| General Dámaso Bereguer, fundador de las Fuerzas Regulares. |
Sebastian Balfour llega por otro camino a una conclusión similar: los recursos puestos a disposición de Berenguer eran inadecuados para la misión encomendada y, aun después de que el alto comisario redujera las peticiones de sus subordinados, el Gobierno volvió a recortarlas.
No es que los políticos españoles de 1919-1921 «olvidaran» al Ejército de África. Madrid sabía bien en qué condiciones combatía su Ejército y, pese a ello, sostuvo objetivos político-militares que excedían los medios que estaba dispuesto a proporcionar. Eso es bastante más grave que el simple abandono por ignorancia.
El gobierno español quiso hacer una política imperial sin asumir plenamente el coste económico, militar y social de una política imperial. Quiso territorio, pero temió las bajas; quiso avances, pero regateó fortificaciones, instrucción, municiones, transportes y material; quiso un Ejército eficaz, pero se resistió a reformarlo. Annual no nació únicamente en Annual. Llevaba años presupuestándose.
Berenguer en medio de un combate y ante la falta de municiones, exclamó: "Esto es un protectorado de piojosos".
La responsabilidad política fue enorme. El general Berenguer evidentemente conocía las deficiencias; Silvestre y sus estados mayores conocían, las limitaciones logísticas y tácticas; los mandos aceptaron ocupar y mantener un sistema de posiciones extremadamente extendido. Puell insiste precisamente en esa combinación de deficiencias estructurales y errores de planificación.
Madrid olvidó a su Ejército; lo administró mal, lo financió de forma inadecuada y le pidió más de lo que había querido hacerlo capaz de dar.
Qué quería realmente el gobierno en Marruecos
| General Manuel Fernández Silvestre. |
Al mismo tiempo, Manuel Fernández Silvestre recibió la Comandancia General de Melilla y articuló su penetración hacia el oeste. Su objetivo último era inequívoco: alcanzar Alhucemas, centro geográfico y político del Rif que seguía fuera del control efectivo español. El plan de avance en la zona oriental fue tratado con Berenguer y contó con aprobación desde Madrid; los éxitos aparentemente fáciles de 1920 reforzaron la impresión de que podía continuarse la penetración.
El Gobierno ordenó la ocupación progresiva y había autorizado que Silvestre continuara penetrando en el Rif oriental. A finales de 1920 y comienzos de 1921 el objetivo era enlazar, en último término, la penetración de Melilla con la zona occidental mediante la conquista o sometimiento del espacio de Alhucemas.
España tenía una estrategia territorial ofensiva, pero no había construido previamente el instrumento militar que esa estrategia exigía. No había permitido mantener un ejército moderno y dotado para esta misión.
No se trataba sólo de tener hombres. Se necesitaban unidades instruidas, reservas, carreteras y pistas, aguadas, fortificaciones, transmisiones, transporte automóvil y de ganado, depósitos escalonados, artillería fiable, munición suficiente y capacidad para sostener posiciones aisladas en terreno montañoso. Precisamente los aspectos organizativos, tácticos y materiales que Puell identifica como deficientes. Todo esto no había sido organizado porque el gobierno no dotó de medios al ejército.
| Eduardo Dato e Iradier. Presidente del Consejo de Ministros 1920. |
De ahí surge una paradoja política muy importante: los gobiernos querían progresar en Marruecos, pero procuraban que esa progresión costara poco dinero y, sobre todo, pocos soldados peninsulares muertos. Esa tensión ayuda a explicar la creciente dependencia de tropas indígenas y, desde 1920, de una fuerza profesional como el Tercio de Extranjeros.
