar al nuevo gobernador y al rey de España, incluyendo las cartas originales de Satha y los informes de la épica (y fallida) campaña. Cabe mencionar que uno de sus hombres, Miguel de Jaque de los Ríos, se ofreció voluntariamente a viajar hasta España llevando los informes de Camboya para Felipe II, viaje que realizó vía la India portuguesa y logró completar tras grandes peligros.
Nuevos intentos y trágico desenlace (1597-1599)
Aunque Gallinato consideró la misión terminada por el momento, Blas Ruiz y Diogo Veloso no estaban dispuestos a renunciar a Camboya. Estos dos aventureros, con algunos soldados españoles, filipinos y japoneses que optaron por quedarse, se mantuvieron en Laos y sus alrededores esperando una oportunidad para acometer de nuevo la conquista. Dicha oportunidad llegó pronto: con la bendición del joven príncipe Barom Reachea II (Prauncar), Veloso y Ruiz organizaron un segundo intento de restaurar el reino. En octubre de 1596, apenas unos meses después de la partida de Gallinato, escoltaron al heredero camboyano de regreso a su patria. Reunieron a su alrededor a leales jemeres que aún apoyaban a la dinastía legítima, así como a los efectivos ibéricos que quedaban. En una rápida campaña guerrillera lograron tomar fortalezas y, finalmente, en mayo de 1597 entraron en Camboya reinstaurando al príncipe Barom Reachea II como rey. Camboya, por un breve periodo, volvió a estar gobernada por la dinastía de Satha gracias al filo de las espadas de Veloso y Ruiz.El nuevo rey, agradecido, nombró a los dos occidentales como gobernadores de provincias: Veloso fue designado gobernador de la región de Ba Phnum y Blas Ruiz de la de Treang, posiciones desde donde podían ejercer autoridad militar y civil sobre amplias zonas. Asimismo, Barom Reachea II concedió a los españoles permiso para introducir misioneros católicos libremente, lo cual se veía como el primer paso para una posible incorporación del reino a la esfera hispánica en calidad de protector o aliado subordinado. En esos momentos (1597), parecía que el sueño de una Camboya hispano-cristiana estaba cerca de realizarse. Ruiz y Veloso escribieron cartas triunfales a Manila y a Malaca pidiendo apoyo para consolidar el reino recién recuperado, seguros de que España no dejaría pasar la ocasión.
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En Manila, entretanto, las súplicas de ayuda de Ruiz y Veloso sí fueron atendidas, aunque con retraso. Luis Pérez Dasmariñas, todavía apasionado con Camboya, ya había entregado el gobierno a Francisco de Tello en 1596 pero decidió organizar por cuenta propia una fuerza de socorro. Invirtió su fortuna personal (20.000 ducados) en fletar cuatro barcos con tropas que zarparon en 1598 rumbo a Camboya. Irónicamente, esta segunda expedición oficial fracasó antes de llegar: una tormenta hundió una de las naves y dispersó las demás, las cuales terminaron recalando en la costa de China (en el puerto de El Piñal, provincia de Cantón) sin lograr reunirse para entrar a Camboya. Luis Pérez Dasmariñas mismo, que encabezaba la flota, quedó varado en China por más de un año tratando en vano de conseguir apoyo portugués en Macao para reemprender la marcha. Al final, esta fuerza de socorro nunca alcanzó Camboya a tiempo.
Los únicos refuerzos europeos que llegaron efectivamente a Camboya en ese periodo fueron de carácter oficioso: un grupo de piratas portugueses mestizos al mando de un tal Gouvea, y un pequeño contingente de soldados españoles renegados liderados por Luis Ortiz, que se unieron por su cuenta a Ruiz y Veloso. Pero estos hombres eran pocos y no bastaban para disuadir a los enemigos locales. Okhna Laksamana aprovechó la ausencia de refuerzos sustanciales para lanzar su jugada: mediante intrigas en la corte consiguió exacerbar las tensiones con los españoles. En un momento dado, fuerzas leales a Laksamana atacaron al capitán Luis Ortiz y sus hombres, provocando la ira de los españoles. En respuesta, tropas hispano-camboyanas bajo mando de Luis de Villafaña (otro oficial español que estaba en Camboya) atacaron el campamento de los mercenarios malayos para escarmentarlos. Este choque desencadenó una reacción en cadena: Laksamana movilizó a todas las fuerzas opuestas a los españoles (malayos, cham y camboyanos descontentos) y cercó la guarnición española en la capital.
