domingo, 12 de abril de 2026

Rashōmon 1950 de Akira Kurosawa

Drama, misterio, elementos psicológicos... y la obra cumbre de Kurosawa, según muchos expertos: «La mejor película japonesa jamás mostrada en Occidente. Introdujo el cine japonés a Occidente de forma definitiva

Elenco principal: Toshirō Mifune (Tajōmaru, el bandido), Machiko Kyō (Masako, la esposa), Masayuki Mori (Takehiro, el samurai), Takashi Shimura (el leñador), Minoru Chiaki (el sacerdote) y Kichijirō Ueda (el hombre común)  

Guion: Akira Kurosawa y Shinobu Hashimoto, basado en los relatos cortos: En un bosque (In a Grove, 1922) y Rashōmon (1915) de Ryūnosuke Akutagawa.

Premios: Gran Premio del Festival Internacional de Cine de Venecia (1951, primer filme japonés en ganar el máximo galardón); Oscar Honorífico de la Academia de Hollywood a la Mejor Película Extranjera (1952); nominación al Oscar a la Mejor Dirección Artística (Blanco y Negro, 1952). 


Kurosawa construye la narración mediante una estructura innovadora de cuatro testimonios contradictorios sobre un mismo crimen (una violación y un asesinato) en el bosque de Kioto durante la era Heian. 

La cinematografía de Kazuo Miyagawa es magistral: utiliza movimientos de cámara dinámicos, composiciones asimétricas y un juego de luces y sombras naturalistas (rodado en gran parte con luz solar real) que subraya la subjetividad de cada versión. 

El montaje, realizado por el propio Kurosawa, distingue formalmente cada relato mediante variaciones en la duración de planos, escalas de plano y ángulos de cámara, creando una experiencia casi documental de la memoria falible. 

Opiniones Críticas

Es considerada la obra cumbre de Kurosawa y un hito en la historia del cine mundial. Una de las películas más aclamadas del legendario director.

La revista Sight & Sound la describió como “una obra genuinamente original de arte” que podría enriquecer la técnica del cine occidental. 

La Criterion Collection la define como “la mejor película japonesa jamás mostrada en Occidente”, que transforma un sórdido crimen en una meditación sobre la verdad y la naturaleza humana. 

Críticos como David Bordwell y André Bazin han destacado su influencia, colocándola entre las obras que reinventaron el lenguaje cinematográfico del siglo XX.  


Curiosidades, Anécdotas y Elementos Poco Conocidos

Kurosawa empleó múltiples cámaras simultáneas en algunas secuencias del bosque para capturar reacciones auténticas sin repetir tomas, un método experimental que influyó en su técnica posterior. 

Toshirō Mifune improvisó parte de la ferocidad de Tajōmaru basándose en observaciones reales de un delincuente, y Machiko Kyō rodó las escenas más intensas bajo un calor extremo que reforzó la visceralidad de su interpretación. 

El filme introdujo el cine japonés a Occidente de forma definitiva, pero pocos saben que su estreno internacional casi se cancela por la reticencia de los distribuidores occidentales ante una obra “demasiado experimental”.

Zumalacárregui de Benito Pérez Galdós




Fuente: Zumalacárregui. Galdós, escritor de Historia. (Juan Pablo Fusi).


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1. La deuda, el desastre y el caudillo: apuntes sobre Galdós y Zumalacárregui

Tras clausurar la segunda serie de los Episodios Nacionales en 1879, Benito Pérez Galdós pareció haber agotado su diálogo con el pasado. Sin embargo, diecinueve años después, en el umbral del crepúsculo colonial de 1898, el maestro canario sintió el imperativo de una conciencia nacional que le exigía regresar al género. No fue un ejercicio de mera nostalgia, sino una urgencia por desentrañar la intrahistoria de una España que volvía a desmoronarse.

1.1. El detonante de las 6.000 pesetas: La literatura como salvación y soberanía

Aunque el genio literario suele revestirse de romanticismo, la génesis de la tercera serie galdosiana tuvo un origen marcadamente pragmático: la conquista de la independencia financiera. Tras un arduo litigio judicial contra su antiguo editor, Miguel Cámara, Galdós logró recuperar los derechos de propiedad intelectual de sus obras anteriores. Sin embargo, la victoria llegó con una carga: una fortísima indemnización de 6.000 pesetas de la época.

Para saldar esta deuda y escapar de lo que él llamaba "la parte del león" —esa porción abusiva de beneficios que el editor detraía al autor—, Galdós regresó a la narrativa histórica. Esta necesidad económica fue el catalizador que le permitió fundar su propia editorial y retomar el estudio sistemático de la construcción del Estado nacional español.


