domingo, 27 de septiembre de 2026

Desde el siglo XIX, la conexión española con la Hispanidad, con Iberoamérica, aterra a EEUU

Hay una continuidad histórica muy sólida en la voluntad estadounidense de impedir que una potencia externa, una alianza rival o una red político-ideológica potencialmente hostil adquiera capacidad de organización estratégica en el hemisferio occidental. Esa continuidad puede rastrearse desde la Doctrina Monroe de 1823. España entró varias veces dentro de ese problema estratégico: primero como antigua potencia colonial europea; en 1898 como adversario militar directo; y, de forma especialmente documentada entre 1939 y 1943, cuando Washington temió que determinadas formulaciones políticas de la «Hispanidad» proporcionasen canales de influencia favorables al Eje en Iberoamérica. 


Desde el siglo XIX, Estados Unidos ha mostrado una sensibilidad estructural frente a cualquier proyecto capaz de articular políticamente el hemisferio occidental al margen de su primacía. Los proyectos panhispánicos españoles fueron percibidos como competidores en determinados momentos, y como amenaza real principalmente cuando parecieron adquirir contenido político, estratégico o pro-Eje; no cuando se limitaron a lengua, cultura, historia o cooperación iberoamericana.

De la emancipación a 1898: la construcción de dos espacios de influencia

El punto de partida no es una supuesta hostilidad estadounidense contra «lo hispánico», sino un cambio en la distribución del poder tras las independencias americanas. La Doctrina Monroe de 1823 proclamó la oposición estadounidense a nuevas intervenciones o colonizaciones europeas en América. La documentación histórica del Departamento de Estado explica que Washington temía que potencias europeas —entre ellas España y Francia— ayudasen a restaurar el dominio colonial sobre las nuevas repúblicas; al mismo tiempo, Estados Unidos quería ampliar su comercio e influencia en ellas.

La preocupación estadounidense era inicialmente antieuropea más que antiespañola y geopolítica más que cultural. España importaba porque todavía era una potencia colonial americana, no porque Washington temiese una «comunidad hispánica» organizada. La diferencia es sustancial. 

La Doctrina Monroe separaba conceptualmente una esfera europea de una americana; Estados Unidos iría después convirtiendo ese principio defensivo en una pretensión cada vez más activa de primacía regional.

Mientras tanto, en España y en las nuevas repúblicas fue apareciendo otra respuesta al desmembramiento imperial español. Mark J. Van Aken, en el clásico «Pan-Hispanism: Its Origin and Development to 1866» (University of California Press, 1959), estudió la aparición de una idea de comunidad posimperial basada en historia, lengua y civilización compartidas. 
Investigaciones posteriores describen el panhispanismo de 1840-1860 como antecedente del «hispanoamericanismo», que adquirió densidad institucional desde la década de 1880. No significaba necesariamente restaurar el Imperio español: en amplios sectores pretendía reconstruir vínculos culturales, comerciales, académicos y diplomáticos entre Estados políticamente independientes.

Esta pluralidad es esencial. Existieron hispanoamericanismos conservadores, católicos, liberales y regeneracionistas. Instituciones académicas españolas del primer tercio del XX impulsaron intercambios con Hispanoamérica, y corrientes relacionadas con Rafael Altamira buscaban precisamente una reconciliación cultural y universitaria poscolonial. La «Junta para Ampliación de Estudios» y el «Centro de Estudios Históricos» situaron las relaciones científicas con las nuevas repúblicas americanas entre sus objetivos internacionales.

La fundación en Madrid de la «Unión Ibero-Americana» en 1885 representa bien esa institucionalización. Su actividad editorial, sus delegaciones americanas y sus iniciativas de intercambio, 
estaba destinada a reforzar relaciones económicas y culturales transatlánticas. 

Los fondos de la Biblioteca Nacional y del CSIC conservan su producción y describen expresamente su finalidad de acercamiento entre España, Portugal y las naciones americanas.

Apenas cuatro años después apareció una arquitectura rival de alcance mucho mayor. James G. Blaine consiguió reunir en Washington la Primera Conferencia Internacional Americana de 1889-1890, origen institucional del panamericanismo moderno. El propio Departamento de Estado recuerda que la iniciativa fue estadounidense y que Blaine buscaba acuerdos de arbitraje, reciprocidad y comercio con las repúblicas latinoamericanas. A largo plazo surgiría de esas conferencias una red interamericana con Washington en posición central.










El punto de ruptura de 1898

La Guerra Hispano-Estadounidense constituye la evidencia más poderosa de sustitución geopolítica de España por Estados Unidos, pero no puede explicarse como una guerra contra la Hispanidad. El Departamento de Estado estadounidense resume su resultado de manera inequívoca: acabó con el imperio colonial español en el hemisferio occidental, obligó a España a renunciar a Cuba y a ceder Puerto Rico, Guam y Filipinas, y consolidó a Estados Unidos como potencia del Pacífico.

Washington no estaba dispuesto a aceptar indefinidamente una presencia imperial europea en un espacio que consideraba progresivamente suyo. El lenguaje político estadounidense sigue interpretando retrospectivamente la guerra precisamente en esa clave. En un mensaje presidencial de diciembre de 2025, la Casa Blanca presentó la victoria de 1898 como el final del antiguo «foothold» europeo en el hemisferio y la vinculó expresamente con Monroe.

La propaganda tuvo un papel considerable. La prensa amarilla de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer presentó atrocidades españolas, culpó rápidamente a España por la explosión del USS Maine pese a que la causa no estaba establecida y popularizó un clima belicista. La Library of Congress conserva portadas, caricaturas y el lema «Remember the Maine!». Sin embargo, la propia Library of Congress advierte de que la vieja explicación según la cual la prensa amarilla «causó» por sí sola la guerra ha perdido fuerza entre los historiadores.

El propio Gobierno estadounidense reconoce que la doctrina original no otorgaba automáticamente a Washington un derecho de intervención, mientras que Roosevelt la reinterpretó afirmando un papel de «international police power» ante crisis hemisféricas. Intervenciones posteriores en República Dominicana, Nicaragua y Haití muestran que la lógica hemisférica estadounidense era mucho más amplia que su relación con España.


Resultado para la tesis en el siglo XIX

Del hispanoamericanismo a la «Hispanidad»: Maeztu, José Antonio, Ledesma y Giménez Caballero

El salto conceptual de mayor importancia se produce en las décadas de 1920 y 1930. «Hispanidad» pasa a significar para determinados intelectuales mucho más que relaciones culturales con las antiguas colonias. Sin embargo, tampoco aquí hubo una doctrina única. La historiografía diferencia claramente el tradicionalismo de Acción Española, el nacional-sindicalista de Falange y las JONS y otras modalidades del nacionalismo.

Maeztu: comunidad espiritual antes que raza

Ramiro de Maeztu constituye la figura indispensable. En «Defensa de la Hispanidad» (Madrid, 1934), atribuye al sacerdote Zacarías de Vizcarra la formulación que proponía sustituir «Día de la Raza» por «Día de la Hispanidad». Su definición no era biológica: en la edición de 1934 afirma expresamente que la Hispanidad «no es una raza» y la articula alrededor de una historia, lengua y fe compartidas que permitían integrar pueblos de muy diferente origen étnico.

Esto importa porque la Hispanidad maeztiana no puede reducirse sin más a un proyecto de conquista territorial. Era una teoría de civilización que atribuía a España una misión histórica y espiritual.

No obstante, su contenido tenía consecuencias geopolíticas indirectas. Si el mundo hispánico constituía una comunidad espiritual distinta, las pretensiones de universalidad liberal, anglosajona o panamericana podían aparecer como competidoras. Esa oposición cultural alimentó discursos antiestadounidenses. El estudio de Daniel Fernández de Miguel sobre Ejército, Iglesia y Falange entre 1939 y 1953 demuestra que el antiamericanismo español fue también una variable significativa: la percepción de rivalidad era bilateral, no una obsesión exclusivamente estadounidense.

