domingo, 18 de octubre de 2026

La novia de Frankenstein (The Bride of Frankenstein) 1935

  • Director: James Whale
  • Guion: William Hurlbut y John L. Balderston (basado en la obra de Mary Shelley)
  • Elenco: Boris Karloff (El Monstruo), Colin Clive (Dr. Henry Frankenstein), Valerie Hobson (Elizabeth), Ernest Thesiger (Dr. Pretorius), Elsa Lanchester (Mary Wollstonecraft Shelley / La Novia) y O.P. Heggie (El ermitaño ciego).
  • Premios y reconocimientos: Nominada al Oscar al Mejor Sonido (1936).
  • Dirección y visión estética: James Whale, reacio en un principio a dirigir una continuación del éxito de 1931, aceptó la secuela solo tras negociar un control creativo total. 

Teóricos como David Bordwell y Christopher Frayling coinciden en que La novia de Frankenstein superó a la cinta original. La crítica especializada considera el filme como el punto culminante de la etapa dorada de los Universal Monsters.



Valoraciones cuantitativas: Rotten Tomatoes: 97%, Metacritic: 95/100, indicando «Aclamación universal». IMDb: 7.8/10 basado en las valoraciones verificadas de los usuarios.

Para el peinado de la Novia, el maquillador Jack Pierce se inspiró en el busto de Nefertiti, sosteniendo la famosa cabellera erizada mediante una estructura de alambre interno. El peculiar movimiento de cuello y los siseos agudos emitidos por la Novia al rechazar a su consorte no estaban en el libreto; Elsa Lanchester admitió haberse basado en los gritos defensivos de los cisnes del Regent's Park de Londres.
Boris Karloff se opuso rotundamente a que el Monstruo aprendiera a articular palabras, argumentando que la pérdida de su mudez destruiría la piedad trágica del personaje. Whale mantuvo la decisión del habla de la criatura y, paradójicamente, la escena del aprendizaje junto al ermitaño se convirtió en una de las secuencias más emblemáticas del género.

domingo, 11 de octubre de 2026

El comandante Julián Fortea: una familia bajo el fuego en la defensa de Santo Domingo de Basco (Filipinas)

La defensa de la Casa de Gobierno de Santo Domingo de Basco, iniciada el 18 de septiembre de 1898, convirtió a un comandante turolense y a su familia en protagonistas de una resistencia extraordinaria. La Laureada reconoció su conducta años después.

En la Casa de Gobierno de Santo Domingo de Basco había una esposa, cinco hijos y dos sobrinas. También un comandante de Infantería que había conseguido escapar de quienes pretendían apresarlo. Fuera, hombres de la guarnición y de las milicias locales se habían alzado contra la autoridad que hasta entonces representaba. Dentro, la residencia del gobernador se convirtió en una posición de combate.

Era el 18 de septiembre de 1898. El comandante se llamaba Julián Fortea Selví.

La escena no necesita añadir nada. Basta con lo que recogió la resolución que reconocería su valor: Fortea rechazó sucesivas intimaciones de rendición y combatió durante horas, hasta recibir las heridas que le causaron la muerte. Su comportamiento impresionó incluso a los adversarios, que rindieron honores militares a su cadáver.

Pero la historia no acaba en ese homenaje. Alrededor del comandante estaban los suyos. Y, años después, sería su esposa, Ascensión García San Martín, quien promovería el procedimiento del que nació el reconocimiento oficial. 


Un soldado de Teruel

Fortea había nacido en Camarena de la Sierra, Teruel, el 8 de marzo de 1845. Ingresó como voluntario en el Regimiento de Borbón a los diecisiete años y ascendió desde las filas de tropa. Su trayectoria alternó destinos peninsulares y filipinos. En 1895 fue destinado al gobierno militar de las Batanes. Tenía cincuenta y tres años cuando se produjo el combate que acabaría con su vida.

La derrota naval de Cavite y la rendición de Manila, el 13 de agosto de 1898, habían quebrado la posición española en Filipinas. La capital cayó tras meses de asedio, en el que intervinieron fuerzas independentistas filipinas y estadounidenses.

La resistencia de Fortea comenzó más de un mes después de aquella rendición.

En Basco, la crisis tomó una forma inmediata: la llegada de un vapor con fuerzas filipinas insurgentes y el alzamiento de hombres que debían sostener la autoridad española. No fue una batalla de Fortea contra un desembarco estadounidense. La resolución de su recompensa identifica expresamente el barco como insurgente y distingue a sus ocupantes de las fuerzas locales que atacaron la Casa de Gobierno.

El 18 de septiembre llegó a las proximidades de Santo Domingo un vapor que transportaba tropas de desembarco. Al conocerlo, Fortea convocó a varios españoles residentes en la localidad, les entregó armas y organizó la defensa.

Sin embargo, la amenaza dejó de estar solamente en el mar. La guarnición, unos 150 hombres del país, y las milicias locales se sublevaron al saber quiénes venían en el buque. Intentaron capturar al gobernador. Fortea logró refugiarse con su familia en la Casa de Gobierno.

En muy poco tiempo se había deshecho el dispositivo sobre el que podía apoyar su autoridad. La suerte de los otros españoles: uno resultó herido, otro fue apresado y otros huyeron al monte.

Existía descontento local con la administración colonial y la difusión de la causa revolucionaria. Esa dimensión ayuda a explicar la sublevación: los filipinos tenían motivaciones y objetivos políticos propios. 


La Casa de Gobierno era también una vivienda. 

El comandante se había refugiado allí con su esposa, cinco hijos —el mayor de los presentes, de trece años— y dos sobrinas, de veinticinco y quince.