El Ejército que se mandaba a combatir
Aquí la documentación es demoledora:
Problema |
Qué permite afirmar la documentación |
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Instrucción del soldado |
Puell documenta que, tras unas diez semanas dedicadas fundamentalmente a marchar con el fusil, un recluta podía dedicar una sola mañana a disparar cinco cartuchos antes de la jura de bandera. Las maniobras eran muy escasas. |
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Unidades vacías |
Regimientos que debían encuadrar unos 1.200 soldados raramente alcanzaban la mitad de su plantilla, aunque los cuadros de mando tendían a estar completos; servicios, permisos y enfermedades podían dejar compañías con sólo dos o tres hombres disponibles para la instrucción diaria. |
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Fusiles |
Berenguer dejó escrito que entre fusiles y carabinas había una «gran proporción de descalibrados». |
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Ametralladoras |
Berenguer afirmó que el material estaba frecuentemente incompleto o defectuoso y que muchas máquinas dejaban de funcionar desde los primeros disparos. |
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Artillería y munición |
El propio alto comisario reconoció dificultades para mantener las piezas y, especialmente, para el municionamiento. |
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Aviación |
Berenguer describió escasez y heterogeneidad de aparatos, munición deficiente y problemas de repuestos; en Tetuán había pocos aviones de diversos modelos, complicando el mantenimiento. |
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Colt, Campo-Giro, ganado y equipo de montaña |
Recuerdos posteriores de Emilio Mola, reproducidos por Luis E. Togores: Colt que se encasquillaban, Campo-Giro problemáticas, falta de reserva de munición, ganado de carga sin doma, conductores inexpertos y menaje inadecuado para montaña. |
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No estamos describiendo pequeñas carencias de una unidad colonial periférica. Estamos hablando de fallos elementales de generación de fuerza.
Un soldado que había disparado cinco cartuchos no estaba instruido para una guerra de montaña. Era un hombre uniformado al que la Administración había concedido la categoría jurídica de soldado sin haberle proporcionado necesariamente la pericia correspondiente. Puell señala además que la carencia de campos de tiro y maniobras y la multiplicación de servicios internos contribuían a esa bajísima instrucción.
Annual no puede explicarse diciendo que «la tropa huyó». Antes hay que preguntar qué había hecho el Estado para convertir a aquellos reclutas en combatientes.
«La contestación es: muy poco»
Las unidades mantenían cuadros de mando mucho más completos que sus plantillas de tropa.
El presupuesto era tan escaso que los gastos de personal absorbían buena parte de los recursos y reducían lo disponible para adiestramiento, armamento, campos de tiro y maniobras, acuartelamientos e infraestructuras. Los proyectos reformistas solían quedar mutilados por las restricciones financieras.
El gobierno de España sostenía un Ejército sin asignarle el presupuesto mínimo para la guerra que pretendía librar.
Un Protectorado barato: aquí está la responsabilidad política. Relato torticero para esconder la verdad.
El tan repetido argumento (relato) de que el Ejército español «gastaba demasiado en personal» resulta, como mínimo y por ser educado, es profundamente engañoso y miserable cuando se utiliza para explicar su atraso material. ¿Qué pretendía el gobierno, tener militares comiendo sobras y viviendo debajo de un puente?. ¿Qué quería el gobierno tener soldados de reemplazo en condiciones infrahumanas?.
| Lorenzo Domínguez Pascual. Ministro de Hacienda, gobierno Eduardo Dato 1920 |
El Estado pretendía mantener un Ejército numeroso y enviarlo a combatir en África con un presupuesto incapaz de cubrir simultáneamente sus necesidades humanas y operativas.
La realidad documentada es bastante menos cómoda que el «relato»: soldados con una instrucción de tiro mínima, unidades muy por debajo de plantilla, fusiles descalibrados, ametralladoras defectuosas, escasez de municiones, dificultades de transporte, aviación insuficiente y graves carencias logísticas.
Podían existir —y existían— problemas estructurales y una organización ineficiente, pero convertir el gasto de personal en la explicación, es la mentira política. España quiso hacer política de potencia en Marruecos sin pagar el Ejército que esa política exigía; y quienes acabaron pagando esa contradicción fueron, literalmente, los hombres enviados a combatir.
Puell recuerda que los partidos con posibilidades de gobernar solían prometer fortalecer el Ejército y ampliar su presupuesto, pero las reformas llegaban al Parlamento mutiladas o sencillamente no llegaban.