José Antonio: del vínculo cultural al «poder»

Con José Antonio Primo de Rivera la formulación es mucho más explícitamente política. El punto 3 de la Norma programática de Falange Española de las JONS, de noviembre de 1934, afirma: «Respecto a Hispanoamérica la aspiración a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder».
El mismo punto presenta a España como «eje espiritual del mundo hispánico» y reclama para ella preeminencia internacional.
Propone preservar Cervantes, la religión o una memoria histórica común. Aunque no existían medios materiales para convertir ese programa en una política efectiva, un diplomático estadounidense que leyera literalmente el programa podía interpretarlo razonablemente como una aspiración a formar un espacio hispanoamericano parcialmente autónomo respecto del sistema panamericano liderado por Washington.
El gobierno del general Franco trasladó prácticamente esa misma frase a su legislación. La Ley de 2 de noviembre de 1940 que creó el Consejo de la Hispanidad, declaró en su artículo segundo que quedarían bajo su competencia las actividades dirigidas a la «unificación de la cultura, de los intereses económicos y de poder relacionados con el mundo hispano».

Ledesma Ramos: revolucionario y secular

Ramiro Ledesma Ramos compartió la recuperación Hispánica, pero su genealogía intelectual no era idéntica a la de Maeztu. García de Jalón destaca la distancia entre el tradicionalismo católico de Acción Española y la visión nacional-sindicalista, revolucionaria y considerablemente más secular de Ledesma. El propio conflicto que esa secularidad producía con sectores eclesiásticos impide hablar de un único bloque doctrinal de la Hispanidad española.

Antonio de Luna, escribiendo en 1943 y citando a Ledesma, recogía una formulación particularmente ambiciosa: frente a una Europa considerada decadente, el «Imperio hispánico» debía encarnar una nueva cultura, un nuevo orden económico y una nueva jerarquía. Lo significativo no es tanto su viabilidad —extremadamente reducida— como que la retórica nacionalsindicalista concebía el mundo hispánico como posible espacio alternativo de organización política y civilizacional.

Giménez Caballero: latinidad y proyección diplomática

Ernesto Giménez Caballero llevó la identidad transnacional todavía más lejos. Douglas W. Foard ya señalaba en Journal of Contemporary History que su artículo de 15 de febrero de 1929 defendía este concepto, convirtiéndole en uno de los primeros grandes propagadores intelectuales de él. Obras posteriores como Genio de España y La nueva catolicidad intentaron encajar la regeneración española en un marco Hispánico.

Su caso resulta particularmente útil porque la teoría acabó convertida en diplomacia. Un estudio de 2022 sobre su etapa paraguaya identifica como ejes de su discurso la «Hispanidad, el mestizaje y la catolicidad», y analiza la sintonía política que desarrolló con el régimen de Alfredo Stroessner durante su carrera diplomática. Esto demuestra que sí se adquirieron interlocutores y redes latinoamericanas duraderas.

Sobre todo con el Consejo de la Hispanidad de 1940, adquirió estructura estatal.



Washington ante la Hispanidad: de la competencia panamericana a la alarma de 1939-1943

La Segunda Guerra Mundial representa el periodo en el que la afirmación inicial encuentra su mayor respaldo documental. Lo que inquietaba a Estados Unidos no era simplemente que españoles y latinoamericanos compartiesen idioma y cultura, sino que esa red pudiera convertirse en infraestructura política favorable a un régimen cercano al Eje.

La Ley de creación del Consejo de la Hispanidad de noviembre de 1940 era difícil de considerar puramente cultural. Presentaba a España como «eje espiritual del mundo Hispánico», hablaba de la Hispanidad como «concepto político», atribuía al nuevo Consejo una función rectora y, como se ha visto, contemplaba la «unificación» cultural, económica y de poder. Además, autorizaba al Ministerio de Asuntos Exteriores a reorganizar entidades españolas dedicadas a las relaciones con América y Filipinas.

La reacción de la prensa estadounidense fue rápida. Un estudio reciente de Rafael Escobedo Romero reconstruye titulares y debates de 1939-1941. The New York Times publicó el 8 de noviembre de 1940, un día después de aparecer la ley en el BOE, «Spain Forms Council For South America»; The New Leader presentó después el Consejo como cobertura para intereses alemanes, y el New York Times informó en marzo de 1941 sobre un «Franco Front» activo en el hemisferio occidental.

La prensa católica estadounidense resulta particularmente reveladora porque no reaccionó de manera monolítica. En Commonweal, sectores católicos consideraban ingenuo negar la dimensión política de la Hispanidad y reclamaban que el Consejo declarase abiertamente estar contra el nazismo y no contra Estados Unidos. En cambio, la revista jesuita America ofreció una lectura mucho más favorable: veía en la Hispanidad fundamentalmente un proyecto de unidad espiritual y cultural y denunció la influencia de la Leyenda Negra en la percepción estadounidense de España.

Falange Exterior

Los Foreign Relations of the United States son mucho más concluyentes que la prensa. En enero de 1943, una circular del secretario de Estado Cordell Hull sobre actividades falangistas en las repúblicas americanas recordaba instrucciones anteriores relativas a personas relacionadas con Falange. El Departamento señalaba que, cuando una organización falangista local ayudase al Eje o promoviese activamente una colaboración más estrecha entre España y el Eje, la pertenencia activa podía bastar para clasificar al individuo como destinatario comercial indeseable e incluirlo, cuando procediera, en la Proclaimed List.

La historiografía reciente obliga, no obstante, a rebajar el alcance real de esas redes. La investigación de M. Peñalba-Sotorrío sobre las redes falangistas latinoamericanas concluye que la influencia efectiva de Falange en América Latina fue limitada, entre otras razones por la fortaleza del panamericanismo estadounidense.

El documento decisivo: julio de 1943

El intercambio entre el embajador Carlton J. H. Hayes y Franco permite precisar extraordinariamente el problema. Hayes habló con Franco de la relación española con Hispanoamérica. Franco reconoció los vínculos económicos, geográficos y políticos estadounidenses con la región y expresó el temor de que Washington creyese que la Hispanidad tenía objetivos políticos y estaba dirigida contra Estados Unidos.

El embajador indicó que su Gobierno no compartía esa interpretación, aunque sí existía en la prensa popular estadounidense y tenía alguna justificación histórica. Añadió que, antes de que Jordana asumiera Exteriores, se había realizado un esfuerzo por utilizar la Hispanidad de aquella manera. Franco sostuvo que, de haberse producido, aquello había terminado.

Franco describió entonces los lazos entre España e Hispanoamérica como culturales y sentimentales y llegó a hablar de una «federación sentimental», imaginando una relación triangular y compatible entre Estados Unidos, España e Hispanoamérica. Hayes respondió en términos favorables y utilizó precisamente los sentimientos latinoamericanos contra el imperialismo hitleriano para recomendar a España un mayor alejamiento del Eje.

Washington sí temió una Hispanidad convertida en instrumento político, pero al menos en julio de 1943 su embajador dijo explícitamente a Franco que el Gobierno estadounidense no consideraba enemiga la Hispanidad cultural en sí misma.


La Comunidad Iberoamericana: influencia real, límites y cooperación con EEUU

Con el final de la Segunda Guerra Mundial y bajo el influjo de Alberto Martín-Artajo, predominó una formulación con expresiones como «Comunidad Hispánica de Naciones». Desde finales de los cincuenta y durante la transición se produjo una nueva desideologización, reforzándose la presentación de España como puente entre Europa y las naciones americanas.

