miércoles, 21 de enero de 2026

La Fontana de Oro: Histórica y Emblemática Taberna Madrileña del Siglo XIX

Orígenes: De posada dieciochesca a café de tertulias

La Fontana de Oro fue originalmente una fonda de viajeros establecida en Madrid a finales del siglo XVIII. Se sabe que ya hacia 1760 estaba abierta al público como posada para caballeros, botillería y poco después fonda, regentada por un italiano de Verona llamado Giuseppe Barbazan. Algunas fuentes fechan su fundación formal en 1782, indicio de que en las últimas décadas del siglo XVIII el establecimiento ya operaba con el nombre de La Fontana de Oro. De hecho, fue una de las tres grandes posadas madrileñas del siglo XVIII, junto con la Cruz de Malta y la Fonda de San Sebastián. Su ubicación era estratégica: en la esquina de la carrera de San Jerónimo con la calle de la Victoria, muy cerca de la Puerta del Sol.
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Desde sus inicios, la fonda gozó de buena fama entre los viajeros extranjeros. El clérigo británico Edward Clarke, en sus cartas de 1760, afirmó que “era la única fonda tolerable de todo Madrid”, reflejando la escasez de alojamientos cómodos en la ciudad en aquel entonces. Con el tiempo, La Fontana de Oro amplió sus servicios: en la planta baja se instaló una botillería donde se expendían vinos, licores, refrescos, té, café y repostería, mientras las plantas superiores ofrecían hospedaje y un apreciado comedor. Hacia finales del siglo XVIII el negocio evolucionó hasta convertirse también en un café en el sentido moderno, es decir, un lugar de tertulia y encuentro social, además de hospedaje.

El nombre pintoresco del local, “Fuente de Oro”, quizá provenía de algún motivo decorativo o letrero de la antigua posada. En todo caso, a finales de la centuria ya era un establecimiento conocido en la Villa y Corte. Era frecuentado tanto por mercaderes –por ejemplo tratantes de ganado que cerraban allí sus negocios– como por jóvenes escribientes en busca de trabajo. En las primeras décadas del siglo XIX, La Fontana de Oro se había consolidado como café de tertulias, a la par de otros cafés pioneros de Madrid (Lorencini, la Cruz de Malta, etc.), anticipando la eclosión de los famosos cafés literarios que caracterizarían la vida intelectual madrileña en la segunda mitad del siglo.

El Trienio Liberal (1820-1823): Cuna de Sociedades Patrióticas

El verdadero protagonismo histórico de La Fontana de Oro llegó con el estallido liberal de 1820. Tras seis años de absolutismo de Fernando VII (1814-1820), el pronunciamiento del general Riego devolvió vigor a la Constitución de 1812 e inauguró el periodo conocido como el Trienio Constitucional o Liberal. En este contexto de efervescencia política, La Fontana de Oro se transformó en el café de tertulia más popular y agitado de Madrid, convirtiéndose en lugar de reunión diario para la juventud liberal exaltada y el pueblo políticamente consciente.

Liberales exaltados. andalan.com
Entre 1820 y 1823, sus salones sirvieron de sede a una de las sociedades patrióticas más célebres de la capital. Estas sociedades eran clubes políticos abiertos donde se debatían apasionadamente las ideas liberales y se ejercía la oratoria pública. En el caso de La Fontana de Oro, la clientela política pertenecía sobre todo a la facción de los exaltados –el ala radical del liberalismo español decimonónico, influida por el jacobinismo francés y de marcado carácter progresista–, aunque también asistían liberales moderados. El café llegó a alojar a un nutrido público en sus reuniones; un testigo de la época, el conde italiano Giuseppe Pecchio, describió la Fontana en 1823 como “una gran sala capaz de contener cerca de mil personas, con dos púlpitos en medio desde donde los tribunos se dirigían al pueblo soberano”. Esta imagen da cuenta de la intensidad de aquellos mítines improvisados.

