Nos cuenta Galdós, en sus Episodios nacionales —en el titulado «El Grande Oriente»— que la calle de la Cabeza es «una de las más tristes de Madrid»: una vía de casas viejas y feas, de aire sombrío. Y añade: es una calle trágica, quizá la más trágica de la ciudad.
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La
tradición popular explica su nombre con un relato macabro: Un criado asesina a un cura para robarle, le corta la cabeza y huye a Portugal con el dinero. Pasan los años y el homicida regresa a Madrid «hecho un caballero». Va solo al Rastro, compra una cabeza de carnero y la lleva oculta bajo la capa. Pero la sangre gotea, deja rastro, y un alguacil lo detiene. Al apartar la capa, el horror se hace visible: en su mano no aparece ya la cabeza del animal, sino la del sacerdote a quien asesino. La ciudad estalla en un clamor: «¡Milagro, milagro!». El asesino confiesa y termina en la horca. Dice la tradición que Felipe III mandó labrar una cabeza de piedra para colocarla en la casa del crimen.
Galdós recuerda también que esta calle fue testigo, muy de cerca, del horrible asesinato del marqués de Perales en 1808; y que, en los años convulsos que siguieron, vio cómo las revueltas políticas llevaban a prisión a diputados y ministros ya que en ese mismo escenario se alzaba uno de los edificios más antipáticos y más feos de Madrid: la Cárcel Eclesiástica o de la Corona, en la esquina con la antigua calle Real de Lavapiés.
1. Historia general de la calle
La calle de la Cabeza, situada en el barrio de Embajadores (zona de Lavapiés, distrito Centro de Madrid), es una vía corta que ya aparecía mencionada en planos y documentos del siglo XVI. Discurre aproximadamente desde la calle de Jesús y María hasta la calle del Ave María, muy cerca de la plaza de Tirso de Molina. Históricamente, formó parte del entorno popular de Lavapiés, con presencia de pobladores humildes e incluso, según algunos autores, en el límite del antiguo barrio judío de Madrid (el llamado barrio de los conversos o de “los Manolos”).
2. Origen del nombre de la calle
2.1. Versión legendaria
El peculiar nombre “de la Cabeza” se atribuye popularmente a una truculenta leyenda madrileña del Siglo de Oro. Según esta tradición, en tiempos del rey Felipe III (a inicios del siglo XVII) vivía en esta calle un sacerdote rico que tenía por criado a un hombre ambicioso de origen portugués. Cierto día, movido por la codicia, el criado asesinó brutalmente a su amo, decapitándolo, y robó todo el oro y bienes de valor que encontró. Para evadir la justicia huyó inmediatamente a Portugal, dejando tras de sí el cuerpo mutilado del clérigo escondido en la casa. El crimen permaneció impune y con el tiempo cayó en el olvido, pues tanto el asesino como su horrible acto desaparecieron de la vista de todos.
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Años después, el criminal confió en que nadie lo reconocería y regresó a Madrid disfrazado como un caballero acomodado. Un día, paseando por el cercano mercado del Rastro, decidió comprar una cabeza de cordero para darse un festín. Envolvió la cabeza de animal en un paquete y la cargó bajo su capa. Al desplazarse por la calle fue dejando tras de sí un rastro de sangre, lo que alertó a un alguacil que lo detuvo para preguntarle qué llevaba. El criado, nervioso, respondió que se trataba simplemente de la cabeza de un carnero recién comprada; pero al destapar el hatillo, milagrosamente la cabeza que apareció no era la de un carnero sino la del sacerdote decapitado años atrás, su antiguo amomadrid. Ante tal visión sobrenatural, el asesino, presa del terror y la culpa, confesó de inmediato su crimen. La justicia le condenó a muerte y fue ajusticiado en la horca, en la Plaza Mayor.
Según el relato popular, el propio rey Felipe III, consternado por el suceso, ordenó colocar una cabeza de piedra esculpida representando al sacerdote asesinado en la fachada de la casa donde ocurrió el crimen, para memoria permanente del hecho.
2.2. Realidad histórica documentada
La denominación “calle de la Cabeza” ya existía en el Siglo de Oro madrileño, al menos desde mediados del siglo XVI. No se ha encontrado hasta ahora evidencia archivística de un crimen exactamente como el que narra la leyenda (ningún proceso judicial ni crónica coetánea que confirme el asesinato de un clérigo decapitado en esa calle). Además, los historiadores señalan que en el relato tradicional “no coinciden los hechos narrados, fechas y acontecimientos históricos, bailando los siglos con extrema facilidad”.