Veloso y Blas Ruiz, alarmados, marcharon con todas sus fuerzas disponibles para socorrer a sus compatriotas sitiados. Pero ya era tarde. Cuando llegaron al área de combate, encontraron que sus aliados habían sido prácticamente diezmados por el enemigo. Se libró entonces la batalla final por tierra y agua entre las huestes de Laksamana y lo que quedaba del contingente hispano-camboyano. El resultado fue desastroso para estos últimos: Blas Ruiz y Diogo Veloso cayeron muertos en combate, junto con la gran mayoría de sus soldados y partidarios. La masacre fue tal que solo unos pocos sobrevivientes (españoles y filipinos) lograron escapar remontando el Mekong; entre ellos se menciona a un tal Juan de Mendoza que guio a los restos de la tropa fuera de Camboya. Era el verano de 1599. La aventura española en Camboya terminaba en sangre y fracaso.
Conclusiones: Significado histórico de la Jornada de Camboya
La expedición española a Camboya de 1596-1599, o Guerra hispano-camboyana como también se la denomina, terminó en un rotundo fracaso militar y político para los intereses hispánicos. Ninguno de los objetivos iniciales se cumplió: ni se estableció un protectorado español en Camboya, ni se logró contener la influencia de Siam en Indochina, ni prosperó la evangelización en la zona (la incipiente cristianización de Camboya fracasó con la caída de Barom Reachea II). Por el contrario, la campaña costó numerosas vidas, incluyendo las de los propios promotores Blas Ruiz y Diogo Veloso, así como la dilapidación de recursos económicos considerables (Luis Pérez Dasmariñas gastó su fortuna personal en vano). La “jornada” se convirtió en tragedia, y a ojos de Manila fue una empresa maldita que no debía repetirse.¿Por qué fracasó la expedición? Los análisis históricos señalan varios factores. En primer lugar, hubo una falta de apoyo sostenido de la metrópoli: la Corona española nunca dio pleno respaldo a estas conquistas asiáticas, consideradas extraoficiales o “prohibidas” por distraer de objetivos prioritarios. Felipe II, aunque autorizó a Luis Pérez Dasmariñas a actuar en auxilio de Camboya, siempre mostró reticencia a expandir demasiado las fronteras en Asia, prefiriendo consolidar Filipinas y el comercio.
Con todo, la Jornada de Camboya dejó algunas lecciones importantes. Demostró el extraordinario alcance global de los aventureros españoles en el Siglo de Oro: con base en Filipinas, unos pocos centenares de hombres se atrevieron a intervenir en los conflictos dinásticos de la lejana Indochina. Es un testimonio de la conexión entre mundos que propició la primera globalización ibérica. Asimismo, revela el progresivo cambio de época hacia finales del XVI: mientras en décadas anteriores los conquistadores habían forjado imperios en América casi sin oposición europea, en Asia a fines de 1500 ya encontramos un entorno geopolítico más complejo, con potencias locales fuertes (Siam), europeos divididos y el surgimiento del comercio global por encima de la conquista. Tras la debacle de Camboya y experiencias similares, se fue imponiendo la idea de que el modelo del conquistador daba paso al del comerciante: el propio Juan Gil señala que a finales del siglo XVI “el mercader sustituyó al conquistador” en las prioridades hispanas. En efecto, España concentraría sus energías asiáticas en el comercio del galeón de Manila y en frenar a los holandeses, más que en conquistas territoriales extravagantes.