Varios líderes y personajes ilustres frecuentaron o tomaron la palabra en La Fontana de Oro durante el Trienio Liberal. Entre los asiduos y oradores del café se contaron, por ejemplo:
  • Rafael del Riego, el militar cuyo levantamiento inició el régimen constitucional en 1820.
  • Antonio Alcalá Galiano, brillante orador liberal que más tarde ocuparía altos cargos políticos. Galiano pronunciaba encendidos discursos en la Fontana, como luego evocó Galdós en su novela.
  • Evaristo Fernández de San Miguel, Francisco Martínez de la Rosa y el duque del Parque, quienes integraban la sociedad patriótica del café y este último actuaba como presidente de la misma.
  • Juan Manuel Romero Alpuente, diputado exaltado célebre por su vehemencia, y otros jóvenes intelectuales liberales de la época, que hallaban en estos clubs su “parlamento” alternativo.
La Fontana de Oro ofrecía un espacio relativamente tolerado –al menos inicialmente– para la libertad de expresión. Allí se discutía la actualidad política, se vitoreaba la Constitución y se criticaban las intrigas de Fernando VII. De hecho, la tradición sostiene que en este café se entonó por primera vez en Madrid el Himno de Riego, marcha patriótica adoptada como símbolo liberal. También eran comunes las canciones satíricas como el Trágala (dirigida contra los absolutistas), coreadas en manifestaciones callejeras que partían de la Puerta del Sol y confluían en locales como la Fontana.

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Tal ambiente de asamblea permanente inquietaba a los sectores más moderados. El gobierno constitucional, presionado por divisiones internas entre liberales moderados y exaltados, intentó controlar estos focos de agitación. En 1821, el ministro de la Gobernación, Ramón Feliú, llegó a destituir al jefe político de Madrid (Francisco Copons) por negarse a clausurar La Fontana de Oro. El sustituto, José Martínez San Martín, sí ordenó cerrar temporalmente el café y arrestó a su propietario, Juan Antonio Gippini (de origen italiano, heredero de la familia fundadora) bajo la acusación de permitir oradores sin autorización oficial. Este caso tuvo repercusión: Gippini presentó defensa impresa y finalmente la causa fue sobreseída, pero a partir de ese momento las tertulias políticas en la Fontana quedaron bajo mayor vigilancia. Según relatos posteriores, las últimas sesiones de la sociedad patriótica tuvieron que celebrarse de forma semiclandestina en un piso superior, a puerta cerrada, mientras en la planta baja continuaba el café funcionando discretamente.

A pesar de estas dificultades, durante el Trienio Liberal La Fontana de Oro vivió su época de mayor esplendor y pasó a la historia como foro revolucionario. Sus tribunas vieron nacer a líderes populares que después continuarían influyendo en la vida política española. Como señalaría irónicamente Galdós, muchos de aquellos jóvenes exaltados de 1820-23 seguirían desempeñando papeles relevantes en décadas posteriores –aunque, ya mayores, no todos mantendrían el mismo ardor liberal de su juventud–.

Absolutismo y cambios (1823-1840): Del café político al hotel

El final brusco del Trienio llegó en 1823 con la invasión francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis, que restauró a Fernando VII como monarca absoluto. Con la reacción absolutista, los clubes liberales fueron disueltos y muchos exaltados tuvieron que exiliarse. La Fontana de Oro, despojada de su función política, volvió a su antiguo papel de fonda para viajeros, adaptándose a los nuevos tiempos.

Durante la llamada Década Ominosa (1823-1833) –diez años de férrea persecución del liberalismo– es de suponer que el establecimiento evitó cualquier actividad subversiva. Se mantuvo como mesón y café ordinario, recibiendo huéspedes e intentando sobrevivir comercialmente. De hecho, en los años 1830 La Fontana de Oro era más conocida por su faceta lúdica: bailes de máscaras y tertulias festivas animaban sus salones. La prensa madrileña de la época anunciaba concurridos bailes de carnaval en el café; por ejemplo, el Diario de Madrid del 12 de febrero de 1840 publicaba un aviso de “Baile de máscaras en el salón de la Fontana de Oro, hoy miércoles a las once de la noche”. Estos festejos populares indican que el local seguía siendo un punto de reunión social, aunque ya desvinculado de la alta política.

El ocaso del café original llegó poco después. En febrero de 1840 se registra la última noticia del café como tal, y para mayo de ese año los anuncios indican que en la “casa titulada Fontana de Oro” se había instalado ya un gabinete de lectura regentado por cierto Monier. En otras palabras, La Fontana de Oro dejó de existir como café público en 1840. Apenas tres años más tarde, en 1843, el establecimiento –junto con las fincas contiguas– fue adquirido oficialmente por el empresario francés Casimir Monier. Con este traspaso, se cerró una etapa singular de la vida política y bohemia madrileña, dando paso a un nuevo uso del inmueble.

