domingo, 11 de enero de 2026

Calle de la Cabeza: Historia y leyenda de una calle madrileña

Nos cuenta Galdós, en sus Episodios nacionales —en el titulado «El Grande Oriente»— que la calle de la Cabeza es «una de las más tristes de Madrid»: una vía de casas viejas y feas, de aire sombrío. Y añade: es una calle trágica, quizá la más trágica de la ciudad.

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La tradición popular explica su nombre con un relato macabro: Un criado asesina a un cura para robarle, le corta la cabeza y huye a Portugal con el dinero. Pasan los años y el homicida regresa a Madrid «hecho un caballero». Va solo al Rastro, compra una cabeza de carnero y la lleva oculta bajo la capa. Pero la sangre gotea, deja rastro, y un alguacil lo detiene. Al apartar la capa, el horror se hace visible: en su mano no aparece ya la cabeza del animal, sino la del sacerdote a quien asesino. La ciudad estalla en un clamor: «¡Milagro, milagro!». El asesino confiesa y termina en la horca. Dice la tradición que Felipe III mandó labrar una cabeza de piedra para colocarla en la casa del crimen.
Galdós recuerda también que esta calle fue testigo, muy de cerca, del horrible asesinato del marqués de Perales en 1808; y que, en los años convulsos que siguieron, vio cómo las revueltas políticas llevaban a prisión a diputados y ministros ya que en ese mismo escenario se alzaba uno de los edificios más antipáticos y más feos de Madrid: la Cárcel Eclesiástica o de la Corona, en la esquina con la antigua calle Real de Lavapiés.

1. Historia general de la calle

La calle de la Cabeza, situada en el barrio de Embajadores (zona de Lavapiés, distrito Centro de Madrid), es una vía corta que ya aparecía mencionada en planos y documentos del siglo XVI. Discurre aproximadamente desde la calle de Jesús y María hasta la calle del Ave María, muy cerca de la plaza de Tirso de Molina. Históricamente, formó parte del entorno popular de Lavapiés, con presencia de pobladores humildes e incluso, según algunos autores, en el límite del antiguo barrio judío de Madrid (el llamado barrio de los conversos o de “los Manolos”).

2. Origen del nombre de la calle

2.1. Versión legendaria

El peculiar nombre “de la Cabeza” se atribuye popularmente a una truculenta leyenda madrileña del Siglo de Oro. Según esta tradición, en tiempos del rey Felipe III (a inicios del siglo XVII) vivía en esta calle un sacerdote rico que tenía por criado a un hombre ambicioso de origen portugués. Cierto día, movido por la codicia, el criado asesinó brutalmente a su amo, decapitándolo, y robó todo el oro y bienes de valor que encontró. Para evadir la justicia huyó inmediatamente a Portugal, dejando tras de sí el cuerpo mutilado del clérigo escondido en la casa. El crimen permaneció impune y con el tiempo cayó en el olvido, pues tanto el asesino como su horrible acto desaparecieron de la vista de todos.

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Años después, el criminal confió en que nadie lo reconocería y regresó a Madrid disfrazado como un caballero acomodado. Un día, paseando por el cercano mercado del Rastro, decidió comprar una cabeza de cordero para darse un festín. Envolvió la cabeza de animal en un paquete y la cargó bajo su capa. Al desplazarse por la calle fue dejando tras de sí un rastro de sangre, lo que alertó a un alguacil que lo detuvo para preguntarle qué llevaba. El criado, nervioso, respondió que se trataba simplemente de la cabeza de un carnero recién comprada; pero al destapar el hatillo, milagrosamente la cabeza que apareció no era la de un carnero sino la del sacerdote decapitado años atrás, su antiguo amomadrid. Ante tal visión sobrenatural, el asesino, presa del terror y la culpa, confesó de inmediato su crimen. La justicia le condenó a muerte y fue ajusticiado en la horca, en la Plaza Mayor.

Según el relato popular, el propio rey Felipe III, consternado por el suceso, ordenó colocar una cabeza de piedra esculpida representando al sacerdote asesinado en la fachada de la casa donde ocurrió el crimen, para memoria permanente del hecho.