Los relatos históricos y la prensa de comienzos del siglo XX coinciden en la intervención de su mujer, Ascensión y de los hijos en la resistencia, aunque difieren en nombres, edades y pormenores. El estudio de 2026 recoge que cargaron armas y que Ascensión y los mayores también dispararon.

Estaban dentro del edificio atacado, expuestos al fuego y formando parte de la defensa. La excepcionalidad del valor convivía con una situación terrible para una familia.

Cuando se recuerda Basco únicamente como el último combate de un comandante, se pierde esa dimensión. La muerte fue la del padre; el peligro y sus consecuencias alcanzaron a todos.

Guerrera de gala perteneciente al comandante Julián Fortea Selví.
Museo del Ejército, donada por su hijo Miguel.

Los sublevados instaron repetidamente al gobernador a rendirse. Fortea se negó. La resolución que le concedió la Cruz de San Fernando contiene, sin embargo, una consideración que da al episodio una profundidad mayor: dadas las circunstancias extraordinarias y la falta de esperanza de auxilio, habría podido aceptar la rendición sin quebrantar el honor militar.

El texto emplea una expresión inequívoca: «sin faltar á las leyes del más acrisolado honor militar».

Las autoridades militares que examinaron el caso admitieron que existía una salida compatible con el honor y, al mismo tiempo, entendieron que Fortea había llevado su compromiso mucho más allá de lo exigible.

El expediente recogió asimismo la declaración de un antiguo colaborador, José María Alberti, sobre la determinación que Fortea había manifestado anteriormente respecto a la defensa de la bandera. La resolución interpretó su actuación desde esa idea del deber, íntimamente vinculada a la representación de España que atribuía a su cargo.


La noche del 18 al 19 de septiembre. Una rendición que habría sido honrosa

La resolución de 1905 habla de unas nueve horas de fuego y de dos heridas de bala que causaron la muerte de Fortea. No permite reconstruir cada movimiento ni fijar por sí sola la hora exacta de su fallecimiento.

El estudio monográfico de Pablo Guerrero García sitúa la muerte hacia las dos de la madrugada del 19 de septiembre. Por eso, al narrar la secuencia, resulta más preciso hablar del combate iniciado el 18 y de su desenlace en la noche del 18 al 19.

Después llegó un reconocimiento inesperado. Según la resolución, a la mañana siguiente entraron en la población las fuerzas transportadas por el vapor. Su jefe, enterado de lo ocurrido, dispuso que sus hombres rindieran honores militares al cadáver del gobernador.

Basco había caído. Fortea no había salvado la posición. Su resistencia, sin embargo, acababa de adquirir un significado que sobreviviría al resultado del combate.

La Cruz de San Fernando de segunda clase, laureada, le fue concedida a título póstumo por Real Orden de 7 de abril de 1905. La resolución respondía al procedimiento promovido por Ascensión García San Martín. Establecía una pensión anual de 2.000 pesetas, con efectos desde el 18 de septiembre de 1898 y transmisión en los términos previstos por la normativa.

La orden no se limitó a conceder la recompensa. Dispuso que se difundiera el ejemplo de Fortea y que el texto se leyera en todas las unidades del Ejército. Se pretendía transformar una actuación individual, ocurrida lejos de la Península, en una referencia compartida.

Otro documento permite seguir el rastro administrativo de la familia. La Gaceta de Madrid del 13 de enero de 1909 publicó una ley, sancionada el día anterior, que concedía a Ascensión una pensión de 3.500 pesetas, transferible a sus hijos y compatible con las que ya disfrutaba.


El regreso

En septiembre de 1910, doce años después de la defensa, la prensa volvió a ocuparse de Fortea con motivo de la repatriación de sus restos. La Época del 10 de septiembre anunciaba un homenaje de los jefes y oficiales de Zaragoza al paso de la comitiva. El número del día 12 reproducía la orden para recibir el féretro en Madrid y trasladarlo al cementerio de la Almudena.

Más de un siglo después, la defensa de Basco sigue planteando preguntas sobre el deber, la resistencia y el precio humano de la guerra. Julián Fortea murió sin conservar la posición que defendía, pero su conducta fue reconocida incluso por sus adversarios. Ascensión y los suyos formaron parte de aquella resistencia y de la lucha posterior por su memoria.

Recordarlos exige mantener juntas esas dos imágenes: el comandante que no aceptó rendirse y la familia que estuvo con él bajo el fuego.