1.2. "Ficción Verosímil": El arte de sincronizar

Galdós. (Wikipedia)
Galdós definía su técnica como "ficción verosímil", donde la estructura novelesca y la cronología histórica se entrelazan. En esta obra, el hilo conductor es José Fago, un cura castrense aragonés, vehemente y psíquicamente inestable, cuya trayectoria se funde con la del caudillo carlista.

La maestría técnica de Galdós alcanza su cenit en un desenlace estremecedor: el autor hace morir a su protagonista ficticio (Fago) exactamente el mismo día (24 de junio de 1835) y en el mismo lugar (Zegama) que al personaje histórico.

Lejos de la idealización romántica que autores como Valle-Inclán proyectarían más tarde sobre el carlismo, el Zumalacárregui de Galdós es un hombre frío, metódico y de un pragmatismo implacable. El historiador que habita en Galdós no rehúye la atrocidad: documenta con detalle el endurecimiento de la guerra, incluyendo el fusilamiento de centenares de prisioneros.

Especialmente crudo es el episodio de Villafranca, donde el general ordenó quemar la torre de la iglesia con una treintena de milicianos liberales refugiados en su interior, castigando además durísimamente a sus familias, quienes fueron golpeadas y vejadas públicamente. Galdós describe al caudillo como una "página bella y triste de la historia española": bella por el genio táctico capaz de crear un ejército de la nada con apenas un puñado de voluntarios, pero triste por la ferocidad de una lucha que ignoraba la clemencia. Zumalacárregui no moriría en el campo de gloria, sino por la septicemia derivada de un pésimo tratamiento médico tras ser herido en la pierna durante el sitio de Bilbao.

1.3. 1898: Escribir sobre el pasado mientras el imperio se desvanece

Zumalacárregui. (Wikipedia).
Existe una sincronía dolorosa en la redacción de esta novela. Galdós trabajaba en ella entre los meses de abril y mayo de 1898, el periodo exacto en que la escuadra española era aniquilada en Cuba y Filipinas. Mientras el Imperio llegaba a su fin definitivo, Galdós advertía que la verdadera enfermedad de España era una guerra civil que había "invadido el cuerpo social nacional", impidiendo cualquier evolución ordenada.

Para el autor, recordar la Primera Guerra Carlista en pleno 1898 era un acto de regeneracionismo. Buscaba formar una conciencia nacional capaz de comprender que las fracturas internas del pasado eran las responsables de la impotencia del presente. Escribía sobre un colapso antiguo para intentar evitar el olvido de un colapso inminente.

El análisis histórico de Galdós no olvida la estadística del horror: las guerras carlistas se cobraron la vida de 150.000 personas en una nación que apenas contaba con 12 millones de habitantes. Esta sangría humana y económica supuso una pesada hipoteca para la construcción del Estado liberal y la monarquía constitucional en España.

Años más tarde, en su episodio final Cánovas, Galdós pondría en boca de su trasunto literario, Segismundo García Fajardo, una sentencia lapidaria sobre este medio siglo de conflictos: «Tan vivo es mi odio a ese medio siglo de lucha fratricida sin gloria y sin fruto que nada encuentro en él que pueda contentarme».


1.5. Conclusión: La inefable voluntad del individuo

Galdós nos enseña que la historia, lejos de ser una sucesión inevitable de hechos, suele pivotar sobre decisiones individuales incomprensibles. El destino de España pudo ser otro aquel 2 de noviembre de 1833, cuando Zumalacárregui abandonó Pamplona completamente solo y embozado en una capa para no ser reconocido, uniéndose a una pequeña partida que lo proclamaría comandante.

Al cerrar esta página bella y triste, nos queda una reflexión profunda: ¿Es nuestra nación el resultado de procesos geográficos inevitables, o somos simplemente las víctimas —o herederos— de un puñado de voluntades individuales incomprensibles? Galdós, el gran observador de nuestra alma colectiva, nos sugiere que, en el delicado equilibrio entre el genio de un hombre y el desastre de un pueblo, se escribe la verdadera historia de España.



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2. Los Orígenes de las Guerras Carlistas (1833): Una Guía de Aprendizaje

2.1. Introducción: El "Detonante" de una España Dividida

Para el estudiante de Historia Contemporánea, 1833 no es solo la fecha de una muerte real; es el año en que España inicia una trayectoria de construcción nacional insuficiente y, en muchos aspectos, fallida. Para comprender este "punto de no retorno", debemos adoptar la perspectiva de 1898, el año en que Benito Pérez Galdós escribió Zumalacárregui. Galdós retomó sus Episodios Nacionales en medio del "Desastre del 98", convencido de que la crisis finisecular de España era la consecuencia directa de no haber resuelto las tensiones nacidas en 1833. Las Guerras Carlistas no fueron un simple pleito entre reyes, sino una contienda que invadió el cuerpo social e hizo imposible una evolución ordenada del país.