3. Hechos históricos relevantes en la calle
Más allá de la leyenda que le dio nombre, la calle de la Cabeza ha sido escenario de varios hechos históricos documentados, especialmente durante finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en una época marcada por conflictos políticos y sociales.
3.1. El asesinato del marqués de Perales (1808)
Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), concretamente en los tumultuosos primeros días de la insurrección madrileña contra la ocupación napoleónica, ocurrió un trágico suceso que involucró a esta calle. José Miguel Fernández de Pinedo, III marqués de Perales, era un noble madrileño cuya familia poseía un palacio en la vecina calle de la Magdalena (actual número 10, palacio que hoy alberga la Filmoteca Española). El marqués, que además ocupaba el cargo de corregidor de Madrid, fue acusado por el pueblo de haber colaborado con las fuerzas francesas, al parecer por haber intentado pactar o facilitar la entrada de las tropas napoleónicas en la capital. En el contexto de la rebelión popular del 2 de mayo de 1808, una multitud enfurecida se congregó ante su palacio al grito de ¡traidor! y terminó asaltando la residencia.
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El marqués de Perales fue hallado y “muerto a puñaladas”. Los testimonios cuentan que su cadáver fue sacado del edificio, colocado sobre una estera, y arrastrado por las calles del barrio. En particular, los amotinados llevaron el cuerpo del marqués ensangrentado a través de la calle de la Cabeza, continuando por la calle del Ave María, hasta llegar a un espacio abierto conocido entonces como el Campillo de la Manuela, donde finalmente unos frailes recogieron sus restos.
La calle de la Cabeza fue testigo directo del macabro desfile del cadáver, un hecho real muy distinto pero no menos truculento que la leyenda que le había dado nombre.
3.2. Otros episodios históricos y culturales
A lo largo del siglo XIX, la calle de la Cabeza y sus inmediaciones mantuvieron fama de zona conflictiva o marginal. El cronista Pedro de Répide menciona que en los callejones cercanos al palacio de Perales existió la llamada “vicaría del café de Numancia o de la Magdalena”, que en realidad era un escondrijo de pícaros y truhanes del barrio. No es de extrañar que Galdós situase en este entorno algunas escenas sórdidas de sus novelas: por ejemplo, en
Fortunata y Jacinta (1887) un personaje acude a una casa de citas ubicada en la calle de la Cabeza, que según los estudiosos probablemente correspondía al edificio de la antigua cárcel.
4. La Cárcel de la Corona: ubicación, función y evolución histórica
Uno de los elementos más destacados en la historia de la calle de la Cabeza es la presencia de una antigua prisión eclesiástica, conocida popularmente como cárcel de la Corona. Este siniestro edificio, situado en el número 14 de la calle (esquina con la calle de Lavapiés), fue escenario de importantes eventos y constituyó durante siglos la “última morada” de muchos desdichados reos en Madrid.
4.1. Origen y propósito de la prisión
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La cárcel de la Corona se denominaba así por estar
destinada principalmente a miembros del clero que hubieran delinquido. En la sociedad del Antiguo Régimen, el clero gozaba de fuero eclesiástico, por lo que los sacerdotes o frailes acusados de delitos civiles no solían mezclarse con presos comunes. Para ellos se habilitaron cárceles especiales.
No se conoce con exactitud la fecha de su instalación inicial, pero ya en el siglo XVII se la ubica claramente en esta calle de la Cabeza. En el Plano de Texeira de 1656, por ejemplo, la manzana de la cárcel aparece dibujada sin indicativo especial (disfrazada de caserío común), lo que concuerda con el secretismo que rodeaba a veces estos lugares. Durante el siglo XVII y XVIII, esta prisión fue utilizada principalmente para encerrar a eclesiásticos delincuentes, y posteriormente, tras la creación del tribunal madrileño, también fue empleada por la Inquisición como cárcel auxiliar. De ahí que en algunas fuentes aparezca referida como Cárcel Eclesiástica de la Corona o Cárcel de la Inquisición.
4.2. Condiciones y estructura del presidio
La cárcel de la Corona de la calle de la Cabeza no destacaba exteriormente por grandes muros ni apariencia fortificada; era más bien discreta. El edificio era una casona de la época de los Austrias, de dos plantas, con muros de ladrillo y zócalo de granito, organizada en torno a un patio interior. Tenía su entrada principal por la calle de la Cabeza –un gran portón de madera– y otra fachada lateral hacia la calle de Lavapiés. Carecía de ornamentación alguna, pasando inadvertida a ojos del viandante común. Sin embargo, tras sus muros se desplegaba un escenario lúgubre. Las celdas se ubicaban en la planta baja y, sobre todo, en los sótanos del inmueble. Eran auténticos calabozos inmundos, húmedos y oscuros, algunos de ellos con pequeñas ventanas enrejadas que daban a la calle a ras de suelo. Las condiciones de habitabilidad eran terribles: los presos permanecían encadenados a argollas fijadas en los muros, prácticamente a oscuras, con ventilación mínima y sometidos a la insalubridad imperante de la época.
