A vueltas con Ernesto Giménez Caballero y su libro «Memorias de un dictador» 1979. Lo tituló así —nota para quienes no pasan de leer un post de Facebook— porque se lo «dictó» a la persona que le envió la editorial Planeta para poner por escrito sus recuerdos. Pero también un doble sentido muy propio de Giménez Caballero.
Hablamos en esta entrada del blog de la parte de las memorias de Gecé, donde detalla cómo se conformó «La Gaceta Literaria» y del ambiente cultural en torno a la Generación del 27. Y es abrumador. No sé si por su ego, que debía de ser estratosférico y que, por supuesto, se plasmaba en sus letras, pero la cantidad de literatos, intelectuales, artistas y relaciones que nombra, llega a marear.
Sigue pesado con su superlativa admiración por Europa y por Estrasburgo, donde habla de todo lo grande de Europa y, en contraste, de todo lo que considera pobre, atrasado o defectuoso en España y en África. Esa Europa que tanto le impresiona. Claro que fue alumno de Ortega.Volviendo a «Memorias de un dictador», en la parte en que describe cómo se configura «La Gaceta Literaria», con quién habla, con quién se relaciona y a quién atrae para levantar aquel proyecto, el resultado apabulla. En dos o tres páginas impresiona cómo escribe, cómo se expresa con nombres, influencias y afinidades. Y estamos hablando de una edición de 1979: párrafos densos llenos de palabras que tienes que buscar su significado. Hay páginas en las que un lector tan mediocre como yo puede no entender diez o quince palabras. No sé si eso nace de su ego desmedido, para impresionar o, creo realmente, de una cultura literaria poco común.
La formación de «La Gaceta Literaria», sus relaciones personales, el Cine-Club Español —que también impulsó él—, Larra, el 98, Guillermo de Torre, Alberti, Miguel Hernández, Lorca, Bergamín, Dalí, Buñuel, Ramón Gómez de la Serna... «gaceteros»...
Gecé fue protagonista o precursor de uno de los momentos más brillantes y decisivos de la cultura española del siglo XX.

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