Referencias y nota de investigación

  • Real Orden de 7 de abril de 1905, concesión de la Cruz de San Fernando de segunda clase a Julián Fortea Selví; Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, n.º 80. Se ha consultado su reproducción en la prensa histórica conservada por la Biblioteca Digital de Castilla y León, mediante el texto digital indexado de una página del Diario de Burgos. https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/imagen.do?path=10314011&posicion=1&registrardownload=1
  • Página web Museo del Ejército: https://ejercito.defensa.gob.es/museo/comun/EL_MUSEO_DEL_EJERCITO_ES_NOTICIA/piezas/2021.06.07_GUERRERA_DE_GALA_DEl_UNIFORME_DE_OFICIAL_DEL_EJERCITO_ESPANOL_EN_FILIPINAS.html
  • Guerrero García, Pablo (2026). «El comandante de Infantería Julián Fortea y la insurrección filipina en las Islas Batanes». Revista de Historia Militar, 139, pp. 43–92. DOI: https://doi.org/10.55553/504jnk13902. Ficha de la publicación: https://publicaciones.defensa.gob.es/revista-de-historia-militar-139-revistas-pdf.html
  • Togores Sánchez, Luis E. (1998). «El asedio de Manila (mayo-agosto 1898). Diario de los sucesos ocurridos durante la guerra de España con los Estados Unidos, 1898». 
  • Revista de Indias, 58 (213), pp. 449–498. Universidad San Pablo-CEU; publicación del CSIC. DOI: https://doi.org/10.3989/revindias.1998.i213.759.
  • Ley de 12 de enero de 1909, pensión a Ascensión García San Martín. Gaceta de Madrid, n.º 13, 13 de enero de 1909, pp. 121–122. https://www.boe.es/gazeta/dias/1909/01/13/pdfs/GMD-1909-13.pdf
  • La Época, 10 y 12 de septiembre de 1910, números 21.509 y 21.511. Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. Consulta del texto indexado de los pasajes relativos al traslado de los restos.
  • 10 de septiembre: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/en/pdf?id=529e1e23-002a-4086-820f-56d89d1affb2
  • 12 de septiembre: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/en/pdf?id=5fcb86a2-1309-45f2-82bd-968ad7e35a1d
  • Correo de Mallorca, año I, n.º 165, 16 de septiembre de 1910. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Consulta del texto digital indexado de la primera plana. https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=219327
  • Guerrero Acosta, José Manuel (1999). La exposición «Soldados y marineros del 98» en Madrid. Militaria. Revista de Cultura Militar, 13, pp. 95–102; referencia al arcón en p. 97. Universidad Complutense de Madrid. https://revistas.ucm.es/index.php/MILT/article/download/MILT9999110095A/3355
  • García Pérez, Antonio (1910). Fortea. Conferencia pronunciada en el Centro del Ejército y de la Armada el día 18 de mayo de 1909. Madrid: Publicaciones de los Estudios Militares.

domingo, 27 de septiembre de 2026

Desde el siglo XIX, la conexión española con la Hispanidad, con Iberoamérica, aterra a EEUU

Hay una continuidad histórica muy sólida en la voluntad estadounidense de impedir que una potencia externa, una alianza rival o una red político-ideológica potencialmente hostil adquiera capacidad de organización estratégica en el hemisferio occidental. Esa continuidad puede rastrearse desde la Doctrina Monroe de 1823. España entró varias veces dentro de ese problema estratégico: primero como antigua potencia colonial europea; en 1898 como adversario militar directo; y, de forma especialmente documentada entre 1939 y 1943, cuando Washington temió que determinadas formulaciones políticas de la «Hispanidad» proporcionasen canales de influencia favorables al Eje en Iberoamérica. 


Desde el siglo XIX, Estados Unidos ha mostrado una sensibilidad estructural frente a cualquier proyecto capaz de articular políticamente el hemisferio occidental al margen de su primacía. Los proyectos panhispánicos españoles fueron percibidos como competidores en determinados momentos, y como amenaza real principalmente cuando parecieron adquirir contenido político, estratégico o pro-Eje; no cuando se limitaron a lengua, cultura, historia o cooperación iberoamericana.

De la emancipación a 1898: la construcción de dos espacios de influencia

El punto de partida no es una supuesta hostilidad estadounidense contra «lo hispánico», sino un cambio en la distribución del poder tras las independencias americanas. La Doctrina Monroe de 1823 proclamó la oposición estadounidense a nuevas intervenciones o colonizaciones europeas en América. La documentación histórica del Departamento de Estado explica que Washington temía que potencias europeas —entre ellas España y Francia— ayudasen a restaurar el dominio colonial sobre las nuevas repúblicas; al mismo tiempo, Estados Unidos quería ampliar su comercio e influencia en ellas.

La preocupación estadounidense era inicialmente antieuropea más que antiespañola y geopolítica más que cultural. España importaba porque todavía era una potencia colonial americana, no porque Washington temiese una «comunidad hispánica» organizada. La diferencia es sustancial. 

La Doctrina Monroe separaba conceptualmente una esfera europea de una americana; Estados Unidos iría después convirtiendo ese principio defensivo en una pretensión cada vez más activa de primacía regional.

Mientras tanto, en España y en las nuevas repúblicas fue apareciendo otra respuesta al desmembramiento imperial español. Mark J. Van Aken, en el clásico «Pan-Hispanism: Its Origin and Development to 1866» (University of California Press, 1959), estudió la aparición de una idea de comunidad posimperial basada en historia, lengua y civilización compartidas. 
Investigaciones posteriores describen el panhispanismo de 1840-1860 como antecedente del «hispanoamericanismo», que adquirió densidad institucional desde la década de 1880. No significaba necesariamente restaurar el Imperio español: en amplios sectores pretendía reconstruir vínculos culturales, comerciales, académicos y diplomáticos entre Estados políticamente independientes.

Esta pluralidad es esencial. Existieron hispanoamericanismos conservadores, católicos, liberales y regeneracionistas. Instituciones académicas españolas del primer tercio del XX impulsaron intercambios con Hispanoamérica, y corrientes relacionadas con Rafael Altamira buscaban precisamente una reconciliación cultural y universitaria poscolonial. La «Junta para Ampliación de Estudios» y el «Centro de Estudios Históricos» situaron las relaciones científicas con las nuevas repúblicas americanas entre sus objetivos internacionales.

La fundación en Madrid de la «Unión Ibero-Americana» en 1885 representa bien esa institucionalización. Su actividad editorial, sus delegaciones americanas y sus iniciativas de intercambio, 
estaba destinada a reforzar relaciones económicas y culturales transatlánticas. 

Los fondos de la Biblioteca Nacional y del CSIC conservan su producción y describen expresamente su finalidad de acercamiento entre España, Portugal y las naciones americanas.