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El escritor
Galdós, que investigó archivos y testimonios para sus novelas históricas, dejó una vívida descripción de esta prisión (refiriéndose a cómo era hacia 1820).
Contaba que “un portalón daba entrada al patio, que [...] tenía en dos de sus lados columnas de piedra que sostenían la crujía alta. Las prisiones estaban en el piso bajo y en los sótanos, y consistían en calabozos inmundos, algunos con rejas a la calle. Dos puertecillas a cada lado del zaguán indicaban el cuerpo de guardia y las habitaciones de los empleados de la cárcel. Todas y cada una de las partes del edificio, dentro y fuera, arriba y abajo, ofrecían [un] repugnante aspecto de incuria, descuido y degradación”.
4.3. Sucesos notables en la cárcel (1814-1821)
La prisión de la calle de la Cabeza, por su propia naturaleza, estuvo implicada en algunos episodios históricos, especialmente durante las convulsiones políticas de la España de Fernando VII. Tras la derrota de Napoleón y la restauración absolutista en 1814, muchos liberales fueron perseguidos. En 1814, reinando Fernando VII “el Deseado”, varios diputados liberales (proclives a la Constitución de Cádiz) fueron apresados y encerrados en esta cárcel eclesiástica.
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Poco después, cambiaron las tornas políticas con el triunfo temporal de la revolución liberal de 1820 (el Trienio Liberal). Entonces fueron los absolutistas quienes pasaron a ser perseguidos. En ese contexto ocurrió el evento más famoso asociado a la cárcel de la Cabeza: el
linchamiento del cura Don Matías Vinuesa. Matías Vinuesa, conocido como
el cura de Tamajón, era un clérigo acusado de liderar una conspiración para derrocar al gobierno liberal y restaurar el absolutismo fernandino. Por tal conspiración fue condenado en 1821, pero con una pena relativamente benigna (diez años de prisión) que indignó a los liberales más exaltados. El 4 de mayo de 1821, una turba de liberales enfurecidos se congregó ante la cárcel de la Corona al difundirse la noticia de la sentencia leve. Azuzados por las sociedades patrióticas, masones, comuneros y periódicos liberales, entraron por la fuerza en la prisión clamando venganza. Los amotinados sacaron a Vinuesa de su celda y lo asesinaron brutalmente allí mismo, a golpes de martillo, sable y disparos. La prensa liberal, no obstante, lo justificó como el furor del pueblo contra un enemigo de la libertad. Galdós reconstruyó también este episodio en sus escritos, calificándolo de “especialmente cruel”.
4.4. Clausura y transformaciones posteriores
Tras el turbulento periodo mencionado, la cárcel eclesiástica de la calle de la Cabeza quedó marcada por su historia. Su función como prisión no perduró mucho más allá de la década de 1820. El Santo Oficio de la Inquisición fue abolido definitivamente en 1820, y con ello la cárcel perdió uno de sus usos principales. Además, con la restauración del absolutismo en 1823 y posteriormente la llegada al trono de la joven Isabel II, se reorganizó el sistema penitenciario y la Iglesia perdió facultades judiciales propias. Todo apunta a que hacia mediados de la década de 1820 el edificio dejó de funcionar como cárcel. Podemos situar, por tanto, la clausura de la prisión entre 1821 y 1825, probablemente como consecuencia inmediata del escándalo del caso Vinuesa. Las autoridades habrían decidido suprimir esa instalación carcelaria obsoleta y problemática.
Tras el cierre, el edificio se reconvirtió en una corrala de vecindad (vivienda de alquiler popular) típica del Madrid decimonónico. Sus lúgubres calabozos se adaptaron como sótanos y almacenes, y las plantas superiores se habilitaron como modestas viviendas. Hacia mediados del siglo XIX, viajeros como el propio Galdós constataron que la antigua cárcel se usaba como cocheras y cuadras –un mero almacén de carruajes y establo para caballos– dentro del corralón de aquella casa de vecinos.
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Avanzado el siglo XX, la planta baja del edificio albergó una taberna conocida como Taberna del Avapiés, muy concurrida en el barrio. Esta tasca tenía accesos tanto por la fachada de la calle de la Cabeza como por la de Lavapiés, aprovechando la esquina. Muchos vecinos bebieron y comieron allí sin saber que en el subsuelo mismo existían las antiguas celdas. La estructura interna, eso sí, se conservó en gran medida: el patio central con columnas, la corrala de balcones interiores y los muros de ladrillo con suelos de piedra permanecieron, adaptados a los nuevos usos.