"Detesto la guerra civil dinástica... ese medio siglo de lucha fratricida sin gloria y sin fruto que nada encuentro en el que pueda contentarme (...) una contienda que invadió el cuerpo social nacional e hizo imposible la evolución ordenada del país". (Benito Pérez Galdós, Cánovas, 1912).


2.2. El Pleito Sucesorio: ¿Quién tiene derecho al trono?

Carlos María Isidro de Borbón
(Wikipedia)
La chispa del conflicto fue la derogación de la Ley Sálica mediante la Pragmática Sanción de 1830. Fernando VII, tras su cuarto matrimonio, buscaba asegurar el trono para su hija Isabel, quien en 1833 era apenas una niña de tres años. Para el infante Carlos María Isidro y sus seguidores, esto no era una reforma legal, sino una usurpación que rompía la tradición y entregaba el poder a las facciones liberales que rodeaban a la regente María Cristina.





Personaje

Base de su legitimidad

Apoyo político principal

Isabel II (La "Reina niña")

Pragmática Sanción (1830): Abolición del veto femenino. Al morir el rey en 1833, ella tiene solo 3 años.

Liberalismo: Buscan un Estado constitucional, reformas administrativas y la secularización de las instituciones.

Carlos María Isidro (El "Pretendiente")

Tradición Sálica: Rechazo a la sucesión de una niña; defensa de las leyes del Antiguo Régimen.

Absolutismo / Tradicionalismo: Sectores opuestos a la modernidad liberal y defensores del poder absoluto real.


2.3. Radiografía del Carlismo: Más que una cuestión de reyes




El carlismo fue un movimiento contrarrevolucionario y ultramontano que surgió como respuesta defensiva ante la amenaza de secularización del modelo liberal. Lejos de ser un fenómeno puramente campesino, el carlismo fue un movimiento social transversal que movilizó a diversos sectores que se sentían desplazados por el nuevo orden.

  • Legitimidad dinástica: Encarnada en Carlos V. Para sus seguidores, el monarca era el garante de la continuidad histórica frente a la ruptura constitucional.
  • Religión católica (Ultramontanismo): La Iglesia era el cimiento del orden social. El bando insurgente incluía a gran parte del clero que veía en el liberalismo un enemigo de la fe.
  • Monarquía tradicional: Un rechazo frontal al parlamentarismo. Sus apoyos incluían no solo a campesinos, sino a la pequeña nobleza, artesanos y clases medias de núcleos semi-urbanos que temían perder su estatus bajo el individualismo liberal.

La geografía de la guerra reveló una fractura sociológica profunda. El carlismo dominó el entorno rural y las poblaciones "semi-urbanas" (Tolosa, Estella, Durango), mientras que las capitales se mantuvieron como bastiones del Estado liberal.

Existen tres razones estratégicas por las cuales ciudades como Bilbao, San Sebastián o Vitoria permanecieron fieles a Isabel II:

  1. Concentración del "andamiaje" estatal: Las capitales albergaban los juzgados, la beneficencia y las instituciones administrativas que constituían el esqueleto del nuevo Estado nacional.
  2. Predominio de las clases medias urbanas: Sectores comerciales y profesionales que identificaban el liberalismo con el progreso económico y la seguridad jurídica.
  3. Aislamiento del Carlismo: A pesar de los ataques constantes y el genio militar de sus líderes, el carlismo nunca logró conquistar una gran capital, lo que les impidió obtener reconocimiento internacional y recursos financieros clave.







2.4. Tomás de Zumalacárregui: El Genio Militar del Norte

Zumalacárregui. Wikipedia
Lejos de la idealización romántica posterior, Tomás de Zumalacárregui fue un militar frío, metódico y pragmático. Su genio no residió en el heroísmo caballeroso, sino en su capacidad técnica para transformar partidas dispersas y mal armadas en un ejército capaz de desquiciar a las tropas regulares del Estado. Sin embargo, su eficacia militar estuvo acompañada de una dureza implacable:

  • Disciplina y crueldad: No dudó en fusilar a sus propios soldados para imponer disciplina ni a centenares de prisioneros. Un hito de esta brutalidad fue el incendio de la torre de la iglesia de Villafranca, donde mandó quemar a una treintena de milicianos refugiados para luego fusilar a los supervivientes.
  • Talento táctico: Logró victorias audaces en Alegría, Arquijas y Artaza, utilizando el conocimiento del terreno para batir a ejércitos muy superiores en número.

La guerra civil (1833-1840) dejó un saldo de 150.000 muertos en una población de apenas 12 millones. Esta sangría no solo devastó la demografía, sino que hipotecó decisivamente la construcción del Estado liberal, consumiendo recursos que deberían haberse destinado a la modernización y dejando una huella de inestabilidad permanente.