Apenas cuatro años después apareció una arquitectura rival de alcance mucho mayor. James G. Blaine consiguió reunir en Washington la Primera Conferencia Internacional Americana de 1889-1890, origen institucional del panamericanismo moderno. El propio Departamento de Estado recuerda que la iniciativa fue estadounidense y que Blaine buscaba acuerdos de arbitraje, reciprocidad y comercio con las repúblicas latinoamericanas. A largo plazo surgiría de esas conferencias una red interamericana con Washington en posición central.










El punto de ruptura de 1898

La Guerra Hispano-Estadounidense constituye la evidencia más poderosa de sustitución geopolítica de España por Estados Unidos, pero no puede explicarse como una guerra contra la Hispanidad. El Departamento de Estado estadounidense resume su resultado de manera inequívoca: acabó con el imperio colonial español en el hemisferio occidental, obligó a España a renunciar a Cuba y a ceder Puerto Rico, Guam y Filipinas, y consolidó a Estados Unidos como potencia del Pacífico.

Washington no estaba dispuesto a aceptar indefinidamente una presencia imperial europea en un espacio que consideraba progresivamente suyo. El lenguaje político estadounidense sigue interpretando retrospectivamente la guerra precisamente en esa clave. En un mensaje presidencial de diciembre de 2025, la Casa Blanca presentó la victoria de 1898 como el final del antiguo «foothold» europeo en el hemisferio y la vinculó expresamente con Monroe.

La propaganda tuvo un papel considerable. La prensa amarilla de William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer presentó atrocidades españolas, culpó rápidamente a España por la explosión del USS Maine pese a que la causa no estaba establecida y popularizó un clima belicista. La Library of Congress conserva portadas, caricaturas y el lema «Remember the Maine!». Sin embargo, la propia Library of Congress advierte de que la vieja explicación según la cual la prensa amarilla «causó» por sí sola la guerra ha perdido fuerza entre los historiadores.

El propio Gobierno estadounidense reconoce que la doctrina original no otorgaba automáticamente a Washington un derecho de intervención, mientras que Roosevelt la reinterpretó afirmando un papel de «international police power» ante crisis hemisféricas. Intervenciones posteriores en República Dominicana, Nicaragua y Haití muestran que la lógica hemisférica estadounidense era mucho más amplia que su relación con España.


Resultado para la tesis en el siglo XIX

Del hispanoamericanismo a la «Hispanidad»: Maeztu, José Antonio, Ledesma y Giménez Caballero

El salto conceptual de mayor importancia se produce en las décadas de 1920 y 1930. «Hispanidad» pasa a significar para determinados intelectuales mucho más que relaciones culturales con las antiguas colonias. Sin embargo, tampoco aquí hubo una doctrina única. La historiografía diferencia claramente el tradicionalismo de Acción Española, el nacional-sindicalista de Falange y las JONS y otras modalidades del nacionalismo.

Maeztu: comunidad espiritual antes que raza

Ramiro de Maeztu constituye la figura indispensable. En «Defensa de la Hispanidad» (Madrid, 1934), atribuye al sacerdote Zacarías de Vizcarra la formulación que proponía sustituir «Día de la Raza» por «Día de la Hispanidad». Su definición no era biológica: en la edición de 1934 afirma expresamente que la Hispanidad «no es una raza» y la articula alrededor de una historia, lengua y fe compartidas que permitían integrar pueblos de muy diferente origen étnico.

Esto importa porque la Hispanidad maeztiana no puede reducirse sin más a un proyecto de conquista territorial. Era una teoría de civilización que atribuía a España una misión histórica y espiritual.

No obstante, su contenido tenía consecuencias geopolíticas indirectas. Si el mundo hispánico constituía una comunidad espiritual distinta, las pretensiones de universalidad liberal, anglosajona o panamericana podían aparecer como competidoras. Esa oposición cultural alimentó discursos antiestadounidenses. El estudio de Daniel Fernández de Miguel sobre Ejército, Iglesia y Falange entre 1939 y 1953 demuestra que el antiamericanismo español fue también una variable significativa: la percepción de rivalidad era bilateral, no una obsesión exclusivamente estadounidense.

José Antonio: del vínculo cultural al «poder»

Con José Antonio Primo de Rivera la formulación es mucho más explícitamente política. El punto 3 de la Norma programática de Falange Española de las JONS, de noviembre de 1934, afirma: «Respecto a Hispanoamérica la aspiración a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder».
El mismo punto presenta a España como «eje espiritual del mundo hispánico» y reclama para ella preeminencia internacional.
Propone preservar Cervantes, la religión o una memoria histórica común. Aunque no existían medios materiales para convertir ese programa en una política efectiva, un diplomático estadounidense que leyera literalmente el programa podía interpretarlo razonablemente como una aspiración a formar un espacio hispanoamericano parcialmente autónomo respecto del sistema panamericano liderado por Washington.
El gobierno del general Franco trasladó prácticamente esa misma frase a su legislación. La Ley de 2 de noviembre de 1940 que creó el Consejo de la Hispanidad, declaró en su artículo segundo que quedarían bajo su competencia las actividades dirigidas a la «unificación de la cultura, de los intereses económicos y de poder relacionados con el mundo hispano».

Ledesma Ramos: revolucionario y secular

Ramiro Ledesma Ramos compartió la recuperación Hispánica, pero su genealogía intelectual no era idéntica a la de Maeztu. García de Jalón destaca la distancia entre el tradicionalismo católico de Acción Española y la visión nacional-sindicalista, revolucionaria y considerablemente más secular de Ledesma. El propio conflicto que esa secularidad producía con sectores eclesiásticos impide hablar de un único bloque doctrinal de la Hispanidad española.

Antonio de Luna, escribiendo en 1943 y citando a Ledesma, recogía una formulación particularmente ambiciosa: frente a una Europa considerada decadente, el «Imperio hispánico» debía encarnar una nueva cultura, un nuevo orden económico y una nueva jerarquía. Lo significativo no es tanto su viabilidad —extremadamente reducida— como que la retórica nacionalsindicalista concebía el mundo hispánico como posible espacio alternativo de organización política y civilizacional.

