domingo, 11 de octubre de 2026

El comandante Julián Fortea: una familia bajo el fuego en la defensa de Santo Domingo de Basco (Filipinas)

La defensa de la Casa de Gobierno de Santo Domingo de Basco, iniciada el 18 de septiembre de 1898, convirtió a un comandante turolense y a su familia en protagonistas de una resistencia extraordinaria. La Laureada reconoció su conducta años después.

En la Casa de Gobierno de Santo Domingo de Basco había una esposa, cinco hijos y dos sobrinas. También un comandante de Infantería que había conseguido escapar de quienes pretendían apresarlo. Fuera, hombres de la guarnición y de las milicias locales se habían alzado contra la autoridad que hasta entonces representaba. Dentro, la residencia del gobernador se convirtió en una posición de combate.

Era el 18 de septiembre de 1898. El comandante se llamaba Julián Fortea Selví.

La escena no necesita añadir nada. Basta con lo que recogió la resolución que reconocería su valor: Fortea rechazó sucesivas intimaciones de rendición y combatió durante horas, hasta recibir las heridas que le causaron la muerte. Su comportamiento impresionó incluso a los adversarios, que rindieron honores militares a su cadáver.

Pero la historia no acaba en ese homenaje. Alrededor del comandante estaban los suyos. Y, años después, sería su esposa, Ascensión García San Martín, quien promovería el procedimiento del que nació el reconocimiento oficial. 


Un soldado de Teruel

Fortea había nacido en Camarena de la Sierra, Teruel, el 8 de marzo de 1845. Ingresó como voluntario en el Regimiento de Borbón a los diecisiete años y ascendió desde las filas de tropa. Su trayectoria alternó destinos peninsulares y filipinos. En 1895 fue destinado al gobierno militar de las Batanes. Tenía cincuenta y tres años cuando se produjo el combate que acabaría con su vida.

La derrota naval de Cavite y la rendición de Manila, el 13 de agosto de 1898, habían quebrado la posición española en Filipinas. La capital cayó tras meses de asedio, en el que intervinieron fuerzas independentistas filipinas y estadounidenses.

La resistencia de Fortea comenzó más de un mes después de aquella rendición.

En Basco, la crisis tomó una forma inmediata: la llegada de un vapor con fuerzas filipinas insurgentes y el alzamiento de hombres que debían sostener la autoridad española. No fue una batalla de Fortea contra un desembarco estadounidense. La resolución de su recompensa identifica expresamente el barco como insurgente y distingue a sus ocupantes de las fuerzas locales que atacaron la Casa de Gobierno.

El 18 de septiembre llegó a las proximidades de Santo Domingo un vapor que transportaba tropas de desembarco. Al conocerlo, Fortea convocó a varios españoles residentes en la localidad, les entregó armas y organizó la defensa.

Sin embargo, la amenaza dejó de estar solamente en el mar. La guarnición, unos 150 hombres del país, y las milicias locales se sublevaron al saber quiénes venían en el buque. Intentaron capturar al gobernador. Fortea logró refugiarse con su familia en la Casa de Gobierno.

En muy poco tiempo se había deshecho el dispositivo sobre el que podía apoyar su autoridad. La suerte de los otros españoles: uno resultó herido, otro fue apresado y otros huyeron al monte.

Existía descontento local con la administración colonial y la difusión de la causa revolucionaria. Esa dimensión ayuda a explicar la sublevación: los filipinos tenían motivaciones y objetivos políticos propios. 


La Casa de Gobierno era también una vivienda. 

El comandante se había refugiado allí con su esposa, cinco hijos —el mayor de los presentes, de trece años— y dos sobrinas, de veinticinco y quince.

Los relatos históricos y la prensa de comienzos del siglo XX coinciden en la intervención de su mujer, Ascensión y de los hijos en la resistencia, aunque difieren en nombres, edades y pormenores. El estudio de 2026 recoge que cargaron armas y que Ascensión y los mayores también dispararon.

Estaban dentro del edificio atacado, expuestos al fuego y formando parte de la defensa. La excepcionalidad del valor convivía con una situación terrible para una familia.

Cuando se recuerda Basco únicamente como el último combate de un comandante, se pierde esa dimensión. La muerte fue la del padre; el peligro y sus consecuencias alcanzaron a todos.

Guerrera de gala perteneciente al comandante Julián Fortea Selví.
Museo del Ejército, donada por su hijo Miguel.

Los sublevados instaron repetidamente al gobernador a rendirse. Fortea se negó. La resolución que le concedió la Cruz de San Fernando contiene, sin embargo, una consideración que da al episodio una profundidad mayor: dadas las circunstancias extraordinarias y la falta de esperanza de auxilio, habría podido aceptar la rendición sin quebrantar el honor militar.

El texto emplea una expresión inequívoca: «sin faltar á las leyes del más acrisolado honor militar».

Las autoridades militares que examinaron el caso admitieron que existía una salida compatible con el honor y, al mismo tiempo, entendieron que Fortea había llevado su compromiso mucho más allá de lo exigible.

El expediente recogió asimismo la declaración de un antiguo colaborador, José María Alberti, sobre la determinación que Fortea había manifestado anteriormente respecto a la defensa de la bandera. La resolución interpretó su actuación desde esa idea del deber, íntimamente vinculada a la representación de España que atribuía a su cargo.


La noche del 18 al 19 de septiembre. Una rendición que habría sido honrosa

La resolución de 1905 habla de unas nueve horas de fuego y de dos heridas de bala que causaron la muerte de Fortea. No permite reconstruir cada movimiento ni fijar por sí sola la hora exacta de su fallecimiento.