El Consejo de la Hispanidad, creado en 1940, fue sustituido tras la guerra por el Instituto de Cultura Hispánica. La legislación de diciembre de 1945 transfirió personal y funciones al nuevo organismo, mientras su normativa posterior subrayó el mantenimiento de vínculos culturales entre los pueblos de la comunidad hispánica.

Becas, instituciones culturales, universidades, congresos profesionales y circulación de élites permitieron a España construir redes de influencia y legitimidad en Hispanoamérica durante años. La Hispanidad se convirtió así en una forma temprana de lo que hoy llamaríamos diplomacia cultural o poder blando.

En Argentina, investigaciones sobre el régimen de Juan Carlos Onganía muestran que el gobierno español proporcionó referencias ideológicas, corporativas y tecnocráticas a determinados sectores de argentina durante los años cincuenta y sesenta.
En Paraguay, como se ha señalado, Giménez Caballero encontró una considerable afinidad con Stroessner. La circulación de Hispanidad tuvo allí efectos concretos, pero tampoco produjo una estructura supranacional dirigida desde España.
En el peronismo argentino existieron asimismo apropiaciones de la idea de Hispanidad: Perón ensalzó la herencia española en su discurso del 12 de octubre de 1947, sin que ello convirtiese Argentina en satélite de Madrid. Este tipo de recepción demuestra que la influencia española podía ser culturalmente profunda y políticamente útil al receptor sin generar subordinación estratégica.

Ernesto Giménez Caballero y Alfredo Stroessner, junto a Gregorio Marañón y López Rodó, en una recepción de delegados del Instituto de Cultura Hispánica, julio de 1973 (El Nacional).

De adversario potencial a aliado estratégico

El cambio más contundente contra la hipótesis de una hostilidad fue la aproximación hispano-estadounidense durante la Guerra Fría. Los acuerdos de 1953 transformaron a España como socio militar estadounidense. Posteriormente España quedó plenamente incorporada al espacio occidental y a la OTAN. La descripción oficial del Departamento de Estado en su archivo 2021-2025 caracteriza a España y Estados Unidos como aliados estrechos.
La gran mutación final llegó en 1991. La I Cumbre Iberoamericana de Guadalajara reunió por primera vez a los jefes de Estado y de Gobierno de los países de lengua española y portuguesa para construir un espacio de concertación política, económica y cultural. A diferencia del Consejo de la Hispanidad de 1940, la nueva arquitectura no establecía preeminencia española ni «unificación de poder»: se basaba formalmente en Estados soberanos, diálogo, cooperación y solidaridad.
La continuidad de la propia doctrina estadounidense tampoco desapareció. En diciembre de 2025, el presidente Donald Trump reivindicó explícitamente la vigencia histórica de Monroe y afirmó estar reafirmando esa política frente a injerencias extranjeras en el continente. Es una prueba notable de la supervivencia del imaginario de primacía hemisférica estadounidense dos siglos después de 1823.

La cronología completa:

Cronología: España, Estados Unidos e Hispanoamérica
Principales hitos históricos y su lectura para la tesis
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FechaHitoLectura para la tesis
1823Doctrina MonroeNace la lógica estadounidense de exclusión de nuevas injerencias europeas.
1840-1860Primer panhispanismo posimperialEspaña reconstruye simbólicamente relaciones con el mundo hispánico.
1885Unión Ibero-AmericanaEl hispanoamericanismo adquiere estructura institucional.
1889-1890Conferencia Internacional AmericanaEstados Unidos institucionaliza una arquitectura interamericana propia.
1898Guerra Hispano-EstadounidenseSustitución geopolítica decisiva de España por Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico.
1904Corolario RooseveltLa Doctrina Monroe evoluciona hacia una formulación más intervencionista.
1920-1930Auge de los discursos de «Raza», hispanoamericanismoLa conexión americana se vuelve un elemento central del nacionalismo español.
1934Defensa de la Hispanidad y programa FE-JONSConvergen la concepción de una comunidad espiritual y la idea política de «poder» hispánico.
1940Consejo de la HispanidadLa fórmula falangista se institucionaliza en el Estado español.
1940-1943Alarma estadounidense por Falange ExteriorMáximo apoyo documental a la tesis.
1943Conversación Hayes-FrancoWashington distingue la Hispanidad cultural de su posible utilización antiestadounidense.
1945-1946Instituto de Cultura HispánicaDesplazamiento desde la retórica imperial hacia la diplomacia cultural.
1953Acuerdos hispano-estadounidensesEspaña pasa a convertirse en socio estratégico.
1975-1982Democratización e incorporación atlánticaSe refuerza la compatibilidad entre la vocación iberoamericana y la alianza occidental.
1991Primera Cumbre IberoamericanaSurge una comunidad multilateral, no una esfera española subordinada.
1997-2000Cuba y ColombiaWashington contempla los vínculos latinoamericanos de España también como una capacidad diplomática útil.
2025Renovación retórica de la Doctrina Monroe en Estados UnidosSigue viva la idea de primacía hemisférica, pero España no aparece como una amenaza.
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Nota: en pantallas pequeñas la tabla puede desplazarse horizontalmente para mantener la legibilidad.


Contraste historiográfico: qué confirman y qué niegan las principales escuelas

La historiografía puede organizarse en varias familias interpretativas. Ninguna por sí sola explica todo el periodo 1800-2025.

Enfoque historiográfico Autores y obras representativas Tesis principal Consecuencia para el planteamiento
Competencia hemisférica Sánchez Padilla, «¿En defensa de la Doctrina Monroe?» (2016); Ortemberg, «Panamericanismo, hispanoamericanismo y nacionalismo…» (2017) Panamericanismo estadounidense e hispanoamericanismos compitieron por símbolos, comercio, instituciones e influencia. Apoya la existencia de una rivalidad estructural, pero no prueba miedo permanente.
Panhispanismo posimperial Mark J. Van Aken, Pan-Hispanism (1959); Isidro Sepúlveda, El sueño de la madre patria (2005) La conexión americana fue una forma de reconstrucción nacional española tras la pérdida del imperio, con variantes culturales y políticas. Matiza: mucha actividad panhispánica perseguía prestigio y comunidad cultural, no poder estratégico.
Nacionalismo cultural y «Raza» David Marcilhacy, Raza hispana (2010) América se convirtió en componente central del imaginario nacional español de la Restauración. Explica por qué Iberoamérica importaba enormemente a España incluso sin capacidad imperial efectiva.
Hispanidad Estado Nacional García de Jalón, «Voluntad de Imperio» (2023); González Calleja sobre Falange Exterior Falangistas  transformaron conceptos anteriores en un proyecto de movilización imperial. Apoya con fuerza la posibilidad de que Estados Unidos interpretase determinadas redes como amenaza política.
Diplomacia cultural Estado Nacional Lorenzo Delgado, Imperio de papel (1992); Rosa Pardo, ¡Con Franco hacia el Imperio! (1995); Marcilhacy, «La Hispanidad bajo el franquismo» (2014) El régimen utilizó América para obtener legitimidad y compensar su aislamiento; la cultura era instrumento de política exterior. Confirma intencionalidad estatal, pero subraya la distancia entre retórica imperial y medios reales.
Amenaza del Eje y seguridad hemisférica FRUS 1942-43; Thomàs, La batalla del wolframio (2010); Fernández de Miguel (2006) Estados Unidos evaluó España en función de su neutralidad, Falange, Alemania y seguridad del hemisferio. Máximo apoyo a la tesis entre 1939 y 1943, pero por razones coyunturales de guerra mundial.
Revisionismo sobre la eficacia de Falange Peñalba-Sotorrío, estudio de redes falangistas (2024) Las aspiraciones fueron mayores que la penetración real; panamericanismo limitaron la red. Refuta las versiones maximalistas de un bloque hispánico realmente capaz de desafiar a Washington.
Historia transnacional de recepciones Weld sobre Guatemala; Kressel sobre Argentina; estudios sobre Giménez Caballero en Paraguay El franquismo tuvo impacto real, pero sus ideas fueron reinterpretadas por actores latinoamericanos autónomos. Influencia sí; subordinación continental a Madrid, no.