Giménez Caballero: latinidad y proyección diplomática

Ernesto Giménez Caballero llevó la identidad transnacional todavía más lejos. Douglas W. Foard ya señalaba en Journal of Contemporary History que su artículo de 15 de febrero de 1929 defendía este concepto, convirtiéndole en uno de los primeros grandes propagadores intelectuales de él. Obras posteriores como Genio de España y La nueva catolicidad intentaron encajar la regeneración española en un marco Hispánico.

Su caso resulta particularmente útil porque la teoría acabó convertida en diplomacia. Un estudio de 2022 sobre su etapa paraguaya identifica como ejes de su discurso la «Hispanidad, el mestizaje y la catolicidad», y analiza la sintonía política que desarrolló con el régimen de Alfredo Stroessner durante su carrera diplomática. Esto demuestra que sí se adquirieron interlocutores y redes latinoamericanas duraderas.

Sobre todo con el Consejo de la Hispanidad de 1940, adquirió estructura estatal.



Washington ante la Hispanidad: de la competencia panamericana a la alarma de 1939-1943

La Segunda Guerra Mundial representa el periodo en el que la afirmación inicial encuentra su mayor respaldo documental. Lo que inquietaba a Estados Unidos no era simplemente que españoles y latinoamericanos compartiesen idioma y cultura, sino que esa red pudiera convertirse en infraestructura política favorable a un régimen cercano al Eje.

La Ley de creación del Consejo de la Hispanidad de noviembre de 1940 era difícil de considerar puramente cultural. Presentaba a España como «eje espiritual del mundo Hispánico», hablaba de la Hispanidad como «concepto político», atribuía al nuevo Consejo una función rectora y, como se ha visto, contemplaba la «unificación» cultural, económica y de poder. Además, autorizaba al Ministerio de Asuntos Exteriores a reorganizar entidades españolas dedicadas a las relaciones con América y Filipinas.

La reacción de la prensa estadounidense fue rápida. Un estudio reciente de Rafael Escobedo Romero reconstruye titulares y debates de 1939-1941. The New York Times publicó el 8 de noviembre de 1940, un día después de aparecer la ley en el BOE, «Spain Forms Council For South America»; The New Leader presentó después el Consejo como cobertura para intereses alemanes, y el New York Times informó en marzo de 1941 sobre un «Franco Front» activo en el hemisferio occidental.

La prensa católica estadounidense resulta particularmente reveladora porque no reaccionó de manera monolítica. En Commonweal, sectores católicos consideraban ingenuo negar la dimensión política de la Hispanidad y reclamaban que el Consejo declarase abiertamente estar contra el nazismo y no contra Estados Unidos. En cambio, la revista jesuita America ofreció una lectura mucho más favorable: veía en la Hispanidad fundamentalmente un proyecto de unidad espiritual y cultural y denunció la influencia de la Leyenda Negra en la percepción estadounidense de España.

Falange Exterior

Los Foreign Relations of the United States son mucho más concluyentes que la prensa. En enero de 1943, una circular del secretario de Estado Cordell Hull sobre actividades falangistas en las repúblicas americanas recordaba instrucciones anteriores relativas a personas relacionadas con Falange. El Departamento señalaba que, cuando una organización falangista local ayudase al Eje o promoviese activamente una colaboración más estrecha entre España y el Eje, la pertenencia activa podía bastar para clasificar al individuo como destinatario comercial indeseable e incluirlo, cuando procediera, en la Proclaimed List.

La historiografía reciente obliga, no obstante, a rebajar el alcance real de esas redes. La investigación de M. Peñalba-Sotorrío sobre las redes falangistas latinoamericanas concluye que la influencia efectiva de Falange en América Latina fue limitada, entre otras razones por la fortaleza del panamericanismo estadounidense.

El documento decisivo: julio de 1943

El intercambio entre el embajador Carlton J. H. Hayes y Franco permite precisar extraordinariamente el problema. Hayes habló con Franco de la relación española con Hispanoamérica. Franco reconoció los vínculos económicos, geográficos y políticos estadounidenses con la región y expresó el temor de que Washington creyese que la Hispanidad tenía objetivos políticos y estaba dirigida contra Estados Unidos.

El embajador indicó que su Gobierno no compartía esa interpretación, aunque sí existía en la prensa popular estadounidense y tenía alguna justificación histórica. Añadió que, antes de que Jordana asumiera Exteriores, se había realizado un esfuerzo por utilizar la Hispanidad de aquella manera. Franco sostuvo que, de haberse producido, aquello había terminado.

Franco describió entonces los lazos entre España e Hispanoamérica como culturales y sentimentales y llegó a hablar de una «federación sentimental», imaginando una relación triangular y compatible entre Estados Unidos, España e Hispanoamérica. Hayes respondió en términos favorables y utilizó precisamente los sentimientos latinoamericanos contra el imperialismo hitleriano para recomendar a España un mayor alejamiento del Eje.

Washington sí temió una Hispanidad convertida en instrumento político, pero al menos en julio de 1943 su embajador dijo explícitamente a Franco que el Gobierno estadounidense no consideraba enemiga la Hispanidad cultural en sí misma.


La Comunidad Iberoamericana: influencia real, límites y cooperación con EEUU

Con el final de la Segunda Guerra Mundial y bajo el influjo de Alberto Martín-Artajo, predominó una formulación con expresiones como «Comunidad Hispánica de Naciones». Desde finales de los cincuenta y durante la transición se produjo una nueva desideologización, reforzándose la presentación de España como puente entre Europa y las naciones americanas.