 

2.5. La Cuestión Foral: Desmitificación para el Estudiante

Uno de los mitos más persistentes es que el carlismo se levantó en 1833 para defender los "fueros". La evidencia histórica desmiente esta causalidad inicial.

Mito

Realidad Histórica

Los carlistas se sublevaron en 1833 para defender los fueros vascos y navarros.

La palabra "fueros" no aparece en las proclamas o bandos iniciales de Zumalacárregui. El alzamiento fue estrictamente absolutista y religioso.

La abolición de los fueros fue la causa de la guerra.

Fue al revés: Las guerras carlistas causaron la abolición o modificación de los fueros. La bandera foral solo fue agitada por la propaganda carlista a partir de 1834-1835 como herramienta política.

Los fueros son una cuestión del pasado.

El conflicto foral derivado de estas guerras llevó a las leyes de 1839 y 1876, cuyas consecuencias y vigencia aún resuenan en las disposiciones de la Constitución de 1978.


2.6. Conclusión: El Legado de una Guerra no cerrada

Aunque el Convenio de Vergara (1839) puso fin a la primera fase militar, las heridas del carlismo marcaron el ADN de la España contemporánea. La victoria liberal consolidó el sistema parlamentario, pero a un coste institucional altísimo:

  1. Protagonismo del estamento militar: La incapacidad del Estado para ganar la guerra rápidamente otorgó al ejército un papel político excesivo. Los generales (como Espartero) se convirtieron en los verdaderos árbitros del poder civil.
  2. El "Mito de Zumalacárregui": Tras su muerte en 1835, el general fue transformado de un militar real y cruel en un icono romántico. Autores como Chaho (1836) lo elevaron a la categoría de caudillo de la independencia, sentando las bases de futuros mitos identitarios y del protonacionalismo.
  3. Una nación hipotecada: Como sentenció Galdós, fue una lucha "sin gloria y sin fruto". La guerra agotó las arcas públicas y generó una desconfianza social que impediría que España entrara en el siglo XX como una nación plenamente integrada y estable.













3. El Impacto de Zumalacárregui en la Construcción de la España Contemporánea

3.1. El Despertar de 1898: Contexto y Motivación de la Exégesis Galdosiana

El retorno de Benito Pérez Galdós a la narrativa de los Episodios Nacionales en 1898 no constituye un mero recurso literario, sino una respuesta intelectual ante el colapso de la teleología del progreso liberal. El "Desastre del 98" actuó como el catalizador de lo que Azorín definiría como la "Crisis de la Conciencia Nacional", una postración que obligó a Galdós a escrutar el siglo XIX para desentrañar las causas del fracaso del Estado. Aunque el autor decidió retomar la serie en 1897, la redacción de Zumalacárregui se demoró debido a la preparación de su discurso de ingreso en la Real Academia Española, iniciándose finalmente en abril de 1898, en plena destrucción de la escuadra española en Cuba y Filipinas.

Este giro historiográfico galdosiano respondió a tres imperativos fundamentales:

  • Económicos: La necesidad perentoria de sufragar una indemnización de seis mil pesetas a su antiguo editor, Miguel de la Cámara, tras un pleito legal para recuperar sus derechos de autor y fundar su propio sello editorial.
  • Literarios: La convicción de que la historia decimonónica era el sustrato necesario de toda su novelística, siendo las "Novelas Contemporáneas" como Fortunata y Jacinta inseparables del análisis del tejido político nacional.
  • Ideológicos: El propósito de formar una "conciencia nacional" mediante el conocimiento de la historia inmediata, identificando en la figura del caudillo carlista el origen de la fractura social española.

Galdós comprendió que el destino de la nación se encontraba ligado a la necesidad de entender este "fracaso nacional" a través de la figura central de Zumalacárregui, cuya insurgencia condicionó la viabilidad del proyecto liberal.


3.2. El Genio Organizativo: Del Embrión de Estella al Ejército Regular

La insurrección carlista de 1833, tras el fallecimiento de Fernando VII, se manifestó inicialmente como un conglomerado de partidas mal organizadas y carentes de estructura. Fue la intervención de Tomás de Zumalacárregui —quien servía como Coronel en Pamplona antes de unirse a la causa— la que operó la transformación técnica de estas milicias en un "principio de ejército". Este proceso de institucionalización militar permitió al carlismo fijar las bases de un Estado embrionario en tierras de Estella, desafiando la hegemonía de un ejército regular de 200.000 hombres con apenas 30.000 efectivos.