Sebastian Balfour recoge que, al preparar la campaña de 1920, los comandantes de las tres zonas elaboraron sus necesidades; Berenguer ya redujo las cifras antes de elevarlas a Madrid, y el Gobierno volvió a recortarlas. Para fortificar las nuevas posiciones, los mandos habían solicitado un millón de pesetas; Berenguer rebajó la propuesta a 900.000; el Gobierno concedió finalmente unos 300.000. Madrid redujo nuevamente la cantidad destinada a fortificar un territorio que se estaba ocupando militarmente.
Tres años después resulta sencillo señalar que los blocaos eran inadecuados, que estaban aislados, que carecían de agua o que no podían apoyarse mutuamente.
Balfour considera completamente insuficientes los recursos puestos a disposición de Berenguer y destaca ese sucesivo proceso de reducción presupuestaria. Su estudio, publicado originalmente por Oxford University Press, sigue siendo una de las obras académicas fundamentales para comprender la relación entre la guerra de Marruecos, la cultura militar y la política española.
Hay además una especie de «prueba del nueve» presupuestaria: después de Annual apareció el dinero.
El estudio de María Araceli Casasola Balsells y Vicente Pérez Chamorro, realizado a partir de los Presupuestos Generales y de la legislación publicada en la Gaceta de Madrid, demuestra que después de julio de 1921 el Gobierno comenzó a aprobar grandes suplementos y créditos extraordinarios para la «Acción en Marruecos»: decenas de millones para Artillería, Ingenieros, campamentos, transportes, sanidad, remontas y otras necesidades. Sólo el crédito suplementario de 16 de agosto de 1921 superó los cien millones de pesetas y se dirigió casi íntegramente al Ministerio de la Guerra.
Antes de Annual se economizó en prevención. Después de Annual se gastó en reconstrucción. Y la diferencia se pagó en vidas.
Es probablemente el argumento más potente para hablar de responsabilidad de la clase política.
Hay también una dimensión más profunda. La guerra marroquí era socialmente impopular y había generado enormes tensiones desde 1909. Los trabajos de María Gajate muestran la intensidad con que las campañas afectaron a la opinión pública y al debate político. La consecuencia fue que el Gobierno tenía incentivos contradictorios: avanzar para cumplir su política de Protectorado, pero contener simultáneamente gasto, bajas y movilización de reservistas.
| Semana Trágica Barcelona 1909 |
Eso explica parte del extraordinario peso adquirido por Regulares, Policía Indígena y posteriormente el Tercio. Puell señala que en la reorganización del Ejército de África de 1917 se dio prioridad a las tropas indígenas; la Policía Indígena llegó a treinta mías en 1921 y era utilizada también en operaciones militares. El recurso a tropas profesionales e indígenas era militarmente lógico. Lo irresponsable era permitir que su eficacia ocultase la insuficiencia del resto del sistema.
Berenguer: «Protectorado de piojosos»
Dámaso Berenguer no era un general desconocedor de la guerra marroquí. Había organizado Regulares, estudiado la guerra colonial y publicado en 1918 La guerra en Marruecos (ensayo de una adaptación táctica). María Gajate ha estudiado precisamente su pensamiento sobre la guerra asimétrica y su admiración por el modelo de Lyautey. Por tanto, cuando Berenguer describe las deficiencias materiales, sabe de qué está hablando.
En Campañas en el Rif y Yebala, 1921-1922, obra publicada en 1923 a partir de sus notas y documentos, habla explícitamente de fusiles y carabinas con una gran proporción de piezas descalibradas, ametralladoras incompletas y defectuosas y dificultades artilleras, especialmente de municionamiento. También expone las graves limitaciones de la aviación y del transporte.
Esto es muy importante para la cuestión de la responsabilidad política porque elimina la excusa de la invisibilidad del problema.
Las deficiencias materiales no eran secretos descubiertos por Picasso después de Annual. Existían y eran conocidas dentro del sistema de mando.
El verdadero fallo fue sistémico:
- Un Gobierno que aprobaba la progresión pero regateaba medios.
- Una Alta Comisaría que conocía las carencias pero continuaba exigiendo la orden de expansión
- Un mando de Melilla que cumplía órdenes del gobierno y falló en transformar éxitos obtenidos con escasa oposición, en la expectativa de que se podía seguir avanzando sin pagar el precio logístico correspondiente.