4.5. Vestigios y estado actual
En las últimas décadas, el valor histórico de este lugar ha sido redescubierto. A inicios del siglo XXI, el Ayuntamiento de Madrid decidió recuperar el inmueble por su importancia patrimonial. En 2005 se expropió el edificio –que seguía habitado por varias familias– con el fin de rehabilitarlo para equipamiento público. Tras una reforma integral, en 2011-2012 el antiguo edificio se transformó en el Centro Municipal de Mayores “Antón Martín”, un centro de día para personas mayores del barrio. En el proceso de rehabilitación se pusieron en valor las antiguas mazmorras: el sótano abovedado de unos 33 m², dividido en cinco pequeñas celdas interconectadas por ventanucos, fue consolidado y limpiado.
Aún se podían ver en sus muros las piedras de pedernal provenientes de la vieja muralla medieval de Madrid –material reutilizado en la construcción original– y se documentó la existencia de las argollas donde se encadenaba a los presos (hoy retiradas). También en la fachada de la calle de la Cabeza se distinguen a ras de suelo los respiraderos enrejados que daban aire a los calabozos subterráneos, mudos testigos del pasado tenebroso del lugar.

Actualmente, estos vestigios de la cárcel de la Corona son visitables: el Centro de Mayores organiza ocasionalmente visitas al subsuelo, donde el público puede bajar por la estrecha escalera original de granito y recorrer en pocos minutos las cinco celdas restauradas.
Bibliografía y referencias principales
- Mesonero Romanos, Ramón de – El antiguo Madrid: paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa (1ª ed. 1861). (Referencias a la cárcel de la Corona en pág. 189)es.wikipedia.org.
- Peñasco de la Puente, Hilario & Carlos Cambronero – Las calles de Madrid: noticias, tradiciones y curiosidades (1889). (Primeros compendios de leyendas de las calles de Madrid).
- Capmany, José M. – El folletín: tradiciones, leyendas y sucesos de Madrid (1863). (Incluye la tradición de la calle de la Cabeza).
- Répide, Pedro – Las calles de Madrid (artículos 1921-1925, ed. compilada por Mª Isabel Gea, Ed. La Librería, 2011). (Relata la leyenda de la cabeza y añade datos históricos de 1814)researchgate.net.
- Cabezas, Juan Antonio – Diccionario de Madrid (1968, Ed. Avapiés). (Recoge la historia y leyenda de esta calle en la entrada correspondiente)es.wikipedia.org.
- Gea Ortigas, Mª Isabel – Los nombres de las calles de Madrid (Ed. La Librería, 2009). (Explicación del origen del nombre, incluyendo la leyenda)edicioneslalibreria.comedicioneslalibreria.com.
- Pérez Galdós, Benito – Episodios Nacionales: Napoleón en Chamartín / El Grande Oriente (1875-76). (Describe la calle y la cárcel en la época de 1820 con gran viveza)madridconencanto-siema.blogspot.commadridconencanto-siema.blogspot.com. También sus novelas Fortunata y Jacinta (1887) y Misericordia (1897) incorporan escenarios en la calle de la Cabezaresearchgate.netresearchgate.net.
- Martín, Rafael – Artículo en blog La Muralla Reciclada: “CMM Antón Martín (La Cárcel de la Corona)” (2020), cit. por Somos Lavapiés. (Información arquitectónica sobre la cárcel, cita a Galdós)eldiario.es.
- Pérez, Antonio – “Las mazmorras de la calle de la Cabeza: vestigios visitables de la Cárcel de la Corona”, en elDiario.es – Somos Madrid (7 mayo 2023). (Reportaje periodístico reciente sobre la historia y restos de la cárcel)eldiario.eseldiario.es.
- Piqueras, Maribel – Blog Madrid con Encanto – SIEMA: “Cárcel de la Corona en la calle de la Cabeza” (5 nov 2020). (Divulgación histórica, con descripciones y fotografías del edificio)madridconencanto-siema.blogspot.commadridconencanto-siema.blogspot.com.
- Díe Fagoaga, Gonzalo – Blog Historia y curiosidades de Madrid: “La verdadera historia del marqués de Perales” (2013). (Investigación en varias partes sobre el marqués de Perales y su asesinato)gonzalodief.wordpress.com.
- De Santos, Ángel L. – “El palacio de los Marqueses de Perales, un lugar marcado por la tragedia”, en La Razón (12 ene 2024). (Artículo de prensa, reseña histórica del palacio y el asesinato del marqués)larazon.es.