La arquitectura militar de Zumalacárregui se cimentó sobre tres ejes estratégicos:

  • Control del Baluarte Geográfico: El establecimiento del valle de las Améscoas como una base logística y defensiva inexpugnable, aprovechando la orografía navarra para neutralizar la superioridad numérica enemiga.
  • Superación de la Precariedad Material: Ante la carencia de fondos y artillería, se priorizaron acciones de gran calado simbólico, como la recuperación del cañón abandonado en Ondarroa. Galdós traslada este hecho real a la trama novelesca mediante la misión encargada al cura José Fago, cuyas intuiciones estratégicas fascinaban al General.
  • Consolidación Territorial: La liberación de amplias zonas de Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra, que dotó al movimiento de una profundidad operativa inaudita para una insurgencia de base rural y artesanal.

Esta sólida estructura militar fue la plataforma necesaria para que la inteligencia táctica de Zumalacárregui desarticulara sistemáticamente las ofensivas gubernamentales en el campo de batalla.









3.3. Inteligencia Táctica y Ofensivas Militares (1834-1835)

La superioridad material del bando cristino se reveló estéril ante la competencia e inteligencia táctica del caudillo carlista. Zumalacárregui diseñó una dirección de mando caracterizada por un equilibrio milimétrico entre la movilidad, la astucia, la energía y la prudencia, logrando desquiciar a los mandos liberales más experimentados.

Los hitos de esta superioridad operativa se concentraron en la "ofensiva de primavera" de 1835:

  • Victorias en Alegría, Arquijas y Artaza: Estos enfrentamientos operaron como llaves estratégicas de las Améscoas, consolidando el dominio carlista sobre el interior y el sur de las provincias vascongadas.
  • El descalabro del General Valdés: En abril de 1835, Zumalacárregui aniquiló la capacidad operativa de un ejército expedicionario de 35.000 hombres que pretendía penetrar en el baluarte insurgente.
  • Neutralización de Espoz y Mina: Entre finales de 1834 y principios de 1835, el general carlista logró derrotar repetidamente al veterano héroe de la Guerra de la Independencia, entonces jefe del ejército liberal del norte.

Este éxito militar arrollador, que proyectaba una marcha definitiva sobre Madrid, se vio truncado por la decisión política impuesta por el Cuartel Real Carlista de sitiar Bilbao, alterando irreversiblemente la trayectoria de la contienda.










3.4. El Personaje frente al Mito: Pragmatismo, Crueldad y "Ficción Verosímil"

Galdós construye en su episodio una "ficción verosímil" que desmitifica la figura de Zumalacárregui, alejándola de la posterior idealización romántica de autores como Valle-Inclán o Benjamín Jarnés. El historiador y novelista retrata a un hombre que, en 1833, abandonó Pamplona "completamente solo embozado en una capa para no ser reconocido", subrayando la naturaleza individual y técnica de su compromiso.

  • Realidad Histórica y Praxis Bélica: Lejos de ser un héroe romántico, Zumalacárregui fue un militar frío, metódico y pragmático. Fue responsable del endurecimiento de la guerra, ejecutando a centenares de prisioneros y protagonizando episodios de crueldad extrema, como el incendio de la torre de la iglesia de Villafranca con treinta milicianos en su interior y el posterior fusilamiento de los supervivientes.
  • La "Página Bella y Triste": Galdós describe al General con una sobria dignidad: de alta estatura, mirada penetrante y austero en su conducta. El autor utiliza el horror de Villafranca para orquestar el primer encuentro entre el ficticio José Fago y el General histórico, fusionando la biografía con la narrativa.
  • Desmitificación Socio-Política: Se refuta la tesis del carlismo como un movimiento proto-nacionalista vasco (falsedad propagada por autores como Chaho en 1836). El conflicto fue una "guerra española" de naturaleza contrarrevolucionaria, con una base social que incluía no solo al campesinado, sino a clases medias y artesanales de núcleos semi-urbanos. La cuestión foral no fue el detonante, pues los "Fueros" no aparecieron en la propaganda carlista hasta 1834-1835.


3.5. El Sitio de Bilbao y la Septicemia: El Colapso de la Realidad Histórica

El asedio de Bilbao en junio de 1835 representó una imposición estratégica del entorno de Don Carlos, contraria a la visión de Zumalacárregui de un golpe rápido sobre la capital. El 10 de junio, durante el sitio, una bala que rebotó hirió al general en la pierna derecha. Su traslado a Zegama y el posterior tratamiento médico, calificado como "pésimo", derivaron en una septicemia fatal que acabó con su vida el 24 de junio de 1835.

Galdós utiliza la figura de José Fago para otorgar un cierre simbólico a este desastre. El cura aragonés, cuyos delirios estratégicos y obsesión con Saloma Ulíbarri representan la inestabilidad psíquica de una España en guerra, muere inopinadamente el mismo día y en el mismo lugar que el General. La desaparición del caudillo carlista no solo supuso el fin de la iniciativa militar de la insurgencia, sino que inauguró un largo estancamiento que desangraría al país hasta el Convenio de Vergara.