El éxito inicial fue engañoso. Un avance logrado mediante pactos, sumisiones y fuerzas indígenas no demostraba necesariamente que el territorio estuviera militarmente controlado. Las posiciones dominaban a menudo sólo el espacio alcanzado por su fuego y dependían de largas comunicaciones vulnerables; Puell señala precisamente la capacidad rifeña de infiltrarse, emboscar y atacar apoyos logísticos y la dificultad española para controlar efectivamente el terreno mediante posiciones aisladas.
Se conquistó territorio más rápidamente de lo que se podía consolidar. No fue únicamente un error táctico, fue un error político-estratégico.
El éxito territorial inicial se convirtió en su propia justificación. Cada nueva posición permitía pensar en la siguiente.
Ese mecanismo resulta todavía más grave si recordamos lo poco instruida que estaba buena parte de la tropa. No puede pedirse a un recluta que apenas ha utilizado su arma que actúe como infantería colonial experimentada, soporte el aislamiento de una posición, conserve la disciplina bajo cerco y ejecute una retirada en montaña bajo presión enemiga. La investigación de Puell sobre la instrucción previa hace insostenible cualquier explicación que cargue primordialmente sobre la «calidad humana» de los soldados de reemplazo.Después llegó la investigación
El Expediente Picasso se convirtió en la gran fuente judicial y militar sobre los acontecimientos de la Comandancia General de Melilla. La documentación se conserva en el Archivo Histórico Nacional y el estudio de María Rosa de Madariaga reconstruye las causas y responsabilidades a través del propio expediente y de la posterior Comisión parlamentaria.
El Parlamento abrió la cuestión de las responsabilidades políticas, pero el proceso quedó sin culminar. La Comisión de Responsabilidades fue reorganizada nuevamente en 1923 y el golpe de Estado del 13 de septiembre interrumpió el procedimiento parlamentario.El desastre que mostró la incapacidad del sistema de la Restauración para gobernar eficazmente su política marroquí contribuyó también a una crisis del propio sistema que terminó impidiendo que el parlamentarismo cerrase políticamente la investigación sobre las responsabilidades. La historiografía reciente sigue considerando Annual un acontecimiento decisivo en el debilitamiento del régimen.
Conclusiones
El Estado mantuvo unidades incompletas, tropas deficientemente instruidas, material desgastado y presupuestos consumidos en buena medida por el sostenimiento ordinario; a la vez, autorizó una expansión territorial que exigía fortificaciones, transporte, municiones y reservas que no había financiado suficientemente.
Un Gobierno puede decir «no hay dinero». Lo que no puede hacer responsablemente es decir al mismo tiempo «no hay dinero» y «siga usted avanzando».
Las limitaciones presupuestarias afectaban estructuralmente a instrucción y material; y Berenguer dejó testimonio del estado de armas y municionamiento.
También los generales sabían. Berenguer sabía. Silvestre sabía que se adentraba cada vez más en territorio hostil y que sus comunicaciones se alargaban. La pobreza de medios explica la fragilidad del Ejército; no justifica que el mando aceptase riesgos desproporcionados respecto a esos medios. Pero los generales avisaron. Un general conoce mejor que el político la capacidad de sus fuerzas, le corresponde ajustar operación, ritmo y objetivo a lo que realmente puede sostener y deberían haber sido más incisivos con un gobierno que no daba medios.
Y la comparación presupuestaria posterior es devastadora. Annual provocó inmediatamente créditos extraordinarios para artillería, ingenieros, transportes, sanidad, ganado y otras necesidades.
Después del desastre de Annual, el gobierno si encontró recursos para recuperar en meses lo que había perdido en días. La pregunta que persigue a la Restauración es por qué esos recursos sólo aparecieron después de que miles de hombres hubieran muerto.
Fuentes académicas, tesis y libros.
Fernando Puell de la Villa, «El ejército español en vísperas de Annual», Studia Historica. Historia Contemporánea, vol. 39. Es el artículo académico de partida más importante. Estudia justamente estructura orgánica, oficialidad, reclutamiento, instrucción, táctica y armamento y concluye que esas deficiencias fueron determinantes en el desastre.