2.2. Realidad histórica documentada

La denominación “calle de la Cabeza” ya existía en el Siglo de Oro madrileño, al menos desde mediados del siglo XVI. No se ha encontrado hasta ahora evidencia archivística de un crimen exactamente como el que narra la leyenda (ningún proceso judicial ni crónica coetánea que confirme el asesinato de un clérigo decapitado en esa calle). Además, los historiadores señalan que en el relato tradicional “no coinciden los hechos narrados, fechas y acontecimientos históricos, bailando los siglos con extrema facilidad”.


3. Hechos históricos relevantes en la calle

Más allá de la leyenda que le dio nombre, la calle de la Cabeza ha sido escenario de varios hechos históricos documentados, especialmente durante finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en una época marcada por conflictos políticos y sociales.

3.1. El asesinato del marqués de Perales (1808)

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), concretamente en los tumultuosos primeros días de la insurrección madrileña contra la ocupación napoleónica, ocurrió un trágico suceso que involucró a esta calle. José Miguel Fernández de Pinedo, III marqués de Perales, era un noble madrileño cuya familia poseía un palacio en la vecina calle de la Magdalena (actual número 10, palacio que hoy alberga la Filmoteca Española). El marqués, que además ocupaba el cargo de corregidor de Madrid, fue acusado por el pueblo de haber colaborado con las fuerzas francesas, al parecer por haber intentado pactar o facilitar la entrada de las tropas napoleónicas en la capital. En el contexto de la rebelión popular del 2 de mayo de 1808, una multitud enfurecida se congregó ante su palacio al grito de ¡traidor! y terminó asaltando la residencia.

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El marqués de Perales fue hallado y “muerto a puñaladas”. Los testimonios cuentan que su cadáver fue sacado del edificio, colocado sobre una estera, y arrastrado por las calles del barrio. En particular, los amotinados llevaron el cuerpo del marqués ensangrentado a través de la calle de la Cabeza, continuando por la calle del Ave María, hasta llegar a un espacio abierto conocido entonces como el Campillo de la Manuela, donde finalmente unos frailes recogieron sus restos.
La calle de la Cabeza fue testigo directo del macabro desfile del cadáver, un hecho real muy distinto pero no menos truculento que la leyenda que le había dado nombre.

3.2. Otros episodios históricos y culturales

A lo largo del siglo XIX, la calle de la Cabeza y sus inmediaciones mantuvieron fama de zona conflictiva o marginal. El cronista Pedro de Répide menciona que en los callejones cercanos al palacio de Perales existió la llamada “vicaría del café de Numancia o de la Magdalena”, que en realidad era un escondrijo de pícaros y truhanes del barrio. No es de extrañar que Galdós situase en este entorno algunas escenas sórdidas de sus novelas: por ejemplo, en Fortunata y Jacinta (1887) un personaje acude a una casa de citas ubicada en la calle de la Cabeza, que según los estudiosos probablemente correspondía al edificio de la antigua cárcel.


4. La Cárcel de la Corona: ubicación, función y evolución histórica

Uno de los elementos más destacados en la historia de la calle de la Cabeza es la presencia de una antigua prisión eclesiástica, conocida popularmente como cárcel de la Corona. Este siniestro edificio, situado en el número 14 de la calle (esquina con la calle de Lavapiés), fue escenario de importantes eventos y constituyó durante siglos la “última morada” de muchos desdichados reos en Madrid.

4.1. Origen y propósito de la prisión

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La cárcel de la Corona se denominaba así por estar destinada principalmente a miembros del clero que hubieran delinquido. En la sociedad del Antiguo Régimen, el clero gozaba de fuero eclesiástico, por lo que los sacerdotes o frailes acusados de delitos civiles no solían mezclarse con presos comunes. Para ellos se habilitaron cárceles especiales.

No se conoce con exactitud la fecha de su instalación inicial, pero ya en el siglo XVII se la ubica claramente en esta calle de la Cabeza. En el Plano de Texeira de 1656, por ejemplo, la manzana de la cárcel aparece dibujada sin indicativo especial (disfrazada de caserío común), lo que concuerda con el secretismo que rodeaba a veces estos lugares. Durante el siglo XVII y XVIII, esta prisión fue utilizada principalmente para encerrar a eclesiásticos delincuentes, y posteriormente, tras la creación del tribunal madrileño, también fue empleada por la Inquisición como cárcel auxiliar. De ahí que en algunas fuentes aparezca referida como Cárcel Eclesiástica de la Corona o Cárcel de la Inquisición.