3.6. Conclusión: El conflicto frenó la construcción del Estado y de la monarquía constitucional.

En la madurez de 1898, Galdós concluye que la Primera Guerra Carlista fue una patología que "invadió el cuerpo social nacional", impidiendo la evolución ordenada de la nación. El autor expresa un odio profundo hacia ese medio siglo de lucha fratricida "sin gloria y sin fruto".

La magnitud del desastre se refleja en datos técnicos desoladores:

  • Coste Humano: 150.000 muertos en una población de apenas 12 millones de habitantes.
  • Hipoteca Institucional: El conflicto frenó la construcción del Estado y de la monarquía constitucional.
  • Debilitamiento del Estado: La prolongación innecesaria de la guerra alimentó el caos financiero, el desorden administrativo y la crisis política de la regencia de María Cristina, condicionando el desarrollo de España durante el resto del siglo.
Tomás de Zumalacárregui constituye una "razón biográfica" imprescindible en la historiografía española del siglo XIX, situándose al nivel de otras figuras nominales de los Episodios Nacionales como El Empecinado, Mendizábal, Prim o Cánovas. Su biografía demuestra que el curso de la historia no es un proceso impersonal, sino que depende de decisiones individuales críticas, como su salida solitaria de Pamplona embozado en una capa.

Bajo la mirada de Galdós, Zumalacárregui fue el genio militar que pudo haber alterado el destino de España, pero que terminó simbolizando la hipoteca de una nación que se desangró en su proceso de formación. Su legado historiográfico, por tanto, oscila entre el reconocimiento a su talento organizativo y la denuncia de una contienda que, en palabras del autor, dejó al país en una postración cuya sombra aún se proyectaba sobre el amargo ocaso de 1898.


Fuentes

  • Galdós y Zumalacárregui: El Despertar de la Tercera Serie.
  • Transcripción del vídeo "Zumalacárregui. Galdós, escritor de Historia.", subido por el canal de YouTube de la "Real Academia de la Historia".

sábado, 4 de abril de 2026

Los Diez Mandamientos (1923) de Cecil B. DeMille

Título original: «The Ten Commandments»

Guion: Jeanie MacPherson (basado en una idea surgida de un concurso público convocado por el propio DeMille en *The Los Angeles Times*)  

Elenco principal:  

- Theodore Roberts como Moisés  

- Charles de Rochefort como Ramsés  

- Estelle Taylor como Miriam  

- Julia Faye como la esposa del Faraón  

- En la historia moderna: Richard Dix (John McTavish), Rod La Rocque (Dan McTavish), Leatrice Joy y Nita Naldi  


Se considera el nacimiento de la «Fórmula DeMille»: una mezcla contradictoria de grandiosidad espiritual, efectos especiales de vanguardia y un moralismo tan pesado que roza la hipocresía.

La película se estructura en dos partes claramente diferenciadas: un prólogo bíblico que narra el Éxodo y la entrega de los Mandamientos, y una historia paralela ambientada en la América de los años 20 que ilustra las consecuencias de transgredirlos en la vida contemporánea. Forma parte de la trilogía bíblica de DeMille, junto a *El rey de reyes* (1927) y *El signo de la cruz* (1932).


Contó con un presupuesto de 1,4 millones de dólares (una cifra astronómica) y levantó en las dunas de Guadalupe-Nipomo un Egipto de pesadilla y asombro: cuatro faraones de 35 pies y 21 esfinges custodiando puertas de 110 pies de altura.

Lo que eleva esta obra por encima de otros dramas es su innovación técnica. El uso pionero del Technicolor de dos colores y el proceso Handschiegl para el tintado manual de las plagas y la partición del Mar. Ver a miles de extras reales moviéndose entre esas moles de yeso genera un vértigo que el cine moderno ha sido incapaz de replicar.


La crítica contemporánea elogió especialmente las escenas bíblicas: “las escenas iniciales del Éxodo son irresistibles en su ensamblaje, amplitud, color y dirección; son enormes y tan atractivas como su escala”, pero coinciden en que la historia moderna resulta anticuada, moralista y “involuntariamente hilarante” por su tono sermoneador. 

Se la reconoce como precursora directa de la versión de 1956 y como ejemplo paradigmático del estilo DeMille.


Tras el rodaje, los sets monumentales fueron abandonados y sepultados por las dunas de California, convirtiéndose en un yacimiento arqueológico cinematográfico único que solo fue rescatado entre 2012 y 2014.