Monier transformó radicalmente el lugar, creando un complejo hotelero moderno para la época. El antiguo café se convirtió en el “Hotel de Monier”, un establecimiento mixto que ofrecía alojamiento, baños calientes y salas de lectura. La prensa del momento destacaba esta reconversión, señalando que había sido “transformado en un establecimiento para baños, alojamiento y salas de lectura”. El Hotel Monier aspiraba a atraer a la alta clientela y a viajeros distinguidos. De hecho, algunos extranjeros lo consideraron por un tiempo “el mejor hotel de Madrid”, aunque otros lo juzgaron severamente: el viajero británico Arthur de Capell-Brooke, fundador del club Raleigh, escribió sarcásticamente que “es capaz de albergar unos cien holgazanes que, en horas de ocio –que en España no están muy definidas–, están muy ocupados haciendo nada; esto es, bebiendo limonada, fumando puros y jugando a la política”. Esta cita revela que incluso bajo apariencia de hotel respetable, el local conservaba algo de la atmósfera ociosa del viejo café madrileño, con tertulianos que conversaban de política entre copa y copa.

Durante la gestión de Monier, La Fontana de Oro –o más bien el Hotel Monier– vivió algunos episodios destacados. Se sabe, por ejemplo, que fue hospedaje de notables visitantes. El novelista francés Alejandro Dumas (padre) pasó por la fonda de Monier en 1846 durante su viaje a España (con motivo de la boda de la infanta Luisa Fernanda). Las crónicas mencionan a “mariscales y escritores” entre los huéspedes célebres de la Fontana en esa época. Pese a ello, Monier no tuvo un final exitoso: su negocio afrontó dificultades financieras y tras unos años entró en bancarrota.

Declive y “resurrección” del local (1850-1900)

Mediada la década de 1850, el histórico edificio de la Fontana de Oro sufría el desgaste del tiempo. En la madrugada del 12 de marzo de 1856, aconteció un hecho dramático: el vetusto edificio se derrumbó parcialmente mientras la ciudad dormía. La crónica relata que colapsó la parte de la construcción que daba a la calle de la Victoria, aunque afortunadamente no hubo víctimas personales. Solo quedó en pie la fachada orientada a la Carrera de San Jerónimo, pero el daño estructural era irreparable. La prensa madrileña aprovechó para criticar la falta de medidas municipales ante los edificios ruinosos, calificando el lugar como “jaula apolillada” cuya caída era un aviso para demoler las casas viejas de la zona.

Tras el desastre, los comercios que aún quedaban en la antigua Fontana (incluyendo la librería/gabinete de lectura de Monier) tuvieron que liquidar apresuradamente sus existencias y evacuar el solar. El propio Monier, arruinado y endeudado, vio subastados sus bienes en 1858, y fallecería pocos años después, en 1861. Sin embargo, la ubicación privilegiada no quedó abandonada por mucho tiempo. Ya en 1857 se había levantado un nuevo edificio de viviendas en el solar, diseñado por el arquitecto Jerónimo de la Gándara. Esta nueva casa –que es la que subsiste actualmente– tiene su acceso principal por la calle de la Victoria, número 1, esquina con Carrera de San Jerónimo. De la vieja Fontana de Oro apenas quedó el recuerdo y algunas menciones en guías y relatos costumbristas.

Puerta del Sol 1870. Wikipedia
En los años posteriores, el local a pie de calle en ese nuevo edificio continuó con el giro de la hostelería, aunque bajo distintas denominaciones. Hacia 1859, según consta, se instaló allí el “Hotel de los Embajadores”, quizá aprovechando la remodelación moderna para atraer visitantes extranjeros (como sugiere el nombre). No está claro cuánto tiempo funcionó este hotel, pero a finales del siglo XIX y comienzos del XX el emplazamiento alojaría sucesivamente diversos cafés y tabernas. Entre los nombres que ostentó en el siglo XX figuran Los Bilbaínos y Los Vascos, sendos bares que ocuparon el local en distintas épocas. Estos nombres indican una posible orientación regional (tal vez centros de reunión de la colonia vasca en Madrid) y reflejan la continua vocación del sitio como punto de encuentro social.

La transformación de Madrid a lo largo del siglo XX trajo altibajos para este histórico local. Finalmente, la taberna pasó a llamarse “Sol y Sombra” –un nombre taurino típico– y así permaneció durante buena parte del siglo. Según el investigador Luis Agromayor, en su libro Tabernas de Madrid, Sol y Sombra era un establecimiento amplio, decorado con cubas de barro pintadas, carteles taurinos y ambiente castizo, que se abarrotaba especialmente durante las Fiestas de San Isidro (la gran feria taurina madrileña). Este ambiente costumbrista de Sol y Sombra mantuvo vivo el carácter tradicional de la taberna hasta 1987, año en que el local cerró sus puertas y quedó inactivo durante un tiempo.