4.2. Condiciones y estructura del presidio

La cárcel de la Corona de la calle de la Cabeza no destacaba exteriormente por grandes muros ni apariencia fortificada; era más bien discreta. El edificio era una casona de la época de los Austrias, de dos plantas, con muros de ladrillo y zócalo de granito, organizada en torno a un patio interior. Tenía su entrada principal por la calle de la Cabeza –un gran portón de madera– y otra fachada lateral hacia la calle de Lavapiés. Carecía de ornamentación alguna, pasando inadvertida a ojos del viandante común. Sin embargo, tras sus muros se desplegaba un escenario lúgubre. Las celdas se ubicaban en la planta baja y, sobre todo, en los sótanos del inmueble. Eran auténticos calabozos inmundos, húmedos y oscuros, algunos de ellos con pequeñas ventanas enrejadas que daban a la calle a ras de suelo. Las condiciones de habitabilidad eran terribles: los presos permanecían encadenados a argollas fijadas en los muros, prácticamente a oscuras, con ventilación mínima y sometidos a la insalubridad imperante de la época.

 
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El escritor Galdós, que investigó archivos y testimonios para sus novelas históricas, dejó una vívida descripción de esta prisión (refiriéndose a cómo era hacia 1820). 
Contaba que “un portalón daba entrada al patio, que [...] tenía en dos de sus lados columnas de piedra que sostenían la crujía alta. Las prisiones estaban en el piso bajo y en los sótanos, y consistían en calabozos inmundos, algunos con rejas a la calle. Dos puertecillas a cada lado del zaguán indicaban el cuerpo de guardia y las habitaciones de los empleados de la cárcel. Todas y cada una de las partes del edificio, dentro y fuera, arriba y abajo, ofrecían [un] repugnante aspecto de incuria, descuido y degradación”.

4.3. Sucesos notables en la cárcel (1814-1821)

La prisión de la calle de la Cabeza, por su propia naturaleza, estuvo implicada en algunos episodios históricos, especialmente durante las convulsiones políticas de la España de Fernando VII. Tras la derrota de Napoleón y la restauración absolutista en 1814, muchos liberales fueron perseguidos. En 1814, reinando Fernando VII “el Deseado”, varios diputados liberales (proclives a la Constitución de Cádiz) fueron apresados y encerrados en esta cárcel eclesiástica.

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Poco después, cambiaron las tornas políticas con el triunfo temporal de la revolución liberal de 1820 (el Trienio Liberal). Entonces fueron los absolutistas quienes pasaron a ser perseguidos. En ese contexto ocurrió el evento más famoso asociado a la cárcel de la Cabeza: el linchamiento del cura Don Matías Vinuesa. Matías Vinuesa, conocido como el cura de Tamajón, era un clérigo acusado de liderar una conspiración para derrocar al gobierno liberal y restaurar el absolutismo fernandino. Por tal conspiración fue condenado en 1821, pero con una pena relativamente benigna (diez años de prisión) que indignó a los liberales más exaltados. El 4 de mayo de 1821, una turba de liberales enfurecidos se congregó ante la cárcel de la Corona al difundirse la noticia de la sentencia leve. Azuzados por las sociedades patrióticas, masones, comuneros y periódicos liberales, entraron por la fuerza en la prisión clamando venganza. Los amotinados sacaron a Vinuesa de su celda y lo asesinaron brutalmente allí mismo, a golpes de martillo, sable y disparos. La prensa liberal, no obstante, lo justificó como el furor del pueblo contra un enemigo de la libertad. Galdós reconstruyó también este episodio en sus escritos, calificándolo de “especialmente cruel”.

4.4. Clausura y transformaciones posteriores

Tras el turbulento periodo mencionado, la cárcel eclesiástica de la calle de la Cabeza quedó marcada por su historia. Su función como prisión no perduró mucho más allá de la década de 1820. El Santo Oficio de la Inquisición fue abolido definitivamente en 1820, y con ello la cárcel perdió uno de sus usos principales. Además, con la restauración del absolutismo en 1823 y posteriormente la llegada al trono de la joven Isabel II, se reorganizó el sistema penitenciario y la Iglesia perdió facultades judiciales propias. Todo apunta a que hacia mediados de la década de 1820 el edificio dejó de funcionar como cárcel. Podemos situar, por tanto, la clausura de la prisión entre 1821 y 1825, probablemente como consecuencia inmediata del escándalo del caso Vinuesa. Las autoridades habrían decidido suprimir esa instalación carcelaria obsoleta y problemática.