Pese a su fracaso, la aventura de Camboya no cayó totalmente en el olvido. En 1604, de regreso en España, el fraile Gabriel Quiroga de San Antonio publicó en Valladolid una obra titulada Breve y verdadera relación de los sucesos del reino de Camboya, donde narró los antecedentes del reino y detalló la expedición de Gallinato y “la infeliz jornada de don Luis Pérez Dasmariñas”. Paradójicamente, fray Gabriel nunca estuvo en Camboya; recopiló testimonios de otros (quizá del propio Gallinato o de soldados supervivientes). Su relación, junto con las crónicas de Antonio de Morga (Sucesos de las Islas Filipinas, 1609) y de otros historiadores como Colin o Aduarte, permiten conocer hoy los pormenores de aquella gesta. En años recientes, académicos han vuelto la mirada hacia esta expedición, reconociéndola como parte integral de la historia global hispánica. La Jornada de Camboya de 1596, aunque fallida, destaca por la audacia de situar a España momentáneamente en las riberas del Mekong. Es un recordatorio de hasta dónde llegaban las ambiciones y aventuras del siglo XVI, y un capítulo que enriquece la comprensión de la presencia española en Asia y Oceanía.
Fuentes y Bibliografía
- Paulina Machuca Chávez, “El sueño de un gran Pacífico en el ‘tercer y Nuevo Mundo’: la jornada de Camboya de 1596”, en A 500 años del hallazgo del Pacífico. La presencia novohispana en el Mar del Sur, coord. Carmen Yuste & Guadalupe Pinzón, UNAM, 2016, pp. 163-188.
- José Miguel Herrera Reviriego, “La jornada de Camboya: contextualización del proyecto expansionista filipino sobre Indochina en el marco hispánico de finales del siglo XVI”, en Tiempos Modernos, nº 47 (2023), pp. 39-58.
- Juan Gil (ed.), Conquistas prohibidas: Españoles en Borneo y Camboya durante el siglo XVI, Biblioteca Castro, 2023. (Prólogo y documentos, incluyendo la relación de fray Gabriel Quiroga de San Antonio de 1604).
- Lawrence Palmer Briggs, “Spanish Intervention in Cambodia 1593-1603”, T’oung Pao, vol. 39 (1950), pp. 132-160.
- Entrada “Guerra hispano-camboyana”, Wikipedia en español (consultada en 2025).
- Entrada “Luis Pérez Dasmariñas”, Wikipedia en español (consultada en 2025).
- Archivo General de Indias (AGI), Filipinas, varios legajos (cartas de Gómez Pérez Dasmariñas de 1593, carta de Luis Pérez Dasmariñas de 1597, relación de Miguel de Jaque, etc., citados en Herrera Reviriego 2023).
- Fray Gabriel Quiroga de San Antonio, Breve y verdadera relación de los sucessos del Reyno de Camboxa, Valladolid, 1604.
- C. R. Boxer, “Portuguese and Spanish Projects for the Conquest of Southeast Asia, 1580–1600”, en Journal of Asian History, 3(2), 1969 (contexto de planes ibéricos en Indochina).
- Sanjay Subrahmanyam, “Unión ibérica y proyectos en Asia”, en The Portuguese Empire in Asia, 1500-1700, Longman, 1993 (análisis de la fase de las Dos Coronas).
Citas
- La quijotesca odisea asiática del conquistador español que quiso ...
- https://www.elespanol.com/historia/20241024/quijotesca-odisea-asiatica-conquistador-espanol-quiso-anadir-camboya-imperio-felipe-ii/807169384_0.html
- «Conquistas prohibidas: Españoles en Borneo y Camboya durante el siglo XVI», de Varios autores y fray Gabriel de San Antonio | Las lecturas de Guillermo
- https://historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/hallazgo_pacifico/04_07_gran_pacifico.pdf
- (PDF) La jornada de Camboya: contextualización del proyecto expansionista filipino sobre Indochina en el marco hispánico de finales del siglo XVI
- https://www.academia.edu/113743287/La_jornada_de_Camboya_contextualizaci%C3%B3n_del_proyecto_expansionista_filipino_sobre_Indochina_en_el_marco_hisp%C3%A1nico_de_finales_del_siglo_XVI
- Guerra hispano-camboyana - Wikipedia, la enciclopedia libre
- https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_hispano-camboyana
- Luis Pérez das Mariñas - Wikipedia, la enciclopedia libre
- https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_P%C3%A9rez_das_Mari%C3%B1as