Principales enfoques historiográficos

La comparación historiográfica muestra una diferencia fundamental entre la existencia de proyectos, discursos y redes de influencia y su capacidad efectiva para configurar una alternativa estratégica al sistema interamericano liderado por Estados Unidos.

Secretario de Estado John Q. Adams,
autor de la doctrina Monroe y

sexto presidente de los Estados Unidos.
El principal error de una interpretación maximalista consiste en convertir una competencia de proyectos en una equivalencia de poder. Estados Unidos poseía desde finales del XIX una capacidad económica, naval, financiera y posteriormente militar incomparablemente superior a la española. El hispanoamericanismo podía disputar imaginarios, historia, religión, lengua y legitimidad; raramente podía disputar materialmente la hegemonía hemisférica.

El segundo error sería el contrario: reducir la Hispanidad a una inocente celebración cultural. Los textos de José Antonio y la Ley de 1940 impiden hacerlo. Cuando un programa oficial habla literalmente de «intereses económicos y de poder» y el Estado crea una institución para coordinarlos, la interpretación política estadounidense no puede desecharse como mera paranoia o Leyenda Negra.

El tercero consiste en tratar toda retórica estadounidense sobre Monroe como evidencia de «hispanofobia». La continuidad de Monroe es real, hasta el lenguaje presidencial de 2025, pero su objetivo general es excluir penetraciones estratégicas externas. En diferentes épocas el posible actor externo fue España, otras potencias europeas, el Eje, la Unión Soviética y, mucho más tarde, otros competidores. Que España pueda entrar dentro de esa lógica no convierte la lógica misma en antiespañola.


Conclusiones

EEUU ha sido históricamente muy temerosa a una articulación política de Hispanoamérica que escape a su primacía. Eso está ampliamente documentado. Monroe, Blaine, el panamericanismo, el Corolario Roosevelt, la actuación estadounidense en el Caribe y Centroamérica y la propia recuperación retórica de Monroe en 2025 forman una continuidad reconocible.

El vínculo especial de España con el mundo hispánico haya sido percibido en momentos concretos como un factor de competencia. En los años 1880 existieron desencuentros diplomáticos que activaron la lógica Monroe; el hispanoamericanismo se desarrolló al mismo tiempo que el panamericanismo estadounidense; y, sobre todo, entre 1939 y 1943 Washington vigiló seriamente Falange Exterior y sus conexiones latinoamericanas.

1898 confirma una voluntad estadounidense de expulsar la presencia imperial española de su entorno estratégico, Fue un conflicto relacionado con Cuba, el imperialismo de fin de siglo, la seguridad y la política interna estadounidense, la insurrección cubana, la prensa y la expansión hacia el Pacífico. 

La etapa 1940-43 es distinta y constituye la excepción más favorable al planteamiento de este trabajo. Por primera vez coinciden una ideología española que habla oficialmente de «unificación de poder» y una institución estatal dedicada a la Hispanidad. La reacción estadounidense dejó huella en prensa, diplomacia y medidas económicas.

La capacidad efectiva española fue además muy inferior a su retórica. La imagen de un inmenso bloque hispánico listo para seguir órdenes de Madrid perteneció mucho más a la propaganda y al temor de guerra que a la realidad. La penetración del Estado español fue  limitada, mientras que los casos de Argentina, Guatemala o Paraguay demuestran recepciones nacionales selectivas y autónomas. 

Desde 1953 la posición estratégica de España convirtió al antiguo sospechoso en socio estadounidense. Con la integración atlántica, España pasó a ser un aliado. En los años noventa y dos mil, Washington podía discrepar con Madrid sobre Cuba u otros expedientes y, simultáneamente, apreciar sus relaciones históricas con América Latina como instrumento diplomático útil.

Estados Unidos ha intentado impedir de forma recurrente que el espacio hispanoamericanos se articule como una esfera político-estratégica dependiente de una potencia externa o capaz de desafiar su primacía hemisférica. España fue considerada un competidor real o potencial en algunas etapas, y la Hispanidad provocó una alarma especialmente intensa cuando se vinculó a Falange durante los años 40.


Fuentes primarias consultadas, bibliografía esencial y evaluación documental

Se han priorizado documentos oficiales digitalizados, textos doctrinales originales, prensa histórica conservada en repositorios y estudios académicos.
  • James Monroe, Séptimo Mensaje Anual al Congreso / Doctrina Monroe | 2 diciembre 1823; National Archives y Office of the Historian | Fundamento doctrinal de la oposición a nueva intervención europea.
  • Documentación estadounidense sobre Blaine y panamericanismo | 1889-1890; Office of the Historian | Muestra institucionalización estadounidense de relaciones hemisféricas, arbitraje y comercio.
  • Prensa estadounidense digitalizada sobre 1898 | Library of Congress | Permite observar «Remember the Maine», propaganda y representación de España.
  • Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad | Madrid, 1934, pp. 30-31 | Definición doctrinal de Hispanidad y rechazo de una concepción racial estricta.
  • José Antonio Primo de Rivera / FE de las JONS, Norma programática | Noviembre 1934, punto 3 | «Voluntad de Imperio» y unificación de cultura, intereses económicos y poder respecto de Hispanoamérica.
  • Ley de creación del Consejo de la Hispanidad | 2 noviembre 1940; BOE nº 312, 7 noviembre, p. 7649 | Institucionalización franquista y reproducción del vocabulario falangista sobre cultura, economía y poder.
  • Cordell Hull / Departamento de Estado, circular sobre Falange | 30 enero 1943; *FRUS 1943*, vol. V, doc. 297, pp. 308-309 | Evidencia primaria de vigilancia y medidas frente a falangistas vinculados al Eje.
  • Carlton J. H. Hayes, conversación con Franco | Madrid, julio 1943; *FRUS 1943*, Europe, vol. II, doc. 554, pp. 615-617 | Documento decisivo sobre percepción oficial de la Hispanidad y diferencia con la prensa.
  • Legislación de reorganización exterior española | 31 diciembre 1945 / BOE 2 enero 1946 | Paso del Consejo de la Hispanidad al Instituto de Cultura Hispánica.
  • Documentos oficiales estadounidenses sobre España y América Latina | 1990s-2000 | España aparece también como interlocutor útil por sus vínculos históricos con América Latina y Cuba.
  • Declaraciones y documentación de la I Cumbre Iberoamericana | Guadalajara, 1991; SEGIB | Nacimiento del moderno espacio iberoamericano multilateral.
  • Casa Blanca, mensaje sobre aniversario de la Doctrina Monroe | 2 diciembre 2025 | Evidencia de la persistencia del imaginario de primacía hemisférica estadounidense.
  • Mark J. Van Aken | Pan-Hispanism: Its Origin and Development to 1866, University of California Press, 1959 | Clásico imprescindible sobre los orígenes del panhispanismo decimonónico.
  • Isidro Sepúlveda Muñoz | El sueño de la madre patria. Hispanoamericanismo y nacionalismo, Marcial Pons, 2005 | Obra fundamental para relacionar americanismo y construcción nacional española; las secciones sobre conceptos y rivalidad panamericana son especialmente relevantes.
  • David Marcilhacy | Raza hispana. Hispanoamericanismo e imaginario nacional en la España de la Restauración, CEPC, 2010 | Referencia central para el hispanoamericanismo y la construcción simbólica de la comunidad transatlántica.
  • Rosa Pardo | ¡Con Franco hacia el Imperio! La política exterior española en América Latina 1939-1945, UNED, 1995 | Fundamental para la dimensión diplomática latinoamericana del primer franquismo.
  • Eduardo González Calleja | «El servicio exterior de Falange y la política exterior del primer franquismo», Hispania, 54, 1994, pp. 279-301 | Estudio clave sobre Falange Exterior y sus redes.
  • Daniel Fernández de Miguel | «El antiamericanismo en la España del primer franquismo (1939-1953): el Ejército, la Iglesia y Falange frente a Estados Unidos», Ayer, 62, 2006, pp. 257-282 | Esencial para comprender que la rivalidad ideológica funcionaba también desde España hacia EEUU.
  • Pablo Ortemberg | «Panamericanismo, hispanoamericanismo y nacionalismo…», Anuario IEHS, 32/1, 2017, pp. 99-110 | Excelente para estudiar competencia simbólica y diplomática entre proyectos americanos.
  • Rafael Á. Simón | «Falange Exterior (1936-1945): estado de la cuestión y líneas de investigación», Cuadernos de Historia Contemporánea, 43, 2021, pp. 351-374 | Síntesis reciente sobre redes falangistas exteriores.
  • M. Peñalba-Sotorrío | estudio de 2024 sobre redes falangistas latinoamericanas.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Baroja y «El árbol de la ciencia» (1911)