La Fontana de Oro en tiempos recientes: Renovación y legado

Tras siete años de cierre y cierto olvido, la legendaria Fontana de Oro experimentó una suerte de resurrección. En noviembre de 1994, un emprendedor llamado Felipe Gallego reabrió el establecimiento, recuperando su nombre original y reivindicando su rica historia. Se llevó a cabo una profunda reforma interior con un doble objetivo: dotar al local de atractivo moderno (como pub y bar musical) pero a la vez evocar la atmósfera decimonónica descrita por Galdós. Así, se reinstalaron barras de estilo antiguo semejantes a las que figuraban en la novela, y se habilitó una zona en alto denominada “La Fontanilla”, en recuerdo de la tribuna donde antaño los oradores se dirigían al público. Incluso se decoraron los techos con frescos, obra de artistas contemporáneos, en alusión a las pinturas que en el siglo XIX adornaban el café original.

Fachada actual de la taberna La Fontana de Oro, en la calle de la Victoria n.º 1 de Madrid (a pocos metros de la Puerta del Sol). 

Desde 1994 hasta el presente, La Fontana de Oro funciona como pub irlandés, café y sala de conciertos diaria. Si bien el local actual no es físicamente el mismo edificio que la antigua fonda (recordemos que aquel se derrumbó en 1856), ha asumido su nombre y legado histórico. Su localización es prácticamente la misma esquina, lo que añade autenticidad a la experiencia. En su interior, la decoración mezcla elementos eclécticos: estanterías con botellas y libros antiguos, farolas de forja, retratos y láminas de políticos decimonónicos y del propio Galdós, e incluso detalles pintorescos. En la planta baja se alternan mesas altas y bajas junto a dos barras, mientras que un sótano ambientado al estilo medieval (con escudos, bancos corridos y una armadura) acoge eventos musicales y fiestas privadas.

En la acera, una placa conmemorativa recuerda al viandante que allí estuvo La Fontana de Oro original y que Benito Pérez Galdós la inmortalizó en la literatura. No cabe duda de que el renombre actual del lugar se debe en gran medida a la impronta galdosiana, que ha convertido la Fontana en visita obligada para amantes de la historia madrileña y de la novela realista.

Benito Pérez Galdós y La Fontana de Oro: Historia convertida en novela

La trascendencia histórica de la Fontana de Oro quedó consolidada gracias a la pluma de Benito Pérez Galdós. El gran novelista canario, en su afán por narrar la España del siglo XIX, eligió justamente La Fontana de Oro como título y escenario de su primera novela, publicada en 1870. Galdós tenía 27 años cuando escribió esta obra (entre 1867 y 1868, en parte durante un viaje a París tras la Revolución de Septiembre de 1868). La novela, subtitulada “novela histórica”, está ambientada en el Madrid del Trienio Liberal (1820-1823) y mezcla acontecimientos históricos reales con las tramas sentimentales y ficticias de sus personajes.

El propio Galdós, en un breve prólogo escrito en diciembre de 1870, explicó la razón de ser de la novela: señaló la semejanza entre la crisis política de 1820-23 y la que España vivía en 1868-70 tras la revolución Gloriosa, y vio oportuno rescatar aquel período histórico para el público contemporáneo. Es decir, Galdós trazó un paralelismo entre el Trienio Liberal y los años previos a la Revolución de 1868, haciendo de La Fontana de Oro una alegoría histórica que invitaba a reflexionar sobre el presente (el convulso sexenio democrático) a la luz del pasado.

👉 La Fontana de Oro: Galdós y la Historia de Madrid

 
En la novela, La Fontana de Oro aparece fielmente reconstruida. Galdós, con su característico realismo minucioso, describe la fisonomía del café casi como si fuese un personaje más. Gracias a sus páginas sabemos que el local tenía dos ámbitos bien definidos: la zona del café propiamente dicho (mesas para consumir chocolate o café) y, al fondo, el espacio destinado a las sesiones políticas. Al principio, cuenta Galdós, los oradores improvisaban subidos sobre las mesas, hasta que el dueño se vio obligado a instalar una tribuna elevada dada la afluencia de público. El gentío era tal que hubo que colocar bancos adicionales; los debates subían de tono a tal punto que en ocasiones los clientes tranquilos de la planta baja oían “un estruendo espantoso en las regiones superiores”, temiendo que se les viniese el techo encima. Esta vivaz pintura literaria coincide con las crónicas históricas, confirmando que La Fontana de Oro realmente funcionó como club político popular.