El Consejo de la Hispanidad, creado en 1940, fue sustituido tras la guerra por el Instituto de Cultura Hispánica. La legislación de diciembre de 1945 transfirió personal y funciones al nuevo organismo, mientras su normativa posterior subrayó el mantenimiento de vínculos culturales entre los pueblos de la comunidad hispánica.

Becas, instituciones culturales, universidades, congresos profesionales y circulación de élites permitieron a España construir redes de influencia y legitimidad en Hispanoamérica durante años. La Hispanidad se convirtió así en una forma temprana de lo que hoy llamaríamos diplomacia cultural o poder blando.

En Argentina, investigaciones sobre el régimen de Juan Carlos Onganía muestran que el gobierno español proporcionó referencias ideológicas, corporativas y tecnocráticas a determinados sectores de argentina durante los años cincuenta y sesenta.
En Paraguay, como se ha señalado, Giménez Caballero encontró una considerable afinidad con Stroessner. La circulación de Hispanidad tuvo allí efectos concretos, pero tampoco produjo una estructura supranacional dirigida desde España.
En el peronismo argentino existieron asimismo apropiaciones de la idea de Hispanidad: Perón ensalzó la herencia española en su discurso del 12 de octubre de 1947, sin que ello convirtiese Argentina en satélite de Madrid. Este tipo de recepción demuestra que la influencia española podía ser culturalmente profunda y políticamente útil al receptor sin generar subordinación estratégica.

Ernesto Giménez Caballero y Alfredo Stroessner, junto a Gregorio Marañón y López Rodó, en una recepción de delegados del Instituto de Cultura Hispánica, julio de 1973 (El Nacional).

De adversario potencial a aliado estratégico

El cambio más contundente contra la hipótesis de una hostilidad fue la aproximación hispano-estadounidense durante la Guerra Fría. Los acuerdos de 1953 transformaron a España como socio militar estadounidense. Posteriormente España quedó plenamente incorporada al espacio occidental y a la OTAN. La descripción oficial del Departamento de Estado en su archivo 2021-2025 caracteriza a España y Estados Unidos como aliados estrechos.
La gran mutación final llegó en 1991. La I Cumbre Iberoamericana de Guadalajara reunió por primera vez a los jefes de Estado y de Gobierno de los países de lengua española y portuguesa para construir un espacio de concertación política, económica y cultural. A diferencia del Consejo de la Hispanidad de 1940, la nueva arquitectura no establecía preeminencia española ni «unificación de poder»: se basaba formalmente en Estados soberanos, diálogo, cooperación y solidaridad.
La continuidad de la propia doctrina estadounidense tampoco desapareció. En diciembre de 2025, el presidente Donald Trump reivindicó explícitamente la vigencia histórica de Monroe y afirmó estar reafirmando esa política frente a injerencias extranjeras en el continente. Es una prueba notable de la supervivencia del imaginario de primacía hemisférica estadounidense dos siglos después de 1823.

La cronología completa:

Cronología: España, Estados Unidos e Hispanoamérica
Principales hitos históricos y su lectura para la tesis
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FechaHitoLectura para la tesis
1823Doctrina MonroeNace la lógica estadounidense de exclusión de nuevas injerencias europeas.
1840-1860Primer panhispanismo posimperialEspaña reconstruye simbólicamente relaciones con el mundo hispánico.
1885Unión Ibero-AmericanaEl hispanoamericanismo adquiere estructura institucional.
1889-1890Conferencia Internacional AmericanaEstados Unidos institucionaliza una arquitectura interamericana propia.
1898Guerra Hispano-EstadounidenseSustitución geopolítica decisiva de España por Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico.
1904Corolario RooseveltLa Doctrina Monroe evoluciona hacia una formulación más intervencionista.
1920-1930Auge de los discursos de «Raza», hispanoamericanismoLa conexión americana se vuelve un elemento central del nacionalismo español.
1934Defensa de la Hispanidad y programa FE-JONSConvergen la concepción de una comunidad espiritual y la idea política de «poder» hispánico.
1940Consejo de la HispanidadLa fórmula falangista se institucionaliza en el Estado español.
1940-1943Alarma estadounidense por Falange ExteriorMáximo apoyo documental a la tesis.
1943Conversación Hayes-FrancoWashington distingue la Hispanidad cultural de su posible utilización antiestadounidense.
1945-1946Instituto de Cultura HispánicaDesplazamiento desde la retórica imperial hacia la diplomacia cultural.
1953Acuerdos hispano-estadounidensesEspaña pasa a convertirse en socio estratégico.
1975-1982Democratización e incorporación atlánticaSe refuerza la compatibilidad entre la vocación iberoamericana y la alianza occidental.
1991Primera Cumbre IberoamericanaSurge una comunidad multilateral, no una esfera española subordinada.
1997-2000Cuba y ColombiaWashington contempla los vínculos latinoamericanos de España también como una capacidad diplomática útil.
2025Renovación retórica de la Doctrina Monroe en Estados UnidosSigue viva la idea de primacía hemisférica, pero España no aparece como una amenaza.
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Nota: en pantallas pequeñas la tabla puede desplazarse horizontalmente para mantener la legibilidad.


Contraste historiográfico: qué confirman y qué niegan las principales escuelas

La historiografía puede organizarse en varias familias interpretativas. Ninguna por sí sola explica todo el periodo 1800-2025.

