sábado, 4 de abril de 2026

Los Diez Mandamientos (1923) de Cecil B. DeMille

Título original: «The Ten Commandments»

Guion: Jeanie MacPherson (basado en una idea surgida de un concurso público convocado por el propio DeMille en *The Los Angeles Times*)  

Elenco principal:  

- Theodore Roberts como Moisés  

- Charles de Rochefort como Ramsés  

- Estelle Taylor como Miriam  

- Julia Faye como la esposa del Faraón  

- En la historia moderna: Richard Dix (John McTavish), Rod La Rocque (Dan McTavish), Leatrice Joy y Nita Naldi  


Se considera el nacimiento de la «Fórmula DeMille»: una mezcla contradictoria de grandiosidad espiritual, efectos especiales de vanguardia y un moralismo tan pesado que roza la hipocresía.

La película se estructura en dos partes claramente diferenciadas: un prólogo bíblico que narra el Éxodo y la entrega de los Mandamientos, y una historia paralela ambientada en la América de los años 20 que ilustra las consecuencias de transgredirlos en la vida contemporánea. Forma parte de la trilogía bíblica de DeMille, junto a *El rey de reyes* (1927) y *El signo de la cruz* (1932).


Contó con un presupuesto de 1,4 millones de dólares (una cifra astronómica) y levantó en las dunas de Guadalupe-Nipomo un Egipto de pesadilla y asombro: cuatro faraones de 35 pies y 21 esfinges custodiando puertas de 110 pies de altura.

Lo que eleva esta obra por encima de otros dramas es su innovación técnica. El uso pionero del Technicolor de dos colores y el proceso Handschiegl para el tintado manual de las plagas y la partición del Mar. Ver a miles de extras reales moviéndose entre esas moles de yeso genera un vértigo que el cine moderno ha sido incapaz de replicar.


La crítica contemporánea elogió especialmente las escenas bíblicas: “las escenas iniciales del Éxodo son irresistibles en su ensamblaje, amplitud, color y dirección; son enormes y tan atractivas como su escala”, pero coinciden en que la historia moderna resulta anticuada, moralista y “involuntariamente hilarante” por su tono sermoneador. 

Se la reconoce como precursora directa de la versión de 1956 y como ejemplo paradigmático del estilo DeMille.


Tras el rodaje, los sets monumentales fueron abandonados y sepultados por las dunas de California, convirtiéndose en un yacimiento arqueológico cinematográfico único que solo fue rescatado entre 2012 y 2014.

«Los Diez Mandamientos» (1923) es un tesoro del cine mudo que sobrevive hoy no por su guion didáctico, sino por la audacia de un director que se atrevió a construir un imperio de yeso para recordarnos que, en el cine, la escala sí importa.

jueves, 2 de abril de 2026

The King of Kings 1927

Director: Cecil B. DeMille  

Guion: Jeanie Macpherson  

Género: Drama épico religioso / película muda con partitura sincronizada  

Elenco principal: H.B. Warner (Jesús), Dorothy Cumming (María, la madre), Jacqueline Logan (María Magdalena), Ernest Torrence (Pedro), Joseph Schildkraut (Judas Iscariote), Victor Varconi (Poncio Pilato)  

Premios y reconocimientos: Sin nominaciones Oscar (la Academia aún no premiaba categorías técnicas con regularidad), pero la crítica contemporánea la consideró la obra maestra de DeMille.  


La iluminación es especialmente cuidada: Jesús aparece bañado en una luz etérea y difusa que genera un halo casi sobrenatural sin caer en lo caricaturesco, técnica que el propio DeMille denominaba “luz santa”.  

Opiniones críticas consolidadas:

  • The Film Daily (1927) afirmó: “No se puede decir más que elogios por la reverencia y el aprecio con que se ha desarrollado la hermosa historia… 
  • The King of Kings es tremenda desde todo punto de vista. Es la pieza de artesanía cinematográfica más fina jamás producida por DeMille”.
  • Photoplay la calificó como “el mayor esfuerzo cinematográfico de Cecil B. DeMille” y “una visualización sincera y reverente de los últimos tres años de la vida de Cristo”. 
  • Norbert Lusk, en Picture Play, la declaró “la obra maestra de DeMille y una de las mayores de todas las películas”.  