Esta imagen romántica trascendió la realidad objetiva del local. Si bien el café real cerró en 1840 y fue demolido en 1856, su leyenda sobrevivió en periódicos, memorias y en la novela galdosiana, hasta el punto de que a finales del siglo XIX todavía se citaba la Fontana como referencia histórica. De hecho, la novela tuvo varias ediciones populares (por ejemplo, una tirada de 20.000 ejemplares en 1906, coincidiendo con actos de homenaje a Galdós). En el siglo XX, La Fontana de Oro fue objeto de estudios galdosianos, adaptaciones radiofónicas e incluso una versión televisiva en 1974. Todo ello contribuyó a afianzar en el imaginario colectivo la memoria de aquella taberna emblemática del Madrid decimonónico.

Conclusión: Realidad y legado de La Fontana de Oro

En síntesis, La Fontana de Oro desempeñó un papel singular en la historia de Madrid y de España. Como establecimiento real, fue testigo de la evolución de la sociedad española desde el Antiguo Régimen hasta la modernidad: nació como posada ilustrada en el siglo XVIII, se transformó en café político durante el primer experimento liberal del siglo XIX, y luego, tras años de silencio, renació en distintas formas (fonda, hotel, taberna) reflejando los cambios de la ciudad. Su papel en la historia estuvo marcado sobre todo por el breve pero intenso periodo del Trienio Liberal, en que sirvió de foro a las ideas revolucionarias que pugnaban por arraigar en España. En aquellos muros se vivió la libertad de imprenta y reunión, se cantó por vez primera el Himno de Riego en la capital, y se aplaudió a oradores cuyo eco llegaría al Parlamento y a la posteridad.

Gracias a Benito Pérez Galdós, esa memoria se elevó al plano mítico-literario. La Fontana de Oro de la novela es a la vez espejo fiel de la realidad histórica y metáfora de un ideal que trasciende su tiempo. Galdós logró que la taberna madrileña, modesta en apariencia, representara algo universal. Por ello, la huella de La Fontana de Oro perdura hasta hoy. El local actual, convertido en pub, rinde homenaje a su pasado con fotografías de Galdós y de los oradores liberales, cumpliendo la curiosa misión de ser a un tiempo bar de copas moderno y museo vivo de la historia madrileña. Turistas y madrileños pueden tomar allí un café (o una cerveza) sabiendo que pisan el mismo suelo donde hace dos siglos se arengó a la multitud y se brindó por la Constitución.

En definitiva, La Fontana de Oro trasciende la categoría de taberna para inscribirse en la historia urbana y cultural de Madrid. Es un ejemplo de cómo un simple café de tertulias puede convertirse en escenario de acontecimientos cruciales y, más aún, en inspiración para la literatura. Su “fuente de oro” mana tanto datos históricos –propietarios, fechas, sucesos documentados– como anécdotas y fantasías novelescas. Y en esa mezcla de realidad y ficción reside su encanto perenne. Estudiar La Fontana de Oro es asomarse a un fragmento del siglo XIX español: a sus conspiraciones y proclamas, a sus bailes de máscaras y duelos dialécticos, a sus luces y sombras. Pocas tabernas podrán jactarse de haber albergado en tan corto tiempo a tantos personajes ilustres y de haber dejado una impronta tan profunda. Por eso, La Fontana de Oro merece figurar con honor tanto en los libros de historia como en las páginas inmortales de la novela galdosiana, recordándonos la vibrante vida política y cultural del Madrid de antaño.