«Los Diez Mandamientos» (1923) es un tesoro del cine mudo que sobrevive hoy no por su guion didáctico, sino por la audacia de un director que se atrevió a construir un imperio de yeso para recordarnos que, en el cine, la escala sí importa.

jueves, 2 de abril de 2026

The King of Kings 1927

Director: Cecil B. DeMille  

Guion: Jeanie Macpherson  

Género: Drama épico religioso / película muda con partitura sincronizada  

Elenco principal: H.B. Warner (Jesús), Dorothy Cumming (María, la madre), Jacqueline Logan (María Magdalena), Ernest Torrence (Pedro), Joseph Schildkraut (Judas Iscariote), Victor Varconi (Poncio Pilato)  

Premios y reconocimientos: Sin nominaciones Oscar (la Academia aún no premiaba categorías técnicas con regularidad), pero la crítica contemporánea la consideró la obra maestra de DeMille.  


La iluminación es especialmente cuidada: Jesús aparece bañado en una luz etérea y difusa que genera un halo casi sobrenatural sin caer en lo caricaturesco, técnica que el propio DeMille denominaba “luz santa”.  

Opiniones críticas consolidadas:

  • The Film Daily (1927) afirmó: “No se puede decir más que elogios por la reverencia y el aprecio con que se ha desarrollado la hermosa historia… 
  • The King of Kings es tremenda desde todo punto de vista. Es la pieza de artesanía cinematográfica más fina jamás producida por DeMille”.
  • Photoplay la calificó como “el mayor esfuerzo cinematográfico de Cecil B. DeMille” y “una visualización sincera y reverente de los últimos tres años de la vida de Cristo”. 
  • Norbert Lusk, en Picture Play, la declaró “la obra maestra de DeMille y una de las mayores de todas las películas”.  

La crítica especializada posterior (Criterion Collection, TCM, Film Quarterly) coincide en destacar su valor como la realización más elaborada del cine mudo del “mayor relato jamás contado”, subrayando su ortodoxia protestante y su capacidad para emocionar incluso a espectadores no religiosos. Algunas voces modernas señalan que su reverencia roza lo convencional, pero reconocen que la excelencia técnica y la contención interpretativa de H.B. Warner la sitúan muy por encima de otras versiones cinematográficas de la vida de Cristo.

Aunque la película se presenta como una narración directa y reverente de los Evangelios, DeMille insertó un subtexto ecuménico deliberado: buscó una versión “universal” del cristianismo que evitara divisiones doctrinales, lo que explica la ausencia de referencias explícitas a dogmas católicos o protestantes específicos.  

Entre las curiosidades de producción destacan las estrictas normas impuestas por DeMille para preservar la sacralidad: todos los actores debían comportarse según su personaje incluso fuera de cámara; H.B. Warner (que tenía 50 años) firmó un contrato que le prohibía hablar con nadie excepto el director y aparecer en público durante el rodaje; Dorothy Cumming (María) se comprometió a someter sus próximos cinco papeles a la aprobación personal de DeMille. Cada mañana se celebraba misa en el set y se reproducía “Onward, Christian Soldiers” para crear el ambiente adecuado. 

lunes, 30 de marzo de 2026

Nefarious (2023)

Thriller psicológico de horror. Se basa en la novela "A Nefarious Plot" (2016) de Steve Deace.  

Elenco principal: Sean Patrick Flanery (Edward Wayne Brady / Nefarious), Jordan Belfi (Dr. James Martin), Tom Ohmer (Warden Tom Moss) y un breve cameo de Glenn Beck.

Un psiquiatra de renombre, el Dr. James Martin (Jordan Belfi), es convocado de urgencia a una prisión estatal para realizar una evaluación psicológica de última hora a Edward Wayne Brady (Sean Patrick Flanery), un asesino en serie condenado a muerte y programado para su ejecución esa misma noche. Brady afirma estar poseído por un demonio llamado Nefarious, quien toma el control de la entrevista y entabla con el doctor una batalla verbal de ingenio. A lo largo de la noche, el demonio desmantela sistemáticamente las convicciones ateas del psiquiatra, revela verdades incómodas sobre la sociedad contemporánea y profetiza tres asesinatos que el propio Dr. Martin cometerá antes de que termine el día. La acción se concentra casi por completo en la sala de interrogatorios, convirtiendo el encuentro en un duelo dialéctico entre fe y escepticismo, posesión demoníaca y libre albedrío.

Valoraciones cuantitativas son curiosas, los expertos en Rotten Tomatoes 35 % (basado en críticas profesionales) pero la Audience Score 96 %. ¿Por qué? 



Es una obra que se sostiene casi exclusivamente sobre el duelo actoral y la fuerza de su premisa dialéctica.

La película se encuadra en el subgénero de cámara o «pieza de cámara». Al desarrollarse mayoritariamente en una sala de interrogatorios, la responsabilidad recae en el guion y las actuaciones. En este aspecto, Sean Patrick Flanery realiza un trabajo extraordinario.