El árbol de la ciencia dicen que es probablemente la novela más autobiográfica de Baroja y documenta numerosos paralelismos entre Andrés Hurtado y el escritor.

Por lo que leer previamente su biografía transforma la lectura. Andrés Hurtado deja de ser un personaje de ficción y es una proyección del propio Baroja: sus estudios de Medicina, determinados compañeros y profesores, su desencanto con la enseñanza universitaria, su experiencia como médico rural o la enfermedad y muerte de un hermano.

Baroja comparte con buena parte de la Generación del 98 el desencanto ante la España de su tiempo después del «Desastre», pero su pesimismo va más lejos: no es solo histórico o político, sino profundamente existencial. En El árbol de la ciencia, la crisis de España acaba siendo también la crisis del individuo moderno frente a una realidad que la razón puede explicar, pero no necesariamente hacer soportable».

Estuvo próximo al anarquismo, pero probablemente fue demasiado individualista y demasiado escéptico para convertirse verdaderamente en anarquista. Le atraía su crítica de la autoridad mucho más que su proyecto de sociedad futura.

Baroja había estudiado Medicina y ejerció brevemente como médico en Cestona antes de abandonar la profesión. Su hermano Darío murió de tuberculosis en 1894, tragedia que encuentra un evidente reflejo literario en la enfermedad de Luisito. También trasladó a la ficción su mala opinión sobre algunos aspectos de la Universidad española y sobre profesores como José de Letamendi. Un estudio publicado en Educación Médica compara precisamente las memorias del escritor con la novela y confirma hasta qué punto Baroja utilizó su propia formación médica como materia literaria.

La cuarta parte del libro, titulada «Inquisiciones», desarrolla las largas conversaciones filosóficas entre Andrés Hurtado y su tío Iturrioz. Puede resultar la parte más árida de la novela, pero en realidad constituye su auténtica clave.

Kant, Nietzsche y, sobre todo, Schopenhauer. Baroja encontró en Schopenhauer una formulación filosófica para un problema que ya sentía personalmente, el conflicto entre «el hombre sensible y el mundo», entre la conciencia y una realidad que muchas veces resulta insoportable.

Y ahí aparece el verdadero significado del título. Frente al «árbol de la vida» se levanta el «árbol de la ciencia». Vivir o comprender. Actuar o analizar. Aceptar el mundo o intentar explicarlo racionalmente: el conocimiento puede explicar muchas cosas, pero no necesariamente proporciona una razón para vivir.


Fuentes

  1. FUSTER GARCÍA, Francisco (2014). «Baroja como materia de sus libros: para una lectura de El árbol de la ciencia (1911) en clave autobiográfica». Revista de Literatura, CSIC, vol. 76, n.º 151, pp. 171-197.
    DOI: 10.3989/revliteratura.2014.01.008.
    Es probablemente la fuente más importante para tu idea de leer previamente algo sobre la vida de Baroja. Estudia sistemáticamente las coincidencias entre Andrés Hurtado y Pío Baroja y llega a plantear que puede ser su novela más autobiográfica. (Revista de Literatura)
    Artículo completo en Revista de Literatura-CSIC

  2. FUSTER GARCÍA, Francisco (2012). España, fin de siglo: «El árbol de la ciencia», de Pío Baroja. Tesis doctoral, Universitat de València.
    Dirigida por Anaclet Pons y codirigida por Justo Serna. Es un trabajo particularmente interesante porque utiliza la novela como vía para comprender la crisis cultural, intelectual y social de la España de fin de siglo, pero advierte de que la visión barojiana es subjetiva y no debe tomarse como una fotografía literal de España. El tribunal estuvo presidido por José-Carlos Mainer. (Producción Científica)

  3. BAÑOS, Josep E.; RICO, Miranda; GUARDIOLA, Elena (2020). «La universidad y los estudios de medicina en El árbol de la ciencia, de Pío Baroja». FEM. Revista de la Fundación Educación Médica, 23(4), pp. 167-171.
    DOI: 10.33588/fem.234.1071.
    Muy útil para comprobar qué hay de realidad y qué hay de visión personal de Baroja en Andrés Hurtado: estudios de Medicina, profesores, enseñanza universitaria, ambiente científico, etc. Los autores comparan la novela, las memorias de Baroja y otras fuentes históricas, precisamente para no aceptar sin más la visión pesimista del escritor. (SciELO España)
    Consultar el artículo en SciELO

  4. LONGHURST, C. Alex (2005). «Kant in Baroja: El árbol de la ciencia and the Critique of Pure Reason». Bulletin of Spanish Studies, vol. 82, n.º 3-4, pp. 529-548.
    DOI: 10.1080/1475382052000342806.
    Esta es una de las fuentes fundamentales para la parte filosófica central de la novela. Es especialmente interesante porque evita reducir el pensamiento de Andrés Hurtado exclusivamente a Schopenhauer y demuestra la importancia de Kant en la estructura intelectual de las conversaciones con Iturrioz. (Taylor & Francis Online)

  5. JOHNSON, Roberta (1986). «La vida como problema en “Adán en el Paraíso” de Ortega y El árbol de la ciencia de Baroja». En Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, vol. II, pp. 43-51.
    Es una lectura muy interesante de la novela desde el problema filosófico de la vida, comparando a Baroja con Ortega y Gasset. Me sirvió especialmente para matizar la interpretación demasiado sencilla de Andrés Hurtado como mero portavoz del pesimismo de Schopenhauer. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
    Estudio en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

  6. ORTEGA LÓPEZ, José (1972). «Andrés Hurtado: un estudio en alienación (El árbol de la ciencia)». Cuadernos Hispanoamericanos, n.os 265-267, pp. 591-599.
    Es un estudio clásico sobre Andrés Hurtado y su alienación ante el mundo, la sociedad y su propia existencia. Resulta especialmente útil para comprender que el problema de Hurtado no es únicamente intelectual: existe también una incapacidad progresiva para integrarse y actuar dentro de la realidad que analiza. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
    Estudio digitalizado por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

  7. THION SORIANO-MOLLÁ, Dolores (ed.) (2023). Nuevos frutos de «El árbol de la ciencia» de Pío Baroja. Éditions Orbis Tertius.
    Es una obra colectiva reciente dedicada específicamente a nuevas interpretaciones de la novela. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha incorporado la edición digital. Me parece especialmente útil para no quedarnos exclusivamente con la crítica «clásica» de Baroja. (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
    Consultar «Nuevos frutos de El árbol de la ciencia»

domingo, 30 de agosto de 2026

Políticos españoles, sus intereses empresariales en África y beneficios derivados de la expansión colonial y los conflictos, 1900-1930

Políticos españoles, entre 1900 y 1930, estuvieron simultáneamente vinculados a empresas africanas y a la política, sobre todo en la minería del Rif y, al final del periodo, en la explotación forestal de la Guinea continental española.