La crítica especializada posterior (Criterion Collection, TCM, Film Quarterly) coincide en destacar su valor como la realización más elaborada del cine mudo del “mayor relato jamás contado”, subrayando su ortodoxia protestante y su capacidad para emocionar incluso a espectadores no religiosos. Algunas voces modernas señalan que su reverencia roza lo convencional, pero reconocen que la excelencia técnica y la contención interpretativa de H.B. Warner la sitúan muy por encima de otras versiones cinematográficas de la vida de Cristo.

Aunque la película se presenta como una narración directa y reverente de los Evangelios, DeMille insertó un subtexto ecuménico deliberado: buscó una versión “universal” del cristianismo que evitara divisiones doctrinales, lo que explica la ausencia de referencias explícitas a dogmas católicos o protestantes específicos.  

Entre las curiosidades de producción destacan las estrictas normas impuestas por DeMille para preservar la sacralidad: todos los actores debían comportarse según su personaje incluso fuera de cámara; H.B. Warner (que tenía 50 años) firmó un contrato que le prohibía hablar con nadie excepto el director y aparecer en público durante el rodaje; Dorothy Cumming (María) se comprometió a someter sus próximos cinco papeles a la aprobación personal de DeMille. Cada mañana se celebraba misa en el set y se reproducía “Onward, Christian Soldiers” para crear el ambiente adecuado. 

lunes, 30 de marzo de 2026

Nefarious (2023)

Thriller psicológico de horror. Se basa en la novela "A Nefarious Plot" (2016) de Steve Deace.  

Elenco principal: Sean Patrick Flanery (Edward Wayne Brady / Nefarious), Jordan Belfi (Dr. James Martin), Tom Ohmer (Warden Tom Moss) y un breve cameo de Glenn Beck.

Un psiquiatra de renombre, el Dr. James Martin (Jordan Belfi), es convocado de urgencia a una prisión estatal para realizar una evaluación psicológica de última hora a Edward Wayne Brady (Sean Patrick Flanery), un asesino en serie condenado a muerte y programado para su ejecución esa misma noche. Brady afirma estar poseído por un demonio llamado Nefarious, quien toma el control de la entrevista y entabla con el doctor una batalla verbal de ingenio. A lo largo de la noche, el demonio desmantela sistemáticamente las convicciones ateas del psiquiatra, revela verdades incómodas sobre la sociedad contemporánea y profetiza tres asesinatos que el propio Dr. Martin cometerá antes de que termine el día. La acción se concentra casi por completo en la sala de interrogatorios, convirtiendo el encuentro en un duelo dialéctico entre fe y escepticismo, posesión demoníaca y libre albedrío.

Valoraciones cuantitativas son curiosas, los expertos en Rotten Tomatoes 35 % (basado en críticas profesionales) pero la Audience Score 96 %. ¿Por qué? 



Es una obra que se sostiene casi exclusivamente sobre el duelo actoral y la fuerza de su premisa dialéctica.

La película se encuadra en el subgénero de cámara o «pieza de cámara». Al desarrollarse mayoritariamente en una sala de interrogatorios, la responsabilidad recae en el guion y las actuaciones. En este aspecto, Sean Patrick Flanery realiza un trabajo extraordinario.

La película no intenta ser un «thriller» de terror convencional; es, en esencia, una apologética invertida. El guion utiliza al demonio como un vehículo para exponer una visión del mundo muy específica sobre temas morales contemporáneos.

martes, 24 de marzo de 2026

El Relato vence hasta en la Música: La Mediocridad de Lennon frente al Genio de McCartney

En la historia de la música moderna, la verdad ha sido secuestrada por el relato (también). Nos han vendido una narrativa: «John Lennon el mártir intelectual y profeta de la vanguardia».

Los siguientes datos son demoledores. Mientras McCartney dictaba las reglas de la nueva década con una disciplina de hierro y una creatividad volcánica, Lennon vivía del crédito acumulado en los años 60.

Paul no solo vendía más; Paul proponía más. Cada LP de Wings era un avance en la ingeniería de sonido y en la narrativa del pop. Lennon, en solitario, fue un artista de singles y de "discurso" personal.