La película no intenta ser un «thriller» de terror convencional; es, en esencia, una apologética invertida. El guion utiliza al demonio como un vehículo para exponer una visión del mundo muy específica sobre temas morales contemporáneos.

martes, 24 de marzo de 2026

El Relato vence hasta en la Música: La Mediocridad de Lennon frente al Genio de McCartney

En la historia de la música moderna, la verdad ha sido secuestrada por el relato (también). Nos han vendido una narrativa: «John Lennon el mártir intelectual y profeta de la vanguardia».

Los siguientes datos son demoledores. Mientras McCartney dictaba las reglas de la nueva década con una disciplina de hierro y una creatividad volcánica, Lennon vivía del crédito acumulado en los años 60.

Paul no solo vendía más; Paul proponía más. Cada LP de Wings era un avance en la ingeniería de sonido y en la narrativa del pop. Lennon, en solitario, fue un artista de singles y de "discurso" personal.

El relato se destruye con la frialdad de los datos. Si analizamos la realidad musical, la vanguardia londinense de la época y, sobre todo, la producción discográfica post-1970, la conclusión es demoledora: 

«Paul McCartney era el puntal absoluto de la cultura moderna, mientras que Lennon, fuera de la órbita de Paul, entregó una discografía errática, mediocre y sostenida únicamente por su propio personaje».


1. La Grandiosidad de la Era McCartney-Wings

Mientras el mundo se distraía con las proclamas de Lennon, Paul McCartney estaba ocupado redefiniendo el rock de estadios y la sofisticación del estudio. La etapa inicial de su carrera en solitario y con Wings no es solo "buena", es una exhibición de poderío musical que deja a Lennon en la prehistoria.

  • 'Ram' (1971): La invención del Indie. Antes de que existiera el concepto de "pop alternativo", Paul ya lo había inventado en su granja. Ram es un despliegue de capas sonoras, armonías imposibles y una producción que hoy es el manual de instrucciones de toda la música moderna.

  • 'Band on the Run' (1973): La obra maestra técnica. Mientras Lennon se hundía en producciones descuidadas, McCartney viajaba a Lagos para parir un álbum conceptualmente perfecto. La complejidad de sus arreglos y su capacidad multi-instrumentista demostraron que Paul era, en sí mismo, una orquesta de vanguardia.

  • 'Venus and Mars' y 'Wings at the Speed of Sound': Paul no solo escribía canciones; construía imperios sonoros. Su capacidad para dominar el sintetizador, el bajo melódico y la estructura sinfónica del rock dejó a sus contemporáneos en la cuneta.



1.1. El Espejismo de Lennon: Una Discografía Mediocre

Si quitamos el aura de leyenda póstuma, la discografía de Lennon en solitario es, en su gran mayoría, prescindible.

Tras el impacto visceral de su primer disco confesional, John se perdió en el panfleto político barato y en una alarmante falta de dirección musical. Mientras Paul innovaba, John se limitaba a reciclar estructuras de rock & roll básico de los años 50, envueltas en una producción plana y, a menudo, aburrida. 

Álbumes como Some Time in New York City o Mind Games son el testimonio de un artista que, sin el rigor y la competencia de Paul, carecía de brújula creativa. Lennon se convirtió en un icono por lo que decía, pero como músico, estaba a años luz de la relevancia de su ex-socio.


1.2. El Alma de los Beatles y el Motor de la Vanguardia

El relato oficial otorga a Lennon el título de "experimental" por su unión con Yoko Ono. Es una mentira técnica. El verdadero puente entre el underground londinense y el pop masivo fue McCartney.

  • El Arquitecto del Sonido: Mientras John vivía un retiro burgués, Paul frecuentaba la Indica Gallery, experimentaba con música electrónica y traía los tape loops a Abbey Road. Sin la curiosidad intelectual de Paul, los Beatles habrían muerto como una banda de rock convencional.

  • Influencia en los Gigantes: Pete Townshend de The Who o los jóvenes Pink Floyd no miraban a Lennon para aprender composición; miraban a McCartney. Su ambición narrativa y su perfeccionismo melódico fueron el estándar que obligó a toda la escena de Londres a evolucionar hacia la modernidad.


1.3. Conclusión: El Puntal frente a la Sombra

El "relato" de Lennon es lo que cuenta para los biógrafos, pero la música es lo que cuenta para la historia. John Lennon se convirtió en un póster, en un símbolo de una era, pero como creador sonoro fue una sombra errática.

Paul McCartney fue el verdadero genio. Fue el hombre que sacó al rock de las cavernas y lo llevó a la sofisticación técnica. Mientras el mundo sigue comprando el mito del mártir rebelde, la música moderna sigue respirando gracias a los cimientos que Paul construyó. En el ámbito cultural moderno, McCartney era el puntal; Lennon estaba, sencillamente, en otra galaxia inferior.



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