Los «políticos» que se citan ejercieron mandato parlamentario, ministerial, gubernativo, municipal de primer nivel u otra responsabilidad política relevante entre 1900 y 1930, aunque su actividad empresarial africana fuese anterior o posterior a un cargo concreto dentro de ese intervalo. Este criterio permite incluir, por ejemplo, a Juan Antonio Güell, empresario colonial desde 1908 y alcalde de Barcelona en 1930, o a Horacio Echevarrieta, diputado durante la Restauración y empresario que exploró oportunidades mineras en el Rif en 1921. 

El caso fundamental es la «Compañía Española de Minas del Rif (CEMR)». Su accionariado y entorno directivo reunieron a miembros de la élite empresarial y a políticos liberales de primer nivel. La documentación más sólida sitúa entre ellos a Álvaro de Figueroa, conde de Romanones; Gonzalo Figueroa; Rodrigo Figueroa; Juan Antonio Güell y López, y, con grados de evidencia distintos, Manuel Portela Valladares y Miguel Villanueva y Gómez. En Guinea aparece otro caso relevante: Ramón Albó Martí, diputado y dirigente financiero catalán integrado en el consejo de la Compañía Nacional de Colonización Africana, ALENA. Todo en las fuentes que se relacionan al final de esta entrada.

Determinados patrimonios privados obtuvieron seguridad política, reconocimiento de concesiones, continuidad de las explotaciones, infraestructuras y un marco colonial favorable financiados o garantizados por el Estado. El ejemplo más claro es Romanones.

La relación entre las minas y la guerra de 1909 es especialmente significativa. Fuentes diplomáticas francesas estudiadas por Antonio Escudero indican que el Gobierno español autorizó la reanudación de los trabajos mineros en mayo de 1909 después de presiones del grupo vinculado a la CEMR; poco después los trabajos quedaron protegidos por tropas españolas. 

La escritura de constitución de la CEMR es una pieza esencial. Según el Registro Mercantil de Madrid citado por una investigación reciente, el capital inicial era de seis millones de pesetas y se distribuía entre Clemente Fernández, 29 %; Enrique Macpherson, 28 %; el grupo G. y A. Figueroa, 25 %; y Juan Antonio Güell, 18 %. La fuente primaria no incluye a Miguel Villanueva como accionista; las investigaciones recientes concluyen que ejerció la presidencia entre 1908 y 1909 sin acciones y sin retribución. 

En la Guinea continental española, el patrón fue diferente. Durante la década de 1920, la ocupación militar efectiva del territorio, la reorganización administrativa y la normativa forestal de 1926 facilitaron la entrada de capital financiero peninsular. ALENA, constituida en 1929, se convirtió en una de las grandes sociedades coloniales, agregando concesiones forestales y diversificando su actividad hacia madera, agricultura, comercio, transporte y financiación. En su consejo estaba Ramón Albó Martí, diputado a Cortes en 1907 y 1923 y presidente del Banco de Cataluña. 

En el Sáhara Español/Río de Oro hubo factorías comerciales, actividad pesquera, navegación y progresiva ocupación de Cabo Juby y Cabo Blanco, pero en las fuentes consultadas no se ha encontrado un político español de 1900-1930 cuyo patrimonio empresarial sahariano y beneficio derivado de conflicto pueda documentarse con un nivel comparable al de Romanones o Albó. Villa Cisneros seguía teniendo durante buena parte del periodo una dimensión muy reducida, ligada históricamente a una factoría comercial; España ocupó Cabo Juby en 1916 y la costa occidental de Cabo Blanco en 1920. 

Romanones constituye el caso más sólido; Gonzalo Figueroa y Juan Antonio Güell tienen participación empresarial muy bien acreditada, aunque la conexión entre sus beneficios individuales y la guerra es menos directa; Rodrigo Figueroa también presenta una conexión empresarial clara; Ramón Albó es un caso sólido de aprovechamiento empresarial del orden colonial guineano. Portela Valladares aparece repetidamente en la historiografía como vinculado al núcleo de la CEMR. Villanueva y Horacio Echevarrieta también tuvieron relaciones empresariales directas con África.


Políticos y sus intereses empresariales en la expansión colonial y conflictos, 1900-1930

Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones — caso de mayor relevancia

Romanones, nacido en 1863, fue simultáneamente uno de los principales dirigentes del Partido Liberal y un importante hombre de negocios. Fue alcalde de Madrid, ministro en numerosas ocasiones, presidente del Congreso, presidente del Consejo de Ministros en 1912, 1915 y 1918 y presidente del Senado en 1923. Las propias fuentes parlamentarias lo describen como «propietario y hombre de negocios».

Su relación con las minas del Rif es inequívoca. La casa familiar G. y A. Figueroa, correspondiente a Gonzalo y Álvaro Figueroa, entró en el negocio minero antes de la constitución definitiva de la CEMR. María Rosa de Madariaga documenta la intervención de sus técnicos en las concesiones de Guelaya y Antonio Escudero recoge la adquisición por Romanones de derechos mineros por unas 260.000 pesetas. En julio de 1908 el grupo G. y A. Figueroa recibió el 25 % del capital fundacional de la CEMR, según la escritura conservada en el Registro Mercantil de Madrid.

El aspecto más importante es la relación con el Estado. Escudero reproduce documentación diplomática de 1909 según la cual las autoridades españolas autorizaron la continuación de los trabajos tras presiones del grupo empresarial. La investigación concluye que el Estado ayudó primero a consolidar los derechos mineros y posteriormente proporcionó protección política y militar. El grupo presionó para no perder el capital invertido; poco después de reanudarse las obras se produjo el ataque de julio de 1909 contra trabajadores e instalaciones que abrió una fase crítica de la campaña de Melilla.

Existía un interés patrimonial de Romanones, ese interés fue protegido mediante decisiones estatales y el resultado permitió conservar una inversión que de otro modo estaba amenazada.

Romanones redujo al máximo su implicación directa en la empresa en 1909, en plena polémica pública, pero investigaciones basadas en la estructura accionarial indican que continuó percibiendo dividendos a través de las acciones del grupo G. y A. Figueroa. La historiografía reciente puntualiza, a la vez, que las mayores ganancias de la CEMR llegarían para generaciones posteriores de accionistas.

Gonzalo Figueroa y Torres, conde de Mejorada del Campo y duque de las Torres

Gonzalo era hermano de Romanones y senador entre finales del siglo XIX y 1921. El Archivo del Senado conserva su expediente parlamentario. La razón social G. y A. Figueroa era precisamente la estructura familiar vinculada a Gonzalo y Álvaro que participó en el negocio minero rifeño. 

La escritura fundacional atribuye un 25 % conjunto a G. y A. Figueroa. Lo que no permite establecer ese documento es qué parte económica efectiva correspondía personalmente a cada hermano.

Su patrimonio familiar se benefició del mismo mecanismo de seguridad concedido a la CEMR: reconocimiento y consolidación de los derechos, continuación de los trabajos y protección militar.

Rodrigo de Figueroa y Torres, duque de Tovar

Rodrigo, tercer hermano de la misma familia política y empresarial, fue también senador; su expediente se conserva en el Archivo del Senado. 

Madariaga lo encuentra entre los solicitantes o titulares relacionados con derechos mineros en el área de Guelaya y Escudero lo sitúa dentro del grupo de accionistas y propietarios ligados a la CEMR. Ello confirma una participación empresarial colonial.