Tras el cierre, el edificio se reconvirtió en una corrala de vecindad (vivienda de alquiler popular) típica del Madrid decimonónico. Sus lúgubres calabozos se adaptaron como sótanos y almacenes, y las plantas superiores se habilitaron como modestas viviendas. Hacia mediados del siglo XIX, viajeros como el propio Galdós constataron que la antigua cárcel se usaba como cocheras y cuadras –un mero almacén de carruajes y establo para caballos– dentro del corralón de aquella casa de vecinos.

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Avanzado el siglo XX, la planta baja del edificio albergó una taberna conocida como Taberna del Avapiés, muy concurrida en el barrio. Esta tasca tenía accesos tanto por la fachada de la calle de la Cabeza como por la de Lavapiés, aprovechando la esquina. Muchos vecinos bebieron y comieron allí sin saber que en el subsuelo mismo existían las antiguas celdas. La estructura interna, eso sí, se conservó en gran medida: el patio central con columnas, la corrala de balcones interiores y los muros de ladrillo con suelos de piedra permanecieron, adaptados a los nuevos usos.

4.5. Vestigios y estado actual

En las últimas décadas, el valor histórico de este lugar ha sido redescubierto. A inicios del siglo XXI, el Ayuntamiento de Madrid decidió recuperar el inmueble por su importancia patrimonial. En 2005 se expropió el edificio –que seguía habitado por varias familias– con el fin de rehabilitarlo para equipamiento público. Tras una reforma integral, en 2011-2012 el antiguo edificio se transformó en el Centro Municipal de Mayores “Antón Martín”, un centro de día para personas mayores del barrio. En el proceso de rehabilitación se pusieron en valor las antiguas mazmorras: el sótano abovedado de unos 33 m², dividido en cinco pequeñas celdas interconectadas por ventanucos, fue consolidado y limpiado.

Aún se podían ver en sus muros las piedras de pedernal provenientes de la vieja muralla medieval de Madrid –material reutilizado en la construcción original– y se documentó la existencia de las argollas donde se encadenaba a los presos (hoy retiradas). También en la fachada de la calle de la Cabeza se distinguen a ras de suelo los respiraderos enrejados que daban aire a los calabozos subterráneos, mudos testigos del pasado tenebroso del lugar.

 Actualmente, estos vestigios de la cárcel de la Corona son visitables: el Centro de Mayores organiza ocasionalmente visitas al subsuelo, donde el público puede bajar por la estrecha escalera original de granito y recorrer en pocos minutos las cinco celdas restauradas.