Enfoque historiográfico Autores y obras representativas Tesis principal Consecuencia para el planteamiento
Competencia hemisférica Sánchez Padilla, «¿En defensa de la Doctrina Monroe?» (2016); Ortemberg, «Panamericanismo, hispanoamericanismo y nacionalismo…» (2017) Panamericanismo estadounidense e hispanoamericanismos compitieron por símbolos, comercio, instituciones e influencia. Apoya la existencia de una rivalidad estructural, pero no prueba miedo permanente.
Panhispanismo posimperial Mark J. Van Aken, Pan-Hispanism (1959); Isidro Sepúlveda, El sueño de la madre patria (2005) La conexión americana fue una forma de reconstrucción nacional española tras la pérdida del imperio, con variantes culturales y políticas. Matiza: mucha actividad panhispánica perseguía prestigio y comunidad cultural, no poder estratégico.
Nacionalismo cultural y «Raza» David Marcilhacy, Raza hispana (2010) América se convirtió en componente central del imaginario nacional español de la Restauración. Explica por qué Iberoamérica importaba enormemente a España incluso sin capacidad imperial efectiva.
Hispanidad Estado Nacional García de Jalón, «Voluntad de Imperio» (2023); González Calleja sobre Falange Exterior Falangistas  transformaron conceptos anteriores en un proyecto de movilización imperial. Apoya con fuerza la posibilidad de que Estados Unidos interpretase determinadas redes como amenaza política.
Diplomacia cultural Estado Nacional Lorenzo Delgado, Imperio de papel (1992); Rosa Pardo, ¡Con Franco hacia el Imperio! (1995); Marcilhacy, «La Hispanidad bajo el franquismo» (2014) El régimen utilizó América para obtener legitimidad y compensar su aislamiento; la cultura era instrumento de política exterior. Confirma intencionalidad estatal, pero subraya la distancia entre retórica imperial y medios reales.
Amenaza del Eje y seguridad hemisférica FRUS 1942-43; Thomàs, La batalla del wolframio (2010); Fernández de Miguel (2006) Estados Unidos evaluó España en función de su neutralidad, Falange, Alemania y seguridad del hemisferio. Máximo apoyo a la tesis entre 1939 y 1943, pero por razones coyunturales de guerra mundial.
Revisionismo sobre la eficacia de Falange Peñalba-Sotorrío, estudio de redes falangistas (2024) Las aspiraciones fueron mayores que la penetración real; panamericanismo limitaron la red. Refuta las versiones maximalistas de un bloque hispánico realmente capaz de desafiar a Washington.
Historia transnacional de recepciones Weld sobre Guatemala; Kressel sobre Argentina; estudios sobre Giménez Caballero en Paraguay El franquismo tuvo impacto real, pero sus ideas fueron reinterpretadas por actores latinoamericanos autónomos. Influencia sí; subordinación continental a Madrid, no.



Principales enfoques historiográficos

La comparación historiográfica muestra una diferencia fundamental entre la existencia de proyectos, discursos y redes de influencia y su capacidad efectiva para configurar una alternativa estratégica al sistema interamericano liderado por Estados Unidos.

Secretario de Estado John Q. Adams,
autor de la doctrina Monroe y

sexto presidente de los Estados Unidos.
El principal error de una interpretación maximalista consiste en convertir una competencia de proyectos en una equivalencia de poder. Estados Unidos poseía desde finales del XIX una capacidad económica, naval, financiera y posteriormente militar incomparablemente superior a la española. El hispanoamericanismo podía disputar imaginarios, historia, religión, lengua y legitimidad; raramente podía disputar materialmente la hegemonía hemisférica.

El segundo error sería el contrario: reducir la Hispanidad a una inocente celebración cultural. Los textos de José Antonio y la Ley de 1940 impiden hacerlo. Cuando un programa oficial habla literalmente de «intereses económicos y de poder» y el Estado crea una institución para coordinarlos, la interpretación política estadounidense no puede desecharse como mera paranoia o Leyenda Negra.

El tercero consiste en tratar toda retórica estadounidense sobre Monroe como evidencia de «hispanofobia». La continuidad de Monroe es real, hasta el lenguaje presidencial de 2025, pero su objetivo general es excluir penetraciones estratégicas externas. En diferentes épocas el posible actor externo fue España, otras potencias europeas, el Eje, la Unión Soviética y, mucho más tarde, otros competidores. Que España pueda entrar dentro de esa lógica no convierte la lógica misma en antiespañola.


Conclusiones

EEUU ha sido históricamente muy temerosa a una articulación política de Hispanoamérica que escape a su primacía. Eso está ampliamente documentado. Monroe, Blaine, el panamericanismo, el Corolario Roosevelt, la actuación estadounidense en el Caribe y Centroamérica y la propia recuperación retórica de Monroe en 2025 forman una continuidad reconocible.

El vínculo especial de España con el mundo hispánico haya sido percibido en momentos concretos como un factor de competencia. En los años 1880 existieron desencuentros diplomáticos que activaron la lógica Monroe; el hispanoamericanismo se desarrolló al mismo tiempo que el panamericanismo estadounidense; y, sobre todo, entre 1939 y 1943 Washington vigiló seriamente Falange Exterior y sus conexiones latinoamericanas.

1898 confirma una voluntad estadounidense de expulsar la presencia imperial española de su entorno estratégico, Fue un conflicto relacionado con Cuba, el imperialismo de fin de siglo, la seguridad y la política interna estadounidense, la insurrección cubana, la prensa y la expansión hacia el Pacífico. 

La etapa 1940-43 es distinta y constituye la excepción más favorable al planteamiento de este trabajo. Por primera vez coinciden una ideología española que habla oficialmente de «unificación de poder» y una institución estatal dedicada a la Hispanidad. La reacción estadounidense dejó huella en prensa, diplomacia y medidas económicas.