La principal limitación es contable: en la escritura fundacional que desglosa los grandes grupos inversores no aparece un paquete individual identificado como «Rodrigo Figueroa». Es posible que algunos de sus intereses quedasen integrados en estructuras familiares o societarias, pero esa reconstrucción exige seguir los libros de accionistas y las transmisiones posteriores.

Juan Antonio Güell y López, conde de Güell y posteriormente marqués de Comillas

Juan Antonio Güell fue ante todo empresario y aristócrata, pero llegó a ejercer una responsabilidad política como alcalde de Barcelona en 1930.

Su participación empresarial es de las mejor documentadas del conjunto. La escritura constitutiva de 1908 le atribuía un 18 % del capital inicial de la CEMR.

Madariaga documenta además a Güell entre los interesados en concesiones mineras y señala su relación con otras iniciativas colonizadoras. La CEMR de la que era gran accionista fue una de las beneficiarias directas de las decisiones adoptadas en 1909 para permitir que continuasen los trabajos bajo protección española.

Ramón Albó Martí — caso guineano

Albó fue abogado, político conservador/catalanista y diputado a Cortes. El Congreso registra su elección por Barcelona en 1907 y 1923; también desempeñó cargos públicos relacionados con la administración penitenciaria. Paralelamente desarrolló una importante actividad financiera.

En 1929 aparece integrado en el núcleo financiero de ALENA, Compañía Nacional de Colonización Africana, sociedad dedicada principalmente a la explotación y comercialización de madera en la Guinea continental española, aunque su actividad colonial se extendía a plantaciones agrícolas, comercio, servicios financieros y transportes. La investigación de Henar Pascual Ruiz-Valdepeñas y Juan Carlos Guerra Velasco identifica a Albó como presidente del Banco de Cataluña y miembro del consejo de administración de ALENA, junto a Carlos Maristany, Eduardo Recasens y Eduardo Buxaderas.

El patrimonio territorial que permitió crecer a ALENA provenía de una acumulación previa de concesiones. Antes de constituirse formalmente en 1929, tres de sus futuros accionistas obtuvieron 28.500 hectáreas en Río Campo, junto a la frontera con Camerún; en 1930 se incorporaron otras 2.500 hectáreas. La empresa fue convirtiéndose en la sociedad colonial dominante del territorio.

El contexto político es determinante. La historiografía sobre Guinea documenta que durante los años veinte se completó la penetración militar efectiva en buena parte del continente guineano y que la legislación forestal impulsada desde 1926 abrió grandes oportunidades al capital peninsular. La administración colonial creó el marco de concesiones, infraestructuras y disponibilidad de trabajo que permitía la acumulación empresarial.

ALENA se benefició claramente del sistema colonial resultante de la ocupación efectiva y del régimen concesional.

Manuel Portela Valladares

Portela Valladares fue abogado, diputado, gobernador y ministro durante la monarquía, antes de alcanzar después responsabilidades aún mayores durante la Segunda República. 

Pablo Díaz Morlán y trabajos posteriores lo incluyen dentro del conjunto de políticos liberales asociados al entorno de la CEMR, junto a Romanones, Villanueva, González Hontoria y los hermanos Figueroa. La historiografía secundaria también le atribuye acciones en Minas del Rif.

Portela no está entre los cuatro grandes bloques de la escritura fundacional de 1908. Esto no excluye que adquiriera acciones después —la compañía tuvo numerosas ampliaciones y transferencias—, pero impide tratar su participación económica individual al mismo nivel que Romanones o Güell.

Miguel Villanueva y Gómez

Villanueva es uno de los casos más importantes, fue un destacado dirigente liberal y llegó a presidir la CEMR entre 1908 y 1909. También desempeñó diversas carteras ministeriales y presidió el Congreso.

Las fuentes diplomáticas y la historiografía sí lo sitúan realizando presión política en favor de la reanudación de las actividades mineras durante la crisis de 1909. Díaz Morlán considera decisiva su campaña política para conseguir que Maura autorizase el trabajo de la CEMR bajo protección de tropas 

Villanueva no era socio capitalista ni de la CEMR ni del Sindicato Español de Minas del Rif y no cobró remuneración por presidir la compañía. La escritura fundacional confirma que no tenía acciones. En junio de 1909 dimitió de la presidencia y de sus responsabilidades empresariales; años después utilizó esa renuncia para responder a las acusaciones periodísticas.

Por consiguiente, es correcto afirmar que Villanueva favoreció políticamente intereses empresariales privados y que ocupó una presidencia corporativa, pero no hay pruebas que indiquen que se enriqueciera personalmente con la guerra.

Horacio Echevarrieta Maruri

Echevarrieta fue simultáneamente empresario, industrial y diputado durante la Restauración por el partido Conjunción Republicano-Socialista. . La Real Academia de la Historia lo clasifica expresamente como empresario y diputado en Cortes.

Existe documentación primaria extraordinariamente útil sobre su interés minero en África. Un estudio publicado por el CSIC analiza un informe inédito realizado por un explorador contratado por Echevarrieta en 1921 para buscar minas de hierro en el Rif central, en una zona que todavía escapaba al control efectivo del Ejército colonial español.

Esto acredita una inversión especulativa privada directamente condicionada por la guerra y la expansión territorial española. Pero no acredita que la exploración desembocase en una concesión rentable ni que Echevarrieta se enriqueciese gracias a Annual o a la prolongación de la guerra. De hecho, su conocida intervención posterior en la negociación de los prisioneros españoles responde a otra lógica y no constituye por sí misma un negocio privado.

Otros personajes con intereses empresariales no suficientemente probados

La bibliografía relaciona con el universo de la CEMR a Manuel González Hontoria, Alfonso Gómez Jordana, Tomás de Zubiría, Alejandro Gandarias y otros miembros de las élites político-empresariales. Existen buenos indicios y, en algunos casos, participaciones empresariales conocidas, pero no se han obtenido para todos ellos simultáneamente una secuencia primaria completa de «cargo político + acciones/concesión africana + beneficio relacionado con conflicto».

El caso de Alfonso XIII requiere todavía mayor prudencia. Parte de la historiografía ha planteado su influencia decisiva en las inversiones marroquíes y existe una larga tradición de acusaciones sobre supuestas participaciones ocultas o testaferros. Sin embargo, su nombre no aparece en la escritura fundacional de la CEMR. No debe presentarse como accionista probado sin documentación patrimonial adicional.

También merece una investigación monográfica Juan March Ordinas, dada su actividad económica relacionada con el comercio norteafricano y su posterior entrada en la política parlamentaria; la consulta realizada no ha permitido cerrar con fuentes primarias suficientemente sólidas la cadena concreta entre concesión o negocio africano, mandato político y beneficio obtenido de un conflicto.


¿Cómo se produjo el beneficio colonial y bélico?