Bibliografía y referencias principales

  • Mesonero Romanos, Ramón de – El antiguo Madrid: paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa (1ª ed. 1861). (Referencias a la cárcel de la Corona en pág. 189)es.wikipedia.org.
  • Peñasco de la Puente, Hilario & Carlos Cambronero – Las calles de Madrid: noticias, tradiciones y curiosidades (1889). (Primeros compendios de leyendas de las calles de Madrid).
  • Capmany, José M. – El folletín: tradiciones, leyendas y sucesos de Madrid (1863). (Incluye la tradición de la calle de la Cabeza).
  • Répide, Pedro – Las calles de Madrid (artículos 1921-1925, ed. compilada por Mª Isabel Gea, Ed. La Librería, 2011). (Relata la leyenda de la cabeza y añade datos históricos de 1814)researchgate.net.
  • Cabezas, Juan Antonio – Diccionario de Madrid (1968, Ed. Avapiés). (Recoge la historia y leyenda de esta calle en la entrada correspondiente)es.wikipedia.org.
  • Gea Ortigas, Mª Isabel – Los nombres de las calles de Madrid (Ed. La Librería, 2009). (Explicación del origen del nombre, incluyendo la leyenda)edicioneslalibreria.comedicioneslalibreria.com.
  • Pérez Galdós, Benito – Episodios Nacionales: Napoleón en Chamartín / El Grande Oriente (1875-76). (Describe la calle y la cárcel en la época de 1820 con gran viveza)madridconencanto-siema.blogspot.commadridconencanto-siema.blogspot.com. También sus novelas Fortunata y Jacinta (1887) y Misericordia (1897) incorporan escenarios en la calle de la Cabezaresearchgate.netresearchgate.net.
  • Martín, Rafael – Artículo en blog La Muralla Reciclada: “CMM Antón Martín (La Cárcel de la Corona)” (2020), cit. por Somos Lavapiés. (Información arquitectónica sobre la cárcel, cita a Galdós)eldiario.es.
  • Pérez, Antonio – “Las mazmorras de la calle de la Cabeza: vestigios visitables de la Cárcel de la Corona”, en elDiario.es – Somos Madrid (7 mayo 2023). (Reportaje periodístico reciente sobre la historia y restos de la cárcel)eldiario.eseldiario.es.
  • Piqueras, Maribel – Blog Madrid con Encanto – SIEMA: “Cárcel de la Corona en la calle de la Cabeza” (5 nov 2020). (Divulgación histórica, con descripciones y fotografías del edificio)madridconencanto-siema.blogspot.commadridconencanto-siema.blogspot.com.
  • Díe Fagoaga, Gonzalo – Blog Historia y curiosidades de Madrid: “La verdadera historia del marqués de Perales” (2013). (Investigación en varias partes sobre el marqués de Perales y su asesinato)gonzalodief.wordpress.com.
  • De Santos, Ángel L. – “El palacio de los Marqueses de Perales, un lugar marcado por la tragedia”, en La Razón (12 ene 2024). (Artículo de prensa, reseña histórica del palacio y el asesinato del marqués)larazon.es.

jueves, 8 de enero de 2026

Groenlandia: A ver si Europa, de una vez, hace algo… por los intereses de Europa.

Groenlandia no es una simple masa de hielo: es una pieza de INMENSO valor estratégico para Europa, y CLARO….China y Rusia lo saben.

Por eso han desarrollado una siniestra estrategia para ganar influencia: manipular el pequeño movimiento independentista de la isla. Con una población total de solo 57.000 habitantes y un movimiento secesionista de unas 15.000 personas, es un objetivo alarmantemente fácil de influenciar.

El peligro es MAYÚSCULO para los intereses de Europa: rutas marítimas árticas, minerales críticos e infraestructuras (satélites, cables, vigilancia). Eso conecta directamente con los intereses de Europa Y QUEDARÍA EN MANOS CHINAS, RUSAS E IRANÍES, ¿En qué estamos pensando?.



Bajo el control de Moscú y Pekín, Groenlandia se convertiría en una pesadilla, apuntando directamente al corazón de Occidente.

Desde hace años, los informes de inteligencia de los países occidentales han alertado de la «siniestra INTERVENCIÓN rusa y china» en la región Y NI CASO.
Groenlandia bajo la esfera de dominio, de poder e influencia de Rusia y de China sería una pesadilla: no solo para Estados Unidos; también lo sería para Canadá… y una pesadilla para EUROPA.

Menos ideología y más ver la realidad ¡EUROPA: A ver si espabilamos de una... vez! EUROPA debería tener 20 bases instaladas ya en Groenlandia hace tiempo y no tendríamos el problema que se viene encima.

lunes, 5 de enero de 2026

Der Tiger.

Dirigida por Dennis Gansel y estrenada en cines alemanes en septiembre de 2025, con lanzamiento global en Prime Video el 2 de enero de 2026.

País: Alemania (producción de Pantaleon Films en colaboración con Amazon MGM Studios Germany).

Elenco principal: David Schütter, Laurence Rupp, Leonard Kunz, Sebastian Urzendowsky, Yoran Leicher, André Hennicke (como Lieutenant Colonel Krebs), Tilman Strauß, entre otros.  

Guion de Dennis Gansel y Colin Teevan, fotografía de Carlo Jelavic  y música de Heiko Maile. La película adopta una estructura de cámara claustrofóbica que recuerda fuertemente a «Das Boot» (1981) de Wolfgang Petersen, pero trasladada al interior de un Panzer Tiger I. Se enfatiza la estrechez del habitáculo y el sonido del motor, disparos.