El relato se destruye con la frialdad de los datos. Si analizamos la realidad musical, la vanguardia londinense de la época y, sobre todo, la producción discográfica post-1970, la conclusión es demoledora: 

«Paul McCartney era el puntal absoluto de la cultura moderna, mientras que Lennon, fuera de la órbita de Paul, entregó una discografía errática, mediocre y sostenida únicamente por su propio personaje».


1. La Grandiosidad de la Era McCartney-Wings

Mientras el mundo se distraía con las proclamas de Lennon, Paul McCartney estaba ocupado redefiniendo el rock de estadios y la sofisticación del estudio. La etapa inicial de su carrera en solitario y con Wings no es solo "buena", es una exhibición de poderío musical que deja a Lennon en la prehistoria.

  • 'Ram' (1971): La invención del Indie. Antes de que existiera el concepto de "pop alternativo", Paul ya lo había inventado en su granja. Ram es un despliegue de capas sonoras, armonías imposibles y una producción que hoy es el manual de instrucciones de toda la música moderna.

  • 'Band on the Run' (1973): La obra maestra técnica. Mientras Lennon se hundía en producciones descuidadas, McCartney viajaba a Lagos para parir un álbum conceptualmente perfecto. La complejidad de sus arreglos y su capacidad multi-instrumentista demostraron que Paul era, en sí mismo, una orquesta de vanguardia.

  • 'Venus and Mars' y 'Wings at the Speed of Sound': Paul no solo escribía canciones; construía imperios sonoros. Su capacidad para dominar el sintetizador, el bajo melódico y la estructura sinfónica del rock dejó a sus contemporáneos en la cuneta.



1.1. El Espejismo de Lennon: Una Discografía Mediocre

Si quitamos el aura de leyenda póstuma, la discografía de Lennon en solitario es, en su gran mayoría, prescindible.

Tras el impacto visceral de su primer disco confesional, John se perdió en el panfleto político barato y en una alarmante falta de dirección musical. Mientras Paul innovaba, John se limitaba a reciclar estructuras de rock & roll básico de los años 50, envueltas en una producción plana y, a menudo, aburrida. 

Álbumes como Some Time in New York City o Mind Games son el testimonio de un artista que, sin el rigor y la competencia de Paul, carecía de brújula creativa. Lennon se convirtió en un icono por lo que decía, pero como músico, estaba a años luz de la relevancia de su ex-socio.


1.2. El Alma de los Beatles y el Motor de la Vanguardia

El relato oficial otorga a Lennon el título de "experimental" por su unión con Yoko Ono. Es una mentira técnica. El verdadero puente entre el underground londinense y el pop masivo fue McCartney.

  • El Arquitecto del Sonido: Mientras John vivía un retiro burgués, Paul frecuentaba la Indica Gallery, experimentaba con música electrónica y traía los tape loops a Abbey Road. Sin la curiosidad intelectual de Paul, los Beatles habrían muerto como una banda de rock convencional.

  • Influencia en los Gigantes: Pete Townshend de The Who o los jóvenes Pink Floyd no miraban a Lennon para aprender composición; miraban a McCartney. Su ambición narrativa y su perfeccionismo melódico fueron el estándar que obligó a toda la escena de Londres a evolucionar hacia la modernidad.


1.3. Conclusión: El Puntal frente a la Sombra

El "relato" de Lennon es lo que cuenta para los biógrafos, pero la música es lo que cuenta para la historia. John Lennon se convirtió en un póster, en un símbolo de una era, pero como creador sonoro fue una sombra errática.

Paul McCartney fue el verdadero genio. Fue el hombre que sacó al rock de las cavernas y lo llevó a la sofisticación técnica. Mientras el mundo sigue comprando el mito del mártir rebelde, la música moderna sigue respirando gracias a los cimientos que Paul construyó. En el ámbito cultural moderno, McCartney era el puntal; Lennon estaba, sencillamente, en otra galaxia inferior.



Los Diez Mandamientos (1923) de Cecil B. DeMille

Título original : «The Ten Commandments» Guion : Jeanie MacPherson (basado en una idea surgida de un concurso público convocado por el propi...