  • Concesiones obtenidas antes de controlar militarmente el territorio. En el Rif, empresarios españoles adquirieron desde 1907 derechos sobre ricos yacimientos de hierro y otros minerales en un territorio cuya soberanía efectiva era disputada. Los primeros acuerdos se relacionaron con Bu Hamara, mientras los interesados buscaron posteriormente que el sultán marroquí reconociera jurídicamente los derechos. El Ministerio de Estado español participó en esas gestiones diplomáticas. Madariaga remite para este proceso a documentación del antiguo Ministerio de Asuntos Exteriores, sección política de Marruecos, entre otros fondos.
  • Conversión de derechos precarios en activos empresariales. En 1908, aquellos derechos se integraron en una compañía con seis millones de pesetas de capital nominal y accionistas pertenecientes a importantes grupos financieros, aristocráticos y políticos. Una concesión insegura adquirida en territorio no pacificado pasaba así a formar parte del balance patrimonial de una sociedad española cuyo mantenimiento tenía consecuencias políticas.
  • Presión sobre el Gobierno para reanudar operaciones. La correspondencia diplomática francesa utilizada por Escudero es una de las fuentes más explícitas: en mayo de 1909 atribuía la autorización gubernamental para continuar los trabajos a las presiones del grupo empresarial. Otro informe consideraba que la capacidad política del círculo de Romanones, Comillas y Villanueva condicionaba la acción estatal.
  • Socialización del coste de seguridad. Una vez amenazadas las explotaciones, la protección correspondía a las fuerzas españolas. La historiografía de Díaz Morlán, resumida y discutida en trabajos recientes, considera que la presión política de Villanueva consiguió que la CEMR pudiera trabajar bajo protección de tropas españolas. Este es uno de los mecanismos más claros de transferencia de riesgo: el capital permanecía privado y la seguridad territorial pasaba a ser una función estatal.
  • Ocupación territorial y explotación económica se retroalimentaban, pero no de manera lineal. La Cámara de Comercio de Melilla y grupos empresariales demandaban mayor seguridad; los informes franceses interpretaron las minas como una importante motivación para el avance. Pero la resistencia rifeña convertía esa protección en operaciones militares cada vez mayores. La relación causal existe, aunque no autoriza a afirmar que las guerras de Marruecos fuesen exclusivamente «guerras de las minas».
  • El beneficio principal fue de largo plazo. La guerra de 1909 no produjo inmediatamente una edad dorada de la CEMR. La inseguridad frenó inversiones y provocó interrupciones. El beneficio derivó de que la presencia española acabó garantizando un marco territorial y jurídico dentro del cual podía explotarse y exportarse el mineral. Romanones siguió recibiendo dividendos de su estructura familiar.

La tabla revela la distinción esencial: Romanones es el único de los principales casos para el que esta investigación ha encontrado conjuntamente inversión directa, intervención estatal favorable y evidencia explícita de dividendos personales o familiares. En Güell y Gonzalo Figueroa la inversión es indiscutible, pero la contabilidad individual y la atribución del beneficio a la guerra requieren más documentación. En Albó el beneficio procede sobre todo del régimen colonial. Villanueva y Echevarrieta no pueden clasificarse, con la evidencia actual, como beneficiarios financieros de la guerra.


Cronología de acontecimientos clave

La cronología siguiente combina los principales hitos empresariales con las fases de expansión colonial y conflicto documentadas en las fuentes. Las fechas fundamentales —derechos mineros de 1907, constitución de la CEMR en 1908, crisis y guerra de 1909, exploración de Echevarrieta en 1921 y expansión empresarial guineana desde 1926-1929— proceden de documentación mercantil, diplomática y administrativa utilizada por la historiografía especializada.






















La conclusión histórica más robusta es, por tanto, más precisa que la expresión genérica «políticos que se enriquecieron con la guerra»: Entre 1900 y 1930 existió una superposición demostrable entre élites políticas españolas y capital colonial; en Marruecos, el Estado empleó poder diplomático y militar para proteger explotaciones privadas en las que participaban destacados políticos; en Guinea, la ocupación y regulación colonial facilitaron la acumulación empresarial de sociedades vinculadas a políticos y financieros. El enriquecimiento personal directamente causado por las guerras puede demostrarse sólo en una parte de esa red y, salvo en casos como el flujo de dividendos de Romanones, requiere todavía más investigación archivística antes de formular acusaciones individuales concluyentes.


Fuentes primarias, bibliografía académica y prensa contemporánea

  • Registro Mercantil de Madrid, tomo 53, Libro de Sociedades, fols. 2347 y siguientes — [ES]. Es probablemente la fuente individual más importante para la primera CEMR: contiene la documentación constitutiva que permite establecer un capital inicial de seis millones de pesetas y reconstruir los cuatro bloques fundadores: Fernández, Macpherson, G. y A. Figueroa y Güell.
  • Antiguo Archivo del Ministerio de Estado/Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, Marruecos, Sección Política, serie H, vol. 2543 — [ES]. Madariaga utiliza esta documentación para reconstruir las gestiones realizadas ante el sultán y las autoridades españolas en relación con los derechos mineros.
  • Archivo General de la Administración, Fondo África / Dirección General de Marruecos y Colonias — [ES].
  • Gaceta de Madrid — [ES]. El seguimiento de las concesiones forestales guineanas exige consultar disposiciones y adjudicaciones publicadas, entre otras fechas, el 22 y 25 de marzo de 1928, julio de 1928, febrero de 1930 y septiembre de 1930.
  • Archivo del Senado y Archivo del Congreso de los Diputados — [ES]. Son fuentes primarias para determinar quién puede calificarse propiamente como político. Existen expedientes digitalizados de Álvaro, Gonzalo y Rodrigo Figueroa y fichas electorales de Ramón Albó.
  • Correspondencia diplomática francesa sobre Marruecos — [FR]. Esencial para investigar el problema de la influencia empresarial porque los diplomáticos franceses describían internamente las presiones ejercidas en Madrid y las motivaciones que atribuían a las decisiones españolas de 1909.
  • Antonio Escudero Gutiérrez, «Las minas de Guelaya y la Guerra del Rif», Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 13, 2014, pp. 329-336 — [ES]. Es una de las mejores síntesis breves para la relación entre intereses mineros, decisiones gubernamentales y guerra.
  • Pablo Díaz Morlán, Empresarios, militares y políticos. La Compañía Española de Minas del Rif (1907-1967), Marcial Pons / Universidad de Alicante, 2015 — [ES]. Es la monografía de referencia para CEMR. La recepción académica destaca precisamente su integración de historia empresarial, militar y política.
  • Víctor Morales Lezcano, «Las minas del Rif y el capital financiero peninsular: 1906-1930», Moneda y Crédito, 135, 1975, pp. 61-79 — [ES]. Trabajo clásico sobre la estructura del capital minero y financiero.
  • María Rosa de Madariaga, «Melilla y la fiebre minera en el primer cuarto del siglo XX» — [ES]. Estudio fundamental para reconstruir las concesiones de 1907, la actuación del Ministerio de Estado, la familia Figueroa, Güell y los numerosos peticionarios de derechos mineros alrededor de Melilla.
  • Emilio López-Jimeno Carrasco, «La formación de la Compañía Española de Minas del Rif. Abril 1907-junio 1908», en El patrimonio geológico y minero. Identidad y motor de desarrollo, Instituto Geológico y Minero de España, 2019 — [ES].
  • Juan Rhalizani Palacios, estudio sobre Miguel Villanueva en Aportes, n.º 117, 2025 — [ES]. Muy útil porque reevalúa el estado de la cuestión, regresa a la escritura mercantil y demuestra que Villanueva no era accionista ni cobraba por presidir CEMR. También recoge el dato de que Romanones siguió recibiendo dividendos a través del grupo G. y A. Figueroa.
  • Henar Pascual Ruiz-Valdepeñas y Juan Carlos Guerra Velasco, «Civilizando la selva: capital, espacio y negocio forestal en la antigua Guinea continental española, c. 1926-1936», Historia Agraria, 72, 2017, pp. 135-166 — [ES].
  • Xurx M. Ayán Vila y Sonia García Rodríguez, «Cartas Marruecas: cábalas financieras y cábilas rifeñas en el archivo de la Casa Larrinaga-Echevarrieta», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, LXXI, 1, 2016, pp. 75-100 — [ES].
  • Un documento especialmente importante es la nota publicada por El País el 23 de junio de 1909, posteriormente invocada por el propio Villanueva, en la que comunicaba su dimisión de la presidencia y de toda responsabilidad en CEMR. El asunto reapareció en El Liberal, 8 de enero de 1926, durante una nueva polémica pública sobre su relación con las minas. (Existió en Madrid otro diario llamado El País, definido como «diario republicano y progresista», cuyo primer número apareció el 22 de junio de 1887 y que se publicó hasta 1921).

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