La capacidad efectiva española fue además muy inferior a su retórica. La imagen de un inmenso bloque hispánico listo para seguir órdenes de Madrid perteneció mucho más a la propaganda y al temor de guerra que a la realidad. La penetración del Estado español fue  limitada, mientras que los casos de Argentina, Guatemala o Paraguay demuestran recepciones nacionales selectivas y autónomas. 

Desde 1953 la posición estratégica de España convirtió al antiguo sospechoso en socio estadounidense. Con la integración atlántica, España pasó a ser un aliado. En los años noventa y dos mil, Washington podía discrepar con Madrid sobre Cuba u otros expedientes y, simultáneamente, apreciar sus relaciones históricas con América Latina como instrumento diplomático útil.

Estados Unidos ha intentado impedir de forma recurrente que el espacio hispanoamericanos se articule como una esfera político-estratégica dependiente de una potencia externa o capaz de desafiar su primacía hemisférica. España fue considerada un competidor real o potencial en algunas etapas, y la Hispanidad provocó una alarma especialmente intensa cuando se vinculó a Falange durante los años 40.


Fuentes primarias consultadas, bibliografía esencial y evaluación documental

Se han priorizado documentos oficiales digitalizados, textos doctrinales originales, prensa histórica conservada en repositorios y estudios académicos.
  • James Monroe, Séptimo Mensaje Anual al Congreso / Doctrina Monroe | 2 diciembre 1823; National Archives y Office of the Historian | Fundamento doctrinal de la oposición a nueva intervención europea.
  • Documentación estadounidense sobre Blaine y panamericanismo | 1889-1890; Office of the Historian | Muestra institucionalización estadounidense de relaciones hemisféricas, arbitraje y comercio.
  • Prensa estadounidense digitalizada sobre 1898 | Library of Congress | Permite observar «Remember the Maine», propaganda y representación de España.
  • Ramiro de Maeztu, Defensa de la Hispanidad | Madrid, 1934, pp. 30-31 | Definición doctrinal de Hispanidad y rechazo de una concepción racial estricta.
  • José Antonio Primo de Rivera / FE de las JONS, Norma programática | Noviembre 1934, punto 3 | «Voluntad de Imperio» y unificación de cultura, intereses económicos y poder respecto de Hispanoamérica.
  • Ley de creación del Consejo de la Hispanidad | 2 noviembre 1940; BOE nº 312, 7 noviembre, p. 7649 | Institucionalización franquista y reproducción del vocabulario falangista sobre cultura, economía y poder.
  • Cordell Hull / Departamento de Estado, circular sobre Falange | 30 enero 1943; *FRUS 1943*, vol. V, doc. 297, pp. 308-309 | Evidencia primaria de vigilancia y medidas frente a falangistas vinculados al Eje.
  • Carlton J. H. Hayes, conversación con Franco | Madrid, julio 1943; *FRUS 1943*, Europe, vol. II, doc. 554, pp. 615-617 | Documento decisivo sobre percepción oficial de la Hispanidad y diferencia con la prensa.
  • Legislación de reorganización exterior española | 31 diciembre 1945 / BOE 2 enero 1946 | Paso del Consejo de la Hispanidad al Instituto de Cultura Hispánica.
  • Documentos oficiales estadounidenses sobre España y América Latina | 1990s-2000 | España aparece también como interlocutor útil por sus vínculos históricos con América Latina y Cuba.
  • Declaraciones y documentación de la I Cumbre Iberoamericana | Guadalajara, 1991; SEGIB | Nacimiento del moderno espacio iberoamericano multilateral.
  • Casa Blanca, mensaje sobre aniversario de la Doctrina Monroe | 2 diciembre 2025 | Evidencia de la persistencia del imaginario de primacía hemisférica estadounidense.
  • Mark J. Van Aken | Pan-Hispanism: Its Origin and Development to 1866, University of California Press, 1959 | Clásico imprescindible sobre los orígenes del panhispanismo decimonónico.
  • Isidro Sepúlveda Muñoz | El sueño de la madre patria. Hispanoamericanismo y nacionalismo, Marcial Pons, 2005 | Obra fundamental para relacionar americanismo y construcción nacional española; las secciones sobre conceptos y rivalidad panamericana son especialmente relevantes.
  • David Marcilhacy | Raza hispana. Hispanoamericanismo e imaginario nacional en la España de la Restauración, CEPC, 2010 | Referencia central para el hispanoamericanismo y la construcción simbólica de la comunidad transatlántica.
  • Rosa Pardo | ¡Con Franco hacia el Imperio! La política exterior española en América Latina 1939-1945, UNED, 1995 | Fundamental para la dimensión diplomática latinoamericana del primer franquismo.
  • Eduardo González Calleja | «El servicio exterior de Falange y la política exterior del primer franquismo», Hispania, 54, 1994, pp. 279-301 | Estudio clave sobre Falange Exterior y sus redes.
  • Daniel Fernández de Miguel | «El antiamericanismo en la España del primer franquismo (1939-1953): el Ejército, la Iglesia y Falange frente a Estados Unidos», Ayer, 62, 2006, pp. 257-282 | Esencial para comprender que la rivalidad ideológica funcionaba también desde España hacia EEUU.
  • Pablo Ortemberg | «Panamericanismo, hispanoamericanismo y nacionalismo…», Anuario IEHS, 32/1, 2017, pp. 99-110 | Excelente para estudiar competencia simbólica y diplomática entre proyectos americanos.
  • Rafael Á. Simón | «Falange Exterior (1936-1945): estado de la cuestión y líneas de investigación», Cuadernos de Historia Contemporánea, 43, 2021, pp. 351-374 | Síntesis reciente sobre redes falangistas exteriores.
  • M. Peñalba-Sotorrío | estudio de 2024 sobre redes falangistas latinoamericanas.

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