viernes, 3 de enero de 2014
Pilotos en la guerra de África
Tengo que decir que nunca pude acostumbrarme a estar tranquilo volando sobre campo enemigo: desde que perdía de vista nuestras líneas, hasta que volvía a entrar en ellas, tenía todo el tiempo miedo y pasaba un rato muy malo. Yo no sentía remordmientos por las víctimas que podían hacer mis bombas; al contrario, procuraba hacer el mayor daño posible, convencido de que esta era mi obligación militar y mi deber de patriota. Pero al mismo tiempo encontraba lógico y daba por descontado que, si por na avería del motor o por un tiro caía en poder de los moros, estos cometerían conmigo las mayores brutalidades; mi constante preocupación era que no me cogiensen vivo, pues daba como seguro que, antes de terminar conmigo, me someterían a toda clase de vejaciones y torturas. Nunca deje de llevar la pistola cargada y jamas dudé que haría uso de ella en caso necesario.
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