Dámaso Berenguer, Campañas en el Rif y Yebala, 1921-1922. Notas y documentos de mi diario de operaciones, 1923. Fuente primaria imprescindible.
El Expediente Picasso. El Archivo Histórico Nacional conserva su documentación y existen ediciones oficiales y estudios académicos contemporáneos sobre ella.
María Rosa de Madariaga, «El desastre de Annual a través del Expediente Picasso y de la Comisión de Responsabilidades del Congreso». Muy útil para conectar el desastre militar con la cuestión política y parlamentaria de las responsabilidades.
Sebastian Balfour, Deadly Embrace: Morocco and the Road to the Spanish Civil War / Abrazo mortal. Obra fundamental para relacionar guerra colonial, sociedad, política y transformación del Ejército de África. Es especialmente útil para el argumento sobre la insuficiencia de recursos asignados a Berenguer y los recortes de las peticiones para la campaña de 1920. La edición académica original fue publicada por Oxford University Press en 2002.
María Gajate Bajo, «Dámaso Berenguer y sus lecciones sobre la guerra asimétrica en el Norte de Marruecos (1918-1923)». Importantísima para no presentar a Berenguer como un ignorante. Muestra un general que estudiaba la guerra marroquí, conocía a Lyautey y había construido una reflexión doctrinal propia.
María Gajate Bajo, «El Protectorado, las campañas hispano-marroquíes y la opinión pública (1902-1923)». Fundamental para explicar por qué Marruecos era un problema político y no sólo militar, y por qué la relación entre bajas, reclutamiento, opinión pública y decisiones gubernamentales condicionaba cualquier política colonial.
María Araceli Casasola Balsells y Vicente Pérez Chamorro, «El gasto público por la “Acción en Marruecos” tras el Desastre de Annual (1921-1922)». Es la fuente especializada que recomiendo para convertir el argumento presupuestario en evidencia cuantificable. Trabaja con legislación y presupuestos y permite comprobar la magnitud de los créditos extraordinarios inmediatamente posteriores al desastre.
Guillermo López Rodríguez, Procesos de cambio militar en el Ejército de Tierra español, tesis doctoral, Universidad de Granada, 2023. Su investigación doctoral incluye el caso de la transformación producida por la guerra de Marruecos. Su artículo específico sobre innovación militar sostiene que Annual actuó como un «shock estratégico» que obligó al Ejército a modificar doctrina, organización, procedimientos y tecnología entre 1921 y 1927.
Pablo La Porte, El Desastre de Annual y la crisis de la Restauración en España (1921-1923), tesis doctoral, Universidad Complutense. Continúa siendo una referencia importante para enlazar Annual con la crisis política de la Restauración y aparece habitualmente utilizada por la historiografía académica posterior sobre opinión pública y Marruecos.
Alfonso Iglesias Amorín, cuya tesis doctoral estudió la memoria de las guerras de Marruecos en España, es especialmente útil para comprender cómo se construyeron las imágenes del soldado, del enemigo y de las campañas.
Juan Pando, Historia secreta de Annual. Sigue siendo una obra muy útil por la cantidad de documentación y correspondencia que maneja y reproduce.
Stanley G. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea/moderna. Resulta útil para la dimensión político-militar y es una de las obras que transmiten la frase atribuida a Berenguer sobre el «Protectorado de piojosos».
Luis E. Togores, Millán Astray, legionario.
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Abrazo mortal: De la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos (1909-1939) - DOKUMEN.PUB
Dámaso Berenguer y sus lecciones sobre la guerra asimétrica en el Norte de Marruecos (1918-1923) | Revista Universitaria de Historia Militar
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Annual 1921: El desastre que transformó España | PDF | Marruecos | España
Pistola semiautomática Astra Modelo 1921 — pieza del mes de Octubre
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Le Grimh
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Spain and Morocco: from the Disaster of Annual to Primo de Rivera’s dictatorship (1921-1930). Coordinated by Rocío Velasco de Castro. An Introduction | Hispania Nova
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El desastre de Annual a través del Expediente Picasso y de la Comisión de Responsabilidades del Congreso | Documentación de las Ciencias de la Información
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