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Pero la historiografía académica lleva tiempo corrigiendo ese relato: mucho antes que Bruce, un jesuita español llamado Pedro Páez Jaramillo había llegado al manantial de Gish Abay y había dejado la primera descripción europea fiable y extensa del lugar. La fecha que hoy maneja la bibliografía más sólida es el 21 de abril de 1618. Y Bruce no llegó allí hasta 1770, es decir, 152 años después.
Una vida novelesca
La vida de Pedro Páez, por lo demás, basta por sí sola para explicar por qué su figura terminó envuelta en una aureola casi novelesca. Nacido en 1564 en Olmeda de las Fuentes, por entonces Olmeda de la Cebolla, ingresó en la Compañía de Jesús y partió hacia Oriente a finales del siglo XVI.
En 1589, cuando intentaba llegar a Etiopía junto al también jesuita Antonio de Montserrat, fue apresado en la costa de Arabia y conducido a Yemen. Permaneció aproximadamente siete años cautivo en Saná, pasó por trabajos forzados y llegó a servir como remero en una galera turca del mar Rojo. Fue rescatado en 1596. Fue un cautiverio prolongado bajo control otomano.
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Sobrevivió a un sistema de rutas, cautiverios y controles políticos extremadamente hostil y acabó encontrando una vía de entrada.
Su período en Etiopía
La propia bibliografía sobre la misión jesuítica sitúa en la década de 1550 el arranque de una presencia católica estable en Etiopía. Páez no fue, por tanto, el primer europeo en pisar el país, sino la gran figura de la segunda fase de la misión jesuítica.
Ahí reside, en realidad, la dimensión histórica más seria de Pedro Páez. Su Historia de Etiopía, redactada entre los últimos años de su vida y hoy recuperada por la edición crítica de la Hakluyt Society, está considerada por la investigación contemporánea como un documento capital para conocer la Etiopía del siglo XVII, la misión jesuítica y la circulación de saberes entre Europa y el Cuerno de África.
No fue sólo un misionero. Fue también un escritor de enorme capacidad descriptiva, un mediador cultural y un autor que trabajó con materiales europeos y etíopes con una densidad poco común para su tiempo.
| Massawa en el s. XIX |
El episodio decisivo llegó en abril de 1618. Ese día, acompañando al séquito del emperador Susenyos, Páez visitó el pequeño manantial de Gish Abay, en la cuenca del lago Tana, del que nace el gran afluente que después se convertirá en el Nilo Azul. Páez fue el primer europeo que dejó una descripción completa y fiable del lugar.
Fue James Bruce quien, siglo y medio más tarde, se quedó con la gloria pública. Su viaje de 1770 y, sobre todo, la repercusión editorial de sus Travels fijaron en la memoria europea la imagen del escocés como gran revelador de las fuentes. Sin embargo, la literatura especializada recuerda desde hace tiempo que Bruce llegó después, y que su prioridad fue cuestionada ya en su propia época.
Lo que ocurrió fue otra cosa: Bruce publicó para un público amplio y Páez quedó atrapado durante mucho tiempo en el circuito más restringido de los manuscritos, los archivos jesuíticos y la erudición especializada.
Pedro Páez participó en iniciativas constructivas y tuvo un peso importante en el entorno cortesano etíope.
Esa cautela vale todavía más para el célebre puente del Nilo Azul. La versión divulgativa suele afirmar que Páez diseñó o construyó el primer puente de piedra sobre el río. Pero el estudio de Fernández sobre los llamados «puentes portugueses» del Nilo Azul precisa que el puente de Tis Abbay fue atribuido por las fuentes jesuíticas a un técnico indio llegado con el patriarca Mendes desde Diu.
Tampoco se sostiene bien otra afirmación muy repetida: que Pedro Páez escribió «la primera gramática del amárico». Lo que sí puede sostenerse es que dominó lenguas fundamentales del ámbito etíope, que tradujo textos, que participó en una intensa producción intelectual misionera y que su obra constituye un testimonio excepcional sobre la interacción entre cultura escrita europea y etíope. Pero la bibliografía lingüística especializada sitúa la primera gramática impresa del amárico en 1698, la Grammatica linguae Amharicae de Hiob Ludolf. Por tanto, incluso aunque la misión jesuítica manejara materiales lingüísticos hoy perdidos o parcialmente reconstruibles, no hay base sólida para adjudicar a Páez, en singular y con certeza, «la primera gramática del amárico».
Entonces, ¿por qué un personaje así quedó en segundo plano? Influyeron varios factores: desde la fuerza del relato británico hasta la escasa proyección editorial de la obra de Páez y la tendencia española a no poner en valor a sus figuras históricas. A ello se suma el peso de inercias historiográficas que en España suelen resumirse bajo la expresión «leyenda negra». Además, la historia de Etiopía no fue publicada íntegramente hasta el siglo XX, aunque su contenido circulara antes de forma parcial. Pennec ha recordado que esos escritos permanecieron largo tiempo «enterrados en los archivos», mientras que Fernández explica que la información de Páez fue reutilizada y difundida a veces sin convertirlo necesariamente en héroe visible del relato.
En resumen: una combinación muy eficaz de manuscrito tardíamente editado, circulación erudita restringida y posterior eclipsamiento por un viajero del siglo XVIII mucho más visible editorialmente.
Conclusión
La historia real de Pedro Páez no necesita adornos. Fue un jesuita español que sobrevivió a años de cautiverio en Yemen, regresó a Oriente, alcanzó Etiopía en 1603, se convirtió en un testigo excepcional de aquel reino cristiano africano y dejó en 1618 la primera descripción europea fiable de las fuentes del Nilo Azul.¡Pedro Páez sí merece un gran artículo histórico!
Fuentes
- Víctor M. Fernández, «“What the great Alexander and the famous Julius Caesar wanted so much to see”. A commemoration of the fourth centenary of the Blue Nile Sources discovery by the Spanish Jesuit Pedro Páez Xaramillo (April 21th, 1618)», Culture & History Digital Journal (CSIC), 2019. Fue la fuente principal para la fecha del 21 de abril de 1618, para el matiz clave de que Páez fue el primer europeo que describió de forma completa las fuentes del Nilo Azul.
- Pedro Páez, Pedro Paez’s History of Ethiopia, 1622, edición crítica y traducción inglesa de Isabel Boavida, Hervé Pennec y Manuel João Ramos, Hakluyt Society, 2011.
- Montserrat Mañé Rodríguez, «El padre Pedro Páez. El primer viajero europeo conocido que cruzó el sur de Arabia», Arbor (CSIC), 2005.
- Hervé Pennec, An Ethiopian Mille-feuille: Unearthing the history of the Jesuit mission to Ethiopia (21st–16th centuries), CEI-Iscte, 2022.
- Andreu Martínez d’Alòs-Moner, «In the Company of Iyäsus: the Jesuit Mission in Ethiopia, 1557–1632», Aethiopica (resumen de tesis doctoral), 2009/2012.
- Oxford Research Encyclopedia of African History (Oxford University Press).
- Hiob Ludolf, Grammatica linguae amharicae, 1698, en registro bibliográfico de Google Books.
- Manuel João Ramos, «Pedro Paez 1564–1622», capítulo/entrada biográfica en repositorio académico de Iscte.
- Boavida, Pennec y Ramos, The Indigenous and the Foreign: The Jesuit Presence in 17th Century Ethiopia, SOAS / repositorio Iscte. Contexto material, artístico y arquitectónico de la presencia jesuítica en Etiopía. (Repositório Iscte).
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