El estudio monográfico de Pablo Guerrero García sitúa la muerte hacia las dos de la madrugada del 19 de septiembre. Por eso, al narrar la secuencia, resulta más preciso hablar del combate iniciado el 18 y de su desenlace en la noche del 18 al 19.

Después llegó un reconocimiento inesperado. Según la resolución, a la mañana siguiente entraron en la población las fuerzas transportadas por el vapor. Su jefe, enterado de lo ocurrido, dispuso que sus hombres rindieran honores militares al cadáver del gobernador.

Basco había caído. Fortea no había salvado la posición. Su resistencia, sin embargo, acababa de adquirir un significado que sobreviviría al resultado del combate.

La Cruz de San Fernando de segunda clase, laureada, le fue concedida a título póstumo por Real Orden de 7 de abril de 1905. La resolución respondía al procedimiento promovido por Ascensión García San Martín. Establecía una pensión anual de 2.000 pesetas, con efectos desde el 18 de septiembre de 1898 y transmisión en los términos previstos por la normativa.

La orden no se limitó a conceder la recompensa. Dispuso que se difundiera el ejemplo de Fortea y que el texto se leyera en todas las unidades del Ejército. Se pretendía transformar una actuación individual, ocurrida lejos de la Península, en una referencia compartida.

Otro documento permite seguir el rastro administrativo de la familia. La Gaceta de Madrid del 13 de enero de 1909 publicó una ley, sancionada el día anterior, que concedía a Ascensión una pensión de 3.500 pesetas, transferible a sus hijos y compatible con las que ya disfrutaba.


El regreso

En septiembre de 1910, doce años después de la defensa, la prensa volvió a ocuparse de Fortea con motivo de la repatriación de sus restos. La Época del 10 de septiembre anunciaba un homenaje de los jefes y oficiales de Zaragoza al paso de la comitiva. El número del día 12 reproducía la orden para recibir el féretro en Madrid y trasladarlo al cementerio de la Almudena.

Más de un siglo después, la defensa de Basco sigue planteando preguntas sobre el deber, la resistencia y el precio humano de la guerra. Julián Fortea murió sin conservar la posición que defendía, pero su conducta fue reconocida incluso por sus adversarios. Ascensión y los suyos formaron parte de aquella resistencia y de la lucha posterior por su memoria.

Recordarlos exige mantener juntas esas dos imágenes: el comandante que no aceptó rendirse y la familia que estuvo con él bajo el fuego.


Referencias y nota de investigación

  • Real Orden de 7 de abril de 1905, concesión de la Cruz de San Fernando de segunda clase a Julián Fortea Selví; Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, n.º 80. Se ha consultado su reproducción en la prensa histórica conservada por la Biblioteca Digital de Castilla y León, mediante el texto digital indexado de una página del Diario de Burgos. https://bibliotecadigital.jcyl.es/es/catalogo_imagenes/imagen.do?path=10314011&posicion=1&registrardownload=1
  • Página web Museo del Ejército: https://ejercito.defensa.gob.es/museo/comun/EL_MUSEO_DEL_EJERCITO_ES_NOTICIA/piezas/2021.06.07_GUERRERA_DE_GALA_DEl_UNIFORME_DE_OFICIAL_DEL_EJERCITO_ESPANOL_EN_FILIPINAS.html
  • Guerrero García, Pablo (2026). «El comandante de Infantería Julián Fortea y la insurrección filipina en las Islas Batanes». Revista de Historia Militar, 139, pp. 43–92. DOI: https://doi.org/10.55553/504jnk13902. Ficha de la publicación: https://publicaciones.defensa.gob.es/revista-de-historia-militar-139-revistas-pdf.html
  • Togores Sánchez, Luis E. (1998). «El asedio de Manila (mayo-agosto 1898). Diario de los sucesos ocurridos durante la guerra de España con los Estados Unidos, 1898». 
  • Revista de Indias, 58 (213), pp. 449–498. Universidad San Pablo-CEU; publicación del CSIC. DOI: https://doi.org/10.3989/revindias.1998.i213.759.
  • Ley de 12 de enero de 1909, pensión a Ascensión García San Martín. Gaceta de Madrid, n.º 13, 13 de enero de 1909, pp. 121–122. https://www.boe.es/gazeta/dias/1909/01/13/pdfs/GMD-1909-13.pdf
  • La Época, 10 y 12 de septiembre de 1910, números 21.509 y 21.511. Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional de España. Consulta del texto indexado de los pasajes relativos al traslado de los restos.
  • 10 de septiembre: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/en/pdf?id=529e1e23-002a-4086-820f-56d89d1affb2
  • 12 de septiembre: https://hemerotecadigital.bne.es/hd/en/pdf?id=5fcb86a2-1309-45f2-82bd-968ad7e35a1d
  • Correo de Mallorca, año I, n.º 165, 16 de septiembre de 1910. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. Consulta del texto digital indexado de la primera plana. https://prensahistorica.mcu.es/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=219327
  • Guerrero Acosta, José Manuel (1999). La exposición «Soldados y marineros del 98» en Madrid. Militaria. Revista de Cultura Militar, 13, pp. 95–102; referencia al arcón en p. 97. Universidad Complutense de Madrid. https://revistas.ucm.es/index.php/MILT/article/download/MILT9999110095A/3355
  • García Pérez, Antonio (1910). Fortea. Conferencia pronunciada en el Centro del Ejército y de la Armada el día 18 de mayo de 1909. Madrid: Publicaciones de los Estudios Militares.

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