Fuentes

La elaboración de este trabajo se ha sustentado en numerosas fuentes académicas y documentales. Entre ellas destacan los estudios históricos sobre cafés madrileños de Ramón de Mesonero Romanos y Ángel González Palencia, el artículo “Notas históricas sobre la Fontana de Oro” de Jaume Sobrequés, las investigaciones recientes sobre Galdós (por ejemplo, Rafael Núñez, 2018), así como la novela La Fontana de Oro de Benito Pérez Galdós (edición de la Biblioteca Virtual Cervantes). Igualmente se han consultado fuentes primarias de la época, como prensa decimonónica digitalizada (Diario de Madrid, El Clamor Público) citadas en el blog Antiguos Cafés de Madrid, y testimonios de viajeros extranjeros recopilados en sitios web históricos.
  • Agromayor, Luis. Tabernas de Madrid. (Información sobre Sol y Sombra).
  • Galdós, Benito P. La Fontana de Oro (1870). Ed. facsímil en Cervantes Virtual.
  • González Palencia, Ángel. Establecimiento de la Fontana de Oro. Revista BAMI, Madrid (1926).
  • Núñez Rodríguez, Rafael. “La construcción de un mito liberal: La Fontana de Oro (1871)”, en La hora de Galdós, 2018.
  • Sobrequés i Callicó, Jaume. “Notas históricas sobre la Fontana de Oro”, Revista de Girona Nº65 (1973).
  • VV.AA. Anales Galdosianos (varios artículos sobre La Fontana de Oro y su contexto histórico-literario).
  • Blog Antiguos Cafés de Madrid (M.R. Giménez): “La Fontana de Oro y Casimir Monier” (2019).
  • Blog Flaneando por Madrid: “La Fontana de Oro” (2014).
  • Web oficial FontanaDeOro.com: sección Historia (consultada 2025).
  • Lugaresconhistoria.com: “Galdós y La Fontana de Oro (Madrid)” (J. Ramos, 2022).
  • El Petirrojo Azul (A. Calvo, 2019): “Historia, literatura y música se unen en La Fontana de Oro”.
  • Núñez Rodríguez, R. (2019). La construcción de un mito liberal: La Fontana de Oro (1871). En La hora de Galdós: Actas del XI Congreso Internacional de Estudios Galdosianos (pp. 530–548). Cabildo de Gran Canaria / Casa-Museo Pérez Galdós. https://revistas.grancanaria.com/index.php/RevistaCasa_MuseoPerezGaldos/article/view/1196 (revistas.grancanaria.com).
  • Sobrequés i Callicó, J. (1973). Notas històriques sobre la Fontana de Oro. Revista de Girona, (65), 7–9. https://www.raco.cat/index.php/RevistaGirona/article/view/164874 (RACO).
  • Vázquez Astorga, M. V. (2020). Casimiro Monier y sus establecimientos. Jerónimo Zurita. Revista de Historia, (95). Institución Fernando el Católico (PDF). https://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/38/72/12vazquez.pdf (Institución Fernando el Católico).
  • Pérez Galdós, B. (1870). La Fontana de Oro. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-fontana-de-oro--0/html/ (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
  • Gimeno Casalduero, J. (2006). Los dos desenlaces de «La Fontana de Oro»: origen y significado. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (ed. digital). https://www.cervantesvirtual.com/obra/los-dos-desenlaces-de-la-fontana-de-oro-origen-y-significado/ (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
  • Biblioteca Virtual de la Prensa Histórica (BVPH). (s. f.). Portal/Repositorio. https://prensahistorica.mcu.es/ (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes).
  • Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico (BVPB), Ministerio de Cultura. (s. f.). Registro: La Fontana de Oro. Novela histórica… https://bvpb.mcu.es/ (búsqueda interna por título/autor). (antiguoscafesdemadrid.com).
  • Giménez, M. R. (2019, 19 febrero). La Fontana de Oro y Casimir Monier. Antiguos Cafés de Madrid (Blogger). https://www.antiguoscafesdemadrid.com/2019/02/la-fontana-de-oro-y-casimir-monier.html (antiguoscafesdemadrid.com). 
  • Flaneando por Madrid. (2014, 22 mayo). La Fontana de Oro. WordPress. https://flaneandopormadrid.wordpress.com/2014/05/22/la-fontana-de-oro/ (Flaneando por Madrid).
  • Calvo Hernández, A. (2019, 6 marzo). Historia, literatura y música se unen en La Fontana de Oro. El Petirrojo Azul. https://elpetirrojoazul.home.blog/2019/03/06/historialiteraturaymusicaenlafontanadeoro/ (El Petirrojo Azul).
  • Ramos de los Santos, J. (2022, 4 septiembre). Galdós y La Fontana de Oro (Madrid). Lugares con historia. https://lugaresconhistoria.com/fontana-de-oro-madrid (Lugares con Historia).
  • González Palencia, Á. (1926). Establecimiento de la Fontana de Oro (citado por Antiguos Cafés de Madrid).

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