Las metanfetaminas ingeridas por la tripulación, acentúan la desorientación y el deterioro psicológico. La película incorpora el uso histórico real de Pervitin (metanfetamina) por la Wehrmacht, documentado en fuentes como Blitzed de Norman Ohler.

El tanque protagonista es una réplica construida sobre chasis T-55. El Tiger réplica se construyó en Praga sobre un chasis T-55 del Museo de la Línea de Demarcación en Rokycany (Chequia), con modificaciones precisas en las ruedas para evitar el error común de usar diseños de T-34 en filmes anteriores. 

La recepción ha sido mixta pero mayoritariamente respetuosa entre la crítica especializada. Se valora su rechazo a clichés heroicos o irónicos al estilo Tarantino. Foros especializados (Axis History, Reddit r/WarMovies) la comparan favorablemente con «Das Boot» por su realismo opresivo y con «Apocalypse Now» (1979) por la deriva hacia el "corazón de las tinieblas". Críticos alemanes y europeos destacan su enfoque humano y anti-glorificador de la Wehrmacht.


El Panzerkampfwagen VI Tiger Ausf. E, popularmente conocido como Tiger I

Fue el tanque pesado más icónico de la Segunda Guerra Mundial. Su diseño priorizó la potencia de fuego y la protección sobre la movilidad y la facilidad de producción.

1. Potencia de Fuego (Armamento)

El Tiger I fue diseñado alrededor de su cañón principal, que en su momento podía perforar el blindaje de cualquier tanque aliado a distancias donde él era prácticamente invulnerable.

  • Armamento Principal: Cañón 8,8 cm KwK 36 L/56.

    • Munición: Principalmente proyectiles PzGr. 39 (APCBC) y Gran. 39 HL (HEAT).

    • Rendimiento: Era capaz de penetrar más de 100 mm de blindaje a 1,000 metros de distancia.

    • Óptica: Utilizaba la mira telescópica Turmzielfernrohr TZF 9b, famosa por su extrema precisión a largas distancias.

  • Armamento Secundario: Dos ametralladoras MG 34 de 7,92 mm (una coaxial y otra en el chasis).

2. Protección (Blindaje)

A diferencia de tanques posteriores como el Panther o el Tiger II, el Tiger I no utilizaba blindaje inclinado, sino placas verticales de gran espesor hechas de acero laminado de alta calidad.

  • Frontal: 100 mm en el chasis y la torre.

  • Laterales y Posterior: 80 mm.

  • Techo y Suelo: 25 mm.

  • Mantelete del cañón: Entre 120 mm y 150 mm de espesor.

3. Movilidad y Planta Motriz

El gran peso del vehículo (57 toneladas) fue su mayor desafío técnico, llevando los componentes mecánicos al límite de su capacidad.

  • Motor: Maybach HL 230 P45 (V12 de gasolina) que entregaba 700 CV.

  • Transmisión: Maybach Olvar OG 40 12 16 (semiautomática con 8 marchas adelante y 4 atrás).

  • Suspensión: Barras de torsión con un complejo sistema de ruedas de rodadura intercaladas (Schachtellaufwerk). Esto distribuía bien el peso pero acumulaba barro y hielo, pudiendo bloquear el tanque.

  • Velocidad máxima: 38 km/h en carretera (aunque rara vez se alcanzaba para evitar averías).

4. Innovaciones y Debilidades Técnicas

Ventajas TécnicasDesafíos y Defectos
Dirección de radio: Se conducía con un volante, no con palancas, lo que facilitaba el manejo.Consumo excesivo: Gastaba aproximadamente 500-700 litros de combustible cada 100 km.
Giro sobre su eje: Podía rotar las orugas en direcciones opuestas para girar 360° estático.Peso excesivo: Muchos puentes no soportaban sus 57 toneladas.
Vadeo profundo: Las primeras unidades tenían un sistema para sumergirse hasta 4 metros.Mantenimiento: Reparar una rueda interior requería desmontar varias de las exteriores.
Se fabricaron solo 1,347 unidades entre 1942 y 1944. Su alto coste de producción y la dificultad para repararlo en el campo de batalla fueron sus mayores enemigos, más que los tanques rivales.

Calle de la Cabeza: Historia y leyenda de